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24 de septiembre de 2021

Hombre arregla el teléfono de su abuela y encuentra una foto inesperada - Historia del día

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Un hombre se topó con la foto de un extraño en el teléfono de su abuela después de que él se ofreció a ayudarla a arreglarlo. Lo que descubrió tras interrogarla sobre la imagen sacudió su mundo.

Juan estaba perdiendo la cabeza. Su abuela Clara no respondía a sus llamadas y no podía dejar de sentirse preocupado. Eso lo estaba volviendo loco.

Sabía que ella siempre tenía su móvil a mano después del infarto que había sufrido un mes antes. Sobre todo, porque él le había advertido que siempre mantuviera su celular cerca. A menudo la llamaba para saber cómo estaba.

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A Clara, quien tenía un increíble entusiasmo por la vida, no le importaba la atención extra y el cariño de Juan. Él solía ponerse muy ansioso cada vez que no podía localizar a su abuela y eso ella lo comprendía.

Después de treinta minutos de intentarlo, Juan decidió ir a su casa para ver cómo estaba. "Solo estoy siendo paranoico, no pasa nada", se dijo mientras recorría la corta distancia entre su casa y la de su abuela.

Cuando llegó, no se molestó en tocar; abrió la puerta y corrió por la casa buscándola. La encontró cuidando sus hortensias en su pequeño jardín. Viva y sana.

El nieto de Clara suspiró aliviado. Luego procedió a regañarla afectuosamente por no contestar su teléfono. "Me tenías preocupado", dijo Juan.

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"Oh, lo siento querido", respondió alegremente. "Me dejé llevar por pasar tiempo con mis plantas, pero incluso si no me hubiera absorto tanto, no habría podido atender tu llamada".

"¿Por qué?", pregunté.

"Derramé un poco de té caliente en mi teléfono y dejó de funcionar", dijo Clara un poco avergonzada.

"Está bien abuela, te lo arreglaré. Me alegro de que estés bien", manifestó con amor Juan.

Habló un rato más con ella antes de llevarse su teléfono y marcharse. Cuando llegó a su vecindario, lo dejó en la tienda para que lo arreglaran y luego se fue a casa.

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Al día siguiente, recuperó el teléfono en perfecto estado de funcionamiento. Decidió intentar ejecutar algunas funciones para ver si la reparación había quedado bien hecha. Sin embargo, ese pensamiento se descarriló cuando se encontró con el protector de pantalla de su abuela.

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Era una foto de un extraño posando con sus brazos alrededor de ella. La imagen era una toma digital de una foto antigua, y su abuela estaba más joven y lucía enamorada. Sintió mucha curiosidad por el hombre e hizo una nota mental para preguntar por él cuando devolviera el teléfono.

"¿Quién es el extraño hombre con el que estabas posando en esta foto, abuela?", le preguntó Juan al entregarle el móvil a Clara.

"Oh, cariño, ese es tu abuelo", dijo la anciana.

"Pero siempre has dicho que no había fotos de él y que murió antes de que yo naciera", respondió Juan algo confundido.

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"En este punto, no tengo ni idea de si está vivo o no", le dijo Clara a su nieto con tristeza. Su tono tocó su corazón. No pudo evitar pedirle que le contara sobre su relación con el extraño.

"Nunca me casé porque mi corazón siempre perteneció a otro", comenzó Clara.

Ella le dijo que el hombre de la foto era Jonathan, un vendedor que se mudó a Santa Cruz, su ciudad, cuando era joven. Se enamoraron y cada vez que se encontraban él recogía hortensias para regalárselas.

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Un día, lo llamaron para el servicio militar. Prometió regresar, pero nunca lo hizo. Simplemente desapareció. Clara descubrió que estaba embarazada de su bebé mientras esperaba que volviera. Un mes se convirtieron en dos y dos en seis, pero, aun así, esperó.

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Justo después de que tuvo a su bebé, un fuerte huracán devastó la ciudad, dejando mucha destrucción y muerte a su paso. La casa de Clara no se salvó, y con la mayor parte de la ciudad en el mismo estado, tuvo que mudarse.

La abuela de Juan era una mujer muy atractiva que seguía llamando la atención de los hombres a pesar de que ya era madre. Sin embargo, ella no les prestó atención a sus pretendientes porque ya estaba enamorada de uno: Jonathan.

