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Anciano salva a niño del bullying: al día siguiente ve a los padres del chico en su jardín - Historia del día

Mayra Pérez
20 jun 2022
14:00
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Un anciano va camino a su casa cuando ve a un niño siendo molestado por sus compañeros de clase. Decide ayudarlo, y encuentra a los padres del pequeño en su jardín al día siguiente.

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Jaime Herrera era un ejecutivo corporativo jubilado que decidió dedicarse a un pasatiempo después de la muerte de su esposa. Sus hijos vivían lejos, por lo que necesitaba algo que lo mantuviera ocupado.

Después de probar un par de actividades diferentes, decidió dedicarse a la jardinería. Tenía un gran jardín y quería llenarlo con coloridos arbustos de flores, hierbas y cultivos.

Un anciano en un jardín. | Foto: Pexels

Un anciano en un jardín. | Foto: Pexels

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Invirtió mucho en su jardín, comprando las mejores semillas, fertilizantes y equipos de mantenimiento. Incluso cambió su viejo sedán por una camioneta para transportar fácilmente los suministros desde la tienda.

Sin embargo, no importaba cuánto lo intentara, simplemente no era bueno en la jardinería. Después de años, todavía tenía dificultades para cuidar sus plantas adecuadamente, y perdía la mayoría de sus cultivos.

Un día, Jaime condujo hasta la tienda de comestibles para comprar más suministros. Bajó la ventanilla mientras escuchaba melodías de la década de 1980 en la radio.

Al pasar por la escuela primaria del vecindario, notó que algunos niños presionaban a un pequeño contra la pared. “¡Eres un perdedor, Bruno!”, le gritaban los chicos.

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El niño estaba al borde de las lágrimas, rogando a sus compañeros que lo dejaran en paz. La situación no le sentó bien a Jaime, así que estacionó el auto al costado de la carretera y se acercó al grupo.

“¡Oigan!”, gritó. “¿Por qué están atormentando a este joven? ¿Quieren que llame a sus maestros y a sus padres? ¡Déjenlo en paz!”.

Un anciano siembra algunas plantas. | Foto: Pexels

Un anciano siembra algunas plantas. | Foto: Pexels

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Los compañeros de clase del niño se sobresaltaron por las amenazas y huyeron. Jaime revisó al pobre chico, que parecía asustado y derrotado cuando se fueron.

“¿Estás bien, hijo?”, preguntó. El chico asintió y agradeció a Jaime por intervenir.

Después de mirarlo bien, Jaime se dio cuenta de que era su vecino. “Vives frente a mí, ¿verdad? ¿Eres Bruno?”, le preguntó al niño.

Bruno asintió. “Sí, señor Herrera. Soy Bruno y vivo frente a usted. Muchas gracias por salvarme”.

Jaime se ofreció a llevarlo a casa después de una breve parada en el supermercado. El niño estaba agradecido; tenía miedo de que sus compañeros de clase lo atacaran en las calles nuevamente.

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Mientras estaba en el supermercado, Bruno descubrió el amor de Jaime por la jardinería. Hablaron de sus cultivos y de cómo pasar el tiempo en su jardín hacía feliz al anciano.

De camino a casa, Jaime decidió preguntarle a Bruno sobre sus compañeros de clase. “¿Siempre te hacen pasar un mal rato?”, le preguntó al chico.

Varios niños se burlan de otro niño. | Foto: Pexels

Varios niños se burlan de otro niño. | Foto: Pexels

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“Sí. No sé por qué no les agrado. Creo que es porque no me gustan las mismas cosas que a ellos. Por eso siguen llamándome perdedor”, suspiró.

“No te tienen que gustar las mismas cosas que a los demás mientras seas un buen chico. Recuerda eso, ¿de acuerdo? Y no tengas miedo de defenderte. Puedo enseñarte algunos trucos de defensa personal durante tu tiempo libre si quieres. Solo ven cuando puedas”, ofreció Jaime.

Bruno sonrió. “Gracias, señor Herrera. Vendré a visitarlo a menudo”, respondió.

Al día siguiente, Jaime estaba caminando hacia su jardín cuando vio a los padres de Bruno, Mila y Sebastián, allí, con las manos sucias, como si hubieran estado trabajando en la tierra.

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También se sorprendió al ver que su jardín se veía limpio y bien mantenido, con todas las malas hierbas y plantas muertas cortadas. Todo parecía fresco, lo que lo convertía en un entorno adecuado para que las flores y los cultivos florecieran de forma saludable.

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“¡Qué espectáculo! ¡Mi jardín se ve maravilloso! ¡Gracias! ¿Han estado aquí toda la mañana?”, preguntó, acercándose a sus vecinos.

Niño con expresión de tristeza sentado en su pupitre. | Foto: Pexels

Niño con expresión de tristeza sentado en su pupitre. | Foto: Pexels

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Asintieron con una gran sonrisa. “No es gran cosa, vecino. Bruno nos contó lo que hiciste por él ayer. Queríamos agradecerte tu amabilidad y nos dimos cuenta de que esta era probablemente la mejor manera de mostrar cuánto apreciamos lo que hiciste”, dijo Mila.

Jaime estaba encantado y no pudo evitar admirar su jardín. “¡Esto es genial! ¡Muchas gracias! Lo de ayer, no fue gran cosa. Tienen un buen hijo. Puedo ver que lo están criando bien”, les dijo.

Desayunaron todos juntos ese día y se conocieron más. Sebastián se ofreció a ayudar a Jaime a mantener su jardín y enseñarle algunos trucos de jardinería.

A partir de ese día, trabajaron juntos en el jardín mientras Mila preparaba bocadillos para que disfrutaran todas las tardes. Bruno también vino a ayudarlos y a recibir consejos de defensa personal.

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Bruno adquirió una nueva confianza en sí mismo y ya no toleraba a sus acosadores. Se aseguró de defenderse y hacerles saber cómo se sentía. “Nunca permitiré que me hagan sentir mal otra vez. Déjenme en paz, ya no les tengo miedo”, decía.

Poco a poco, todos comenzaron a respetar a Bruno por no permitir los maltratos y burlas de sus compañeros y su estancia en el colegio se convirtió en tiempo de aprendizaje seguro.

Anciano con muchas plantas para sembrar. | Foto: Pexels

Anciano con muchas plantas para sembrar. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

No renuncies a aquello que te apasiona. Jaime nunca se dio por vencido con la jardinería, a pesar de que no era muy hábil en ello. Sentía que esa actividad le daba alegría, así que siguió aprendiendo y trabajando para mejorar cada día.

Cuando puedas ayudar, hazlo. Jaime podría haber pasado fácilmente por delante de la escuela cuando Bruno estaba siendo atacado, pero no lo hizo. Sabía que lo que estaban haciendo los niños estaba mal, así que decidió actuar.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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