Historia real de la asesina de niños más prolífica de la historia, protegida por una extraña ley

Alguna vez habrás escuchado, y hasta dicho, que la realidad supera a la ficción. Y cuando de ello se trata, ni al horror le podemos escapar.

Eso pensaría el barquero que vio un pequeño paquete flotando cuando navegaba en el río Támesis en Inglaterra. Al abrirlo, encontró el torso de una bebé recién nacida en la mañana del 30 de abril de 1896, reseñó Daily News.

Para ese entonces, no era muy extraño encontrar cuerpos de bebés flotando en el río. Había cientos cada año. Sin embargo, este fue particular. Llevó la pista a la policía para poder dar con el paradero del homicida.

Amelia Dyer, asesina de bebés | Foto: Wikipedia

Amelia Dyer, asesina de bebés | Foto: Wikipedia

Generalmente, se encontraban niños muertos en las aguas del río por distintas causas como violencia o abortos, pero no se podía determinar cómo había ocurrido.

En este caso, el cuerpo dejaba ver que la bebé tendría menos de un año. Sus ojos casi salían y tenía una cinta apretando su cuello. No cabía la menor duda, la habían asesinado.

A la homicida se le pasó por alto un detalle. La envoltura tenía escrito su nombre y dirección. La Sra. Thomas, habitante de la casa 26 en Piggotts Road, decía. Ella tenía 30 años matando bebés.

Asesina Amelia Dyer | Foto: Wikimedia

Asesina Amelia Dyer | Foto: Wikimedia

Amelia Dyer era su verdadero nombre, conocida como "Angels maker" (“fabricante de ángeles”). Ella, que era enfermera, comenzó a cobrar por hacerse cargo de bebés cuyas madres no podían mantener. Progenitoras que no preguntaban.

Las madres, que en muchas ocasiones eran viudas, solteras o casadas que públicamente no podían admitir un embarazo fuera de matrimonio, le entregaban sus hijos a ella sin conocer el futuro que les depararía.

La adopción parecía una opción razonable, o al menos era lo que esas mujeres creían. Los avisos promocionaban: “Mujer casada desea criar un niño y estaría dispuesta a adoptar”.

Cientos fueron víctimas de la estranguladora | Foto: Public Domain

Cientos fueron víctimas de la estranguladora | Foto: Public Domain

Pero no siempre fue así. Muchas mujeres se dedicaban a llevarse los bebés “no deseados”. Sin embargo, el destino que corrían con Dyer era trágico, terrorífico e insospechado.

EL ENGAÑO DE MUCHOS

Para ese entonces, la ley no obligaba a los hombres a proveer la manutención de los hijos engendrados fuera de sus matrimonios. Por lo tanto, muchas mujeres tenían imposibilidad de darles sustento.

Muchas confiaron en sus habilidades de partera, pues Dyer podía hacer creer a todos que el bebé había muerto en el parto. A otros niños, se los llevaba y los hacía morir de hambre al no alimentarlos.

Río Támesis de Londres, donde apareció el torso de una niña asesinada. | Foto: Wikimedia

Río Támesis de Londres, donde apareció el torso de una niña asesinada. | Foto: Wikimedia

Era tanto el horror de sus acciones, que mucho se ha especulado que ella y Jack “El Destripador” era lo mismo. Después de todo, su crueldad tuvo en zozobra a la sociedad inglesa en la misma época. La era victoriana.

Para 1896, la partera criminal había tenido una hija propia. Se había mudado en múltiples ocasiones y tenía un yerno que seguía sus pasos.

Finalmente, cuando ella y su yerno fueron detenidos, lograron conseguir evidencia que los llevaron a más cadáveres y a identificar quiénes habían sido las madres.

Escandalizada, Evelina Marmon dijo:

“No puedo creer que a esa horrible mujer le entregué mi Doris”, al comprobar que su bebé había sido asesinada, no adoptada y enrollada en una alfombra.

Evelina le había dado a su bebé porque no podía cuidar de ella y justo cuando publicó un aviso buscando padres sustitutos, halló el de la criminal anunciando que pareja casada buscaba adoptar.

Esto, luego de que Amelia le escribiera en una carta: "Debería estar contenta de encontrarnos. Somos personas sencillas, hogareñas, buenas. Mi esposo y yo queremos mucho a los niños. No tengo un hijo, y conmigo su niña tendrá amor de madre".

Amelia Dyer y niños | Foto: Getty Images

Amelia Dyer y niños | Foto: Getty Images

UNA LEY PERVERSA

El 22 de abril del mismo año, la asesina fue a juicio. Sus abogados intentaron favorecerla con las adicciones a drogas que ella tenía, para declarar que no estaba sana mentalmente.

Antes lo habían intentado. Después que ella estuvo seis meses detenida “por negligencia”, alegaron que maltrataba a los niños por delirios y fue puesta en libertad. Luego comenzó a asesinar.

A Amalia la favorecía una perversa decisión de la Inglaterra victoriana: la Ley de Enmienda de la Ley de Pobres, que liberó de toda obligación de pago y sostén a los padres de hijos ilegítimos.

Esto hizo que las madres solteras sufrieran doble asfixia: el estigma social y el brutal trabajo en las fábricas –de hasta catorce horas diarias– para apenas mantener a sus hijos.

La ley ofreció un terreno fértil para los oportunistas, que empezaron a ofrecerse como "agentes de adopción o de crianza" a cambio de pago en cuotas o total y adelantado con tarifa única. La más alta, 80 libras. La media, 50. Y para las mujeres desesperadas y en la miseria, 5…

Ese atroz sistema generó atroces métodos. Los bebés pasaban hambre, y los más llorosos eran sedados con una mezcla de alcohol y opiáceos llamado "Cordial de Godfrey". Muchos murieron por narcotismo o desnutrición severa. Y en ese espeluznante cuadro, Amelia Dyer –para entonces madre de Mary y William–, se separó de su marido y eligió el crimen masivo, serial, como modo de vida y fortuna.

Pero a pesar de los alegatos de los abogados, la corte concluyó que estaba muy cuerda y la enviaron a prisión con una condena a pena máxima. El 10 de junio fue ejecutada (estrangulada), después de haber quitado la vida a unos 400 bebés en 30 años.

Escena del crimen | Foto: Pixabay

Escena del crimen | Foto: Pixabay

CRIMEN ATROZ SE RESOLVIÓ AÑOS DESPUÉS

Los homicidios y ataques contra niños dejan una sensación amarga en todos. Es un atentado contra la inocencia que la sociedad no logra comprender, ni mucho menos perdonar.

Precisamente por eso, comentó Paul Watson, de la policía de Humberside, “hay pocas cosas más importantes que buscar infatigablemente al asesino de un niño". El caso, dijo, fue muy complejo de resolver.

Hablaba del crimen de Christopher Laverack, un niño de 9 años hallado muerto en 1984, después de estar en casa de su hermana trabajando como niñero en Beverley Beck, Inglaterra. 28 años después se confirmó que lo asesinó su tío.

Conoce aquí toda la evidencia hallada y cómo dieron con el homicida, que falleció en 2008.

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