Hombre nota que todos los meses alguien deja fotos de su madre en su tumba - Historia del día

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Un joven que está de luto por su madre recientemente fallecida comienza a encontrar fotos de ella cuando era joven en su tumba.

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Wilson Fernández extrañaba a su mamá. Un año después del fallecimiento de su madre, todavía se despertaba en medio de la noche con la cara empapada de lágrimas.

Había momentos del día en los que sentía un enorme vacío desgarrando su corazón, y recordaba que Rebeca se había ido.

Lápida en un cementario con pasto verde. | Foto: Shutterstock

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“Estoy solo”, se susurraba Wilson, “No queda nadie. Ay, mamá, ¿cómo pudiste dejarme?”. Una terrible rabia hervía en su corazón. Su madre lo había abandonado, lo había dejado solo en el mundo y sentía como si el dolor lo estuviera matando.

Rebeca Fernández había sido una mujer alegre, encantadora y amorosa, viuda y madre soltera. Le habían diagnosticado cáncer de ovario cuando Wilson tenía trece años. En aquel entonces, se sentó con él y le dijo a qué se enfrentarían.

“Eres un chico fuerte, como tu papá”, había dicho Rebeca. “Te prometo que voy a luchar contra esto lo más fuerte que pueda, y quiero que me prometas que serás valiente si ocurre lo peor”.

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Por supuesto, Wilson se lo había prometido. Había sido fácil hacer una promesa con su madre sonriendo. La promesa comenzó a pesarle cuando Rebeca comenzó a adelgazar y a perder el pelo, pero ella nunca había perdido su sonrisa.

Un día su sonrisa también desapareció y Wilson se quedó solo, pero antes de que ella muriera le había pedido a su hijo que investigara la muerte de su padre.

“Sé que se falleció, pero mi corazón no quiere creerlo, así que prométeme que descubrirás cómo murió”, le había solicitado su madre.

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Una mujer cargando a un niño en brazos con el mar de fondo. | Foto: Unsplash

Fue así como Wilson le había hecho otra promesa, y dos semanas más tarde estaba junto a su tumba, viendo cómo bajaban su ataúd al suelo. “Ay, mamá”, susurró, “te necesito mucho”.

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El joven luego cumplió una de sus promesas: empezó a buscar a su papá. Jorge Fernández había sido militar. Rebeca y él llevaban casados ​​solo seis meses cuando el hombre se vio obligado a viajar por asuntos militares.

Dos meses después, le dijeron que había muerto cumpliendo su deber. Casi al mismo tiempo, la mujer había recibido otra noticia: estaba embarazada. Jorge nunca supo que tendría un hijo, pero su esposa había mantenido su recuerdo vivo para Wilson.

Ahora sin madre ni padre, el joven se centró en sus estudios y en descubrir todo lo que pudiera sobre la muerte de su padre. Todas las semanas visitaba la tumba de Rebeca y, de vez en cuando, alguien dejaba una foto allí.

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La primera había sido una imagen de su madre cuando era muy joven. Luego, un mes después, otra foto, esta vez de Rebeca en la universidad. Wilson tomó las instantáneas.

Se preguntaba quién estaba rindiendo este extraño homenaje a su madre, quién le estaba dejando las fotos de su joven y bella mamá. Luego, seis meses después, el joven visitó la tumba una vez más.

Una mujer recostada en una cama de hospital. | Foto: Unsplash

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Esta vez había obtenido noticias sobre su padre. Wilson había descubierto que todos los hombres que habían trabajado con su padre habían muerto en una práctica aérea y todos sus cuerpos habían sido recuperados, menos el de Jorge.

“Mamá, todo lo que sé es que la última vez que lo vieron fue el 24 de septiembre de 1999. Él y sus compañeros estaban en un avión militar, pero algo salió mal. Sus amigos, todos murieron...”.

Una voz susurró a sus espaldas: “Sí, algo salió muy mal. Todos estábamos intentando saltar con paracaídas cuando descubrimos la falla, pero la repentina explosión nos envolvió. Milagrosamente yo sobreviví, pero no sin sufrir terribles heridas”.

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La voz pertenecía a un hombre alto y delgado con su rostro y cuellos desfigurados de un lado. El hombre sollozó. “Todos mis compañeros murieron y no pude hacer nada para evitarlo... No pude volver a casa contigo, Rebeca...”.

Wilson extendió la mano y tocó al hombre en el hombro. “Papá”, dijo, “ella siempre creyó que volverías”.

“¡Pero no pude, no pude!”, el hombre gritó. “Había perdido la memoria. Estuve en un lugar remoto en las montañas durante años. Entonces un día vinieron todos mis recuerdos”.

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Persona tomando la mano de otra persona. | Foto: Unplash

“No sabía cuánto tiempo había estado allí. Tuve que caminar mucho hasta llegar a un pueblo. Luego viajé a la ciudad más cercana”.

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“Tuve que hacer muchos trámites para sacar nuevamente mis documentos, pues todas mis cosas habían quedado en el avión y se habían perdido con la explosión. Apenas pude obtener mis documentos compré un pasaje y vine aquí”.

“¿Padre?”, susurró Wilson. “¿De verdad eres tú?”.

“No sabía”, Jorge tenía lágrimas corriendo por su rostro. “No sabía sobre ti. Le había prometido que regresaría. Tras su muerte, le prometí que traería fotos, y así he estado haciendo”.

El joven tomó a su padre del brazo y se arrodilló junto a la tumba de su madre: “Mamá, cumplí mi promesa, después de todo, papá está aquí. Cumplimos nuestras promesas”.

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A pesar de su dolor, Wilson y su padre encontraron una manera de ser fuertes para Rebeca y mantener su memoria brillante, tan brillante como era ella.

Padre e hijo posando para una foto. | Foto: Unsplash

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Nunca pierdas la esperanza, los milagros ocurren. Jorge logró regresar a casa tras recuperar su memoria y descubrió que había tenido un hijo con su fallecida amada.

Escucha a tu corazón, sabe más que tú. A Rebeca le habían dicho que Jorge había muerto en un accidente aéreo y que su cuerpo no había aparecido, pero en su corazón, ella sentía que él estaba vivo, y tenía razón.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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