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20 de junio de 2021

Elena Mukhina, la gimnasta que quedó cuadripléjica a los 20 por culpa de la presión deportiva

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Detrás de la belleza y perfección que disfrutamos en las competencias deportivas, en especial en la gimnasia, a veces se tejen historias de horror. Esta es la de Elena Mukhina.

Destacar en cualquier actividad nunca es algo sencillo. Las medallas y los trofeos usualmente premian al trabajo duro y los entrenadores deportivos lo saben muy bien.

Cuando un niño comienza a destacar en algo, es común que sus padres, maestros y profesionales especializados le exijan al máximo. Sin embargo, no siempre se respetan los límites, especialmente si el poder de una nación esta sobre sus hombros.

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SÍMBOLO DE SUPERIORIDAD

Para Elena Mukhina, nacida en Moscú el 1 de junio de 1960, la gimnasia fue en principio un escape a una vida muy difícil. Huérfana de padre y madre desde muy pequeña, fue criada por su abuela. 

A los 12 años, llamó la atención de un cazatalentos que buscaba niñas para participar en competencias internacionales. Pero no fue hasta que comenzó a entrenar con Mikhail Klimenki que en realidad empezó a sobresalir.

El precio para tal avance no era otro que trabajo muy duro y niveles de exigencia casi irracionales. Pero la adolescente jamás cuestionaba el nivel de exigencia. Creció sabiendo cuál era su deber.

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“Nos entrenan para ser las mejores del mundo. Si no logramos ser las mejores entre las mejores, el esfuerzo no vale nada”, dijo Elena, según recoge Clarín.

De la mano de Klimenki, Elena se transformó en una maravillosa gimnasta, capaz de ejecutar los más difíciles movimientos con distinción y elegancia. Cuando Nadia Comaneci arrasó en las Olimpiadas Montreal en 1976, se convirtió en su objetivo a vencer.

A partir de ese momento, el entrenamiento de la joven gimnasta se enfocó únicamente en convertirse en la estrella de las Olimpiadas Moscú 1980. No era una opción que la gimnasta rumana le ganara en su propio país.

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MUCHAS LESIONES

La estrategia de Klimenko no fue solo aumentar los entrenamientos y la complejidad de los mismos. También agregó complejas rutinas masculinas que le dieran la superioridad absoluta sobre Comaneci.

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Pero el pequeño cuerpo de la gimnasta rusa terminó protestando y en 1979 sufrió una fractura de fémur. Se incorporó a los entrenamientos prematuramente, por lo que la fractura se complicó y ameritó una cirugía.

Tampoco en esta oportunidad se le permitió recuperarse apropiadamente. Con uno de sus miembros funcionando a medias, Klimenko la presionó a practicar el “salto Thomas”, que requiere gran elevación para asegurar una buena caída.

Y así fue como a dos semanas para las olimpiadas y con apenas 20 años recién cumplidos, Elena sufrió una mala caída, aterrizando sobre su barbilla. Tuvo fractura de varias vértebras cervicales y parálisis total de su cuerpo.

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“En cuanto al riesgo, una vida humana vale poco en comparación con el prestigio de la nación. Nos han enseñado a creer esto desde la infancia”, admitió Elena, desde la silla de ruedas. 

El 22 de diciembre de 2006, a los 46 años de edad, Elena falleció de complicaciones cardíacas producidas por la parálisis. Dejó una huella en la gimnasia femenina gracias a sus innovadores movimientos.

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