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24 de julio de 2021

Mi esposa echó a mi madre como a un perro callejero, pero luego se arrepintió - Historia del día

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El padre de este hombre acababa de morir y decidió invitar a su mamá a vivir con él. Pero no contaba con lo que haría su mujer.

Francisco contó que “mi esposa echó a mi madre como un perro callejero, pero luego se arrepintió”. Cuando la señora Estela quedó viuda y aceptó la propuesta de su hijo, jamás pensó que su nuera, Karina, fuera tan cruel con ella.

Ella la sacó de la casa a espaldas de su esposo, pero la vida tenía otros planes para ellos.

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PARA SIEMPRE

El matrimonio de los padres de Francisco fue una de esas uniones que duran para toda la vida. Siempre estuvieron juntos. Tenían 42 años de casados hasta que la muerte los separó.

Eso dejó devastada a doña Estela, por eso su hijo se preocupaba mucho por ella. Pensando en su bienestar, el hombre le pidió a su mamá que se fuera a vivir a su casa. Aunque sabía que algo podría salir mal, sentía que era lo correcto.

Luego de instalarse en la residencia de Francisco, Karina comenzó a sentir molestia por la presencia de su suegra. Desde el primer día le preguntó a su marido si su estadía sería para toda la vida.

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Él solo le respondió que su mamá lo necesitaba y si era para siempre, pues así sería. Los días pasaban y las discusiones maritales aumentaban. Karina tenía su forma de atender las tareas del hogar y la intervención de Estela la volvía loca.

La mujer mayor no actuaba de mala fe, solo quería ayudar, pero su nuera no lo veía de esa forma. Un día se ofreció para ayudar en la cocina y Karina le dijo que no le iba a enseñar cómo cuidar su casa.

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“NO ES ASUNTO SUYO”

Las discusiones eran cada vez más frecuentes. El rechazo de la esposa de Francisco hacia su suegra creía sin freno. Un día estaban cenando y Estela expresó que le gustaría vivir lo suficiente para ver a sus nietos crecer.

La mujer de inmediato saltó y le dijo que eso no era asunto suyo. Francisco pensó que las cosas estaban muy mal. Unos días después tuvo que viajar por asuntos de negocios y pensó que en ese tiempo podrían hacerse amigas, pero se equivocó.

Una semana más tarde, cuando Francisco volvió a casa, no encontró a su mamá por ningún lado. Le preguntó a Karina dónde estaba su madre y ella le respondió que había tomado sus cosas y se había ido.

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Según la esposa, su suegra le había dicho que se sentía mejor y que quería volver a vivir sola. Se acercó a una gaveta, sacó un sobre y le comentó a su marido que Estela había comentado algo de instalarse en una isla.

Cuando Francisco leyó la carta que estaba dentro, quedó sorprendido. “¡Cariño, estoy cansado de extrañar a tu papá! ¡No vayas a buscarme, quiero empezar una nueva vida!”, rezaba la misiva.

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ALGO ESTABA MAL

Francisco pensó que algo estaba mal. Lo que leyó no era algo que hubiera escrito su madre. Con indignación le preguntó a Karina qué había pasado y ella le dijo que eso era todo lo que sabía.

Con la convicción de encontrar a su madre, el hombre llamó a los amigos de Estela y ninguno sabía nada de ella. También pensaron que ese plan no parecía algo que hubiera ideado la viuda.

“Recorrí todos los hospitales, pero no estaba en ninguno de ellos. Conducía por la ciudad pensando qué debía hacer a continuación, y mi