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Hombre ayuda a niña a aprender a andar en bicicleta. | Foto: Shutterstock
Hombre ayuda a niña a aprender a andar en bicicleta. | Foto: Shutterstock

Vi a un pobre enseñando a mi hija a montar en bicicleta, un mes después dejé a mi marido rico por él - Historia del día

Guadalupe Campos
14 sept 2023
19:00

Me encontré con un pobre desconocido que enseñaba a mi hija a montar en bicicleta en el parque. Conocer a aquel hombre me hizo darme cuenta de ciertas cosas sobre mi marido rico, lo que me impulsó a dejarlo y empezar de nuevo.

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Siempre había querido tener hijos, pero aunque mi marido James y yo seguimos intentándolo, descubrimos a través de nuestros médicos que no podíamos concebir de forma natural.

Al principio, James estaba de acuerdo con no tener hijos. Sin embargo, cuando vio cuánto me afectaba emocionalmente, aceptó a regañadientes adoptar un niño conmigo.

Tras un par de visitas a varios orfanatos, conocimos a una niña llamada Maia, de la que me enamoré inmediatamente. La adoptamos cuando solo tenía un año y ahora es una niña encantadora de diez que disfruta de las pequeñas cosas de la vida.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

A lo largo de los años, Maia fue mucho más unida a mí que a James. James siempre había mantenido las distancias y no tenía ningún interés en jugar con mi niña. Aunque intenté hablar con él de ello varias veces, siempre me decía: "Yo soy así".

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Cuando Maia tenía siete años, descubrió a través de James que era adoptada. Él se enfadó después de que ella tirara al suelo algunas de sus figuras de acción coleccionables favoritas y le soltó que era adoptada.

Maia se echó a llorar e inmediatamente me preguntó si lo que había dicho su padre era cierto. "Sí, Maia. Pero eso no cambia nada", le dije. "Eres un ángel enviado del cielo. Eres mi hija y te quiero mucho".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Al principio, Maia no sabía qué hacer. Sin embargo, poco a poco fue aceptando la verdad y decía que me quería mucho.

Mientras tanto, Maia mantenía una distancia prudencial con James desde entonces. Él siempre había sido frío con ella, pero empezó a expresar su enfado y consternación aún más desde aquel incidente.

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"Mamá, ¿papá no quería adoptarme?", me preguntó un día Maia. Su pregunta me rompió el corazón porque ella siempre había anhelado el amor de un padre.

"Sí quiso, cariño", le aseguré. "Siento que papá no esté siempre presente. Es que está muy ocupado con el trabajo; por eso siempre está estresado". Pero la verdad era que James no quería ser padre, y me di cuenta demasiado tarde.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Al cabo de un par de meses, me di cuenta de que Maia volvía a casa más contenta y más tarde de lo habitual después de una tarde en el parque con los amigos. No le di importancia y pensé que estaba empezando a hacer más amigos en el barrio.

Como soy una madre curiosa, quise averiguar qué hacía feliz a Maia. Un día decidí seguirla a la salida del colegio y la vi jugando con un desconocido.

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El hombre con el que jugaba parecía pobre, pero también parecía muy sincero jugando con ella. Vi al hombre enseñar a Maia a montar en su nueva bicicleta como si fuera su padre.

Aunque era un espectáculo dulce, enseguida me di cuenta de que aquel hombre podía ser un predador que se aprovechaba de Maia. Corrí hacia ellos, gritando: "¡Maia! ¿Quién es este hombre?"

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Maia se sorprendió al verme en el parque, y el hombre también. Sin embargo, al ver mi miedo, el hombre dio un paso atrás e inmediatamente se disculpó.

"Lo siento", respondió rápidamente. "No pretendía causar problemas, de verdad".

"¿Quién es usted?", repetí.

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El hombre miró de mala gana a Maia y le preguntó si podía hablar conmigo en privado. "¿Podemos hablar de adulto a adulto?", preguntó.

Tenía curiosidad por oír lo que tenía que decir, así que acepté. Caminamos hacia la cafetería del barrio, donde le pedí a Maia que se quedara en una mesa frente a la que nos sentábamos el hombre y yo.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

"¿Qué es lo que tienes que decir?". le pregunté.

"Me llamo Michael Moore", se presentó el hombre. "Cuando tenía poco más de veinte años, me casé con una mujer llamada Linda. Luego descubrí que me engañaba, así que pedí el divorcio e intenté conseguir la custodia de mi hija Maia".