Entonces, en memoria de sus días con él, ella plantaba hortensias y usaba una nueva en su cabello todos los días. Juan estaba casi llorando cuando Clara terminó, pero dio una mirada al cielo, se recuperó y siguió con su rutina.

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Se estaba poniendo oscuro y tormentoso; necesitaba irse porque odiaba conducir bajo una lluvia intensa. Así que después de un rápido adiós a Clara, se fue en su auto.

Preocupado por el mal tiempo, no prestó atención al tráfico. De pronto un automóvil se cruzó repentinamente en su camino y frenó bruscamente. Esto hizo que el conductor de atrás redujera la velocidad de forma sorpresiva.

El auto que se le atravesó a Juan se zafó del caos que ocasionó. El nieto de Clara se tuvo que quedar en el lugar para lidiar con el conductor que debía estar enojado por haber chocado contra él por detrás.

"Lo siento mucho señor", dijo Juan.

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"Está bien. Sé que no fue tu culpa, solo vine a inspeccionar los daños", respondió el hombre de aspecto amable.

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A primera vista, Juan pensó que el hombre le resultaba familiar, pero se distrajo con los daños en el vehículo del hombre. Mientras lo inspeccionaba, vio hortensias en el asiento trasero y de repente recordó la triste historia de amor que le contó su abuela.

"Bueno, entonces me iré", dijo el hombre mayor con una sonrisa.

Pero cuando Juan volvió a concentrarse en el rostro del hombre, de repente recordó la vieja foto en el teléfono de su abuela. Se dio cuenta del parecido entre el extraño conductor y el amante de Clara.

"¿Jonathan?", soltó casi inconscientemente. Esperaba que el hombre negara el nombre. Pero no lo hizo.

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"¿Cómo sabes mi nombre?", preguntó el hombre. "¿Nos conocemos?".

"Te aseguro que no", le dijo Juan frunciendo el ceño. "Pero ahora que estamos aquí, creo que estábamos destinados a encontrarnos".

"¡Perdóname!", exclamó Jonathan. "¿Estás diciendo que eres un psíquico o algo así?".

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"No. Solo soy el nieto de la mujer con la que prometiste casarte".

Allí mismo, al costado de la carretera, con una tormenta que se avecinaba, Juan acusó a Jonathan de haber abandonado a su abuela. Clara se había quedado suspirando por él toda su vida y triste por nunca casarse.  Juan estaba furioso, pero luego Jonathan habló.

El hombre reveló que nunca había dejado de amar a Clara. Aparentemente, lo habían llamado al servicio militar y lo habían llevado a la guerra. Y cuando había regresado a su pueblo, ella ya no estaba allí. Le perdió el rastro después del huracán cuando se mudó.

Resultó que Jonathan tampoco se casó porque Clara había sido la única mujer a la que había amado. En su memoria, él siempre compraba hortensias, pero no había nadie a quien dárselas, así que siempre las admiraba.

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Habiendo escuchado la historia de Jonathan, el ceño de Juan se convirtió en una sonrisa. "¡Vive en este vecindario!", gritó.

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En lugar de regresar a casa ese día, Juan llevó a Jonathan a la casa de Clara. En el momento en que ella lo vio supo que era él y gritó.

Se abrazaron y lloraron. Prometieron pasar el resto de sus vidas juntos. La semana siguiente, los dos se casaron. ¿Por qué? Porque nunca es tarde para el amor.

¿Qué aprendimos de esta historia?

Todo sucede por una razón: El pequeño accidente de Juan en la carretera ocurrió por una razón, a pesar de que hizo mella en su propiedad. Fue un escenario negativo, pero el descubrimiento que provocó fue positivo. La lección es que todo, bueno o malo, sucede por una razón.

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La lealtad es importante: Clara y Jonathan solo pudieron pasar unos años juntos antes de que el destino los separara. Nunca tuvieron la oportunidad de casarse, pero se mantuvieron leales el uno al otro durante décadas al abstenerse de casarse con otra persona.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos a ser mejores.

Esta es una obra de ficción. Nombres, personajes, negocios, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o hechos reales es pura coincidencia.

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