Me estremecí cuando dijo eso. Pero guardé silencio y le permití continuar.

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"Sin embargo, me denegaron la petición porque no tenía dinero. Trabajé duro para conseguir su custodia, pero ya era demasiado tarde. Linda la había dado en adopción. Me quedé destrozado", admitió Michael.

También reveló que no tenía mucho porque había gastado todo su dinero en un investigador privado. "Quería ver crecer a mi hija, aunque fuera desde lejos", admitió. "El investigador privado pudo saber de ti y, desde entonces, no pierdo de vista a Maia".

No pude evitar sentirme mal por Michael porque notaba su sinceridad. Todo lo que quería era estar en la vida de su hija.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Maia también anhelaba una figura paterna en su vida, así que no podía culparla por sentir debilidad por Michael. James nunca le prestó atención a Maia, así que me di cuenta de que tener a Michael en su vida podría ser bueno para ella.

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"Gracias por ser sincero conmigo", le dije a Michael. "Sé que tus intenciones son buenas, pero mi máxima prioridad es asegurarme de que mi hija esté a salvo. ¿Estarías dispuesto a hacer una prueba de ADN?". le pregunté.

Michael accedió al instante y procedió a arrancar algunos mechones de pelo, que envolvió en un pañuelo de papel. Me lo entregó con una condición: "Por favor, no le digas todavía a Maia que soy su padre. Quiero poder explicárselo bien".

En ese momento, no pude evitar comparar lo diferente que era Michael de mi marido. Miré a Maia, que inocentemente comía sola un plato de pasta. ¿Cómo puede alguien no querer a esta dulce niña?

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Me di cuenta de que había estado poniendo excusas a mi egoísta marido todos estos años. Le había dado carta blanca a sus rasgos tóxicos simplemente porque quería mantener la paz en casa, cuando debería haber defendido a Maia y a mí misma desde el principio.

Cuando llegué a casa esa noche, decidí enfrentarme a James. "Maia no cumple años para atrás. Quiere tener a su padre en su vida", le dije.

"No es mi hija", murmuró.

"¡¿Cómo puedes decir eso?!", dije levantando la voz. "Es tu hija. Hacerla parte de nuestra familia fue una decisión mutua".

"NO es mi hija. Acepté porque sabía cuánto deseabas tener un hijo. Pero a medida que crecía, me di cuenta de que no podía mirarla como si fuera mía. Simplemente, ¡NO PUEDO!".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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Mi corazón se hundió al oír esto. ¿Me había casado con un monstruo sin corazón? Cerré los ojos y respiré hondo.

"Bueno, si ese es el caso, no creo que este matrimonio deba durar más. Sabiendo que no la aceptas, ¿cómo será la vida para Maia y para mí? Es mejor que nos separemos", le dije, intentando contener las lágrimas.

"De acuerdo, adelante, pide el divorcio. No recibirás ni un céntimo de mí", me amenazó James. "A ver cómo crías a esa chiquilla tú sola. Esperaré a ver cuánto tardas en volver corriendo a mí".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Desde aquella dolorosa conversación, supe que no había vuelta atrás. Estaba decidida a darle a Maia una vida mejor, aunque eso significara tener que hacerlo sola.

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Sin embargo, después de un tiempo no pude negar mi atracción por Michael. Aunque no era rico, era decidido, trabajador y sincero. Quería mucho a Maia y era amable y cariñoso conmigo.

Al final, Michael y yo le dijimos a Maia que él era su padre biológico. Ella estaba encantada y no podía dejar de dar gracias a Dios porque, por una vez en su vida, se sentía querida por sus dos padres.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • El dinero no significa nada sin una familia feliz con la que compartirlo. James creía que su responsabilidad como padre de Maia terminaba con su capacidad de mantenerla. Pero más tarde se dio cuenta de que el dinero no lo es todo, sobre todo sin una familia feliz con la que compartirlo.
  • La familia no siempre significa sangre. Maia no era hija biológica de su madre, pero eso no le impidió colmarla de amor y cuidados. Sabía que querer a alguien no tenía por qué significar necesariamente que fueran parientes consanguíneos, siempre y cuando compartieran una relación genuina y afectuosa.

Comparte esta historia con tus amigos. Puede que les alegre el día y les sirva de inspiración.

Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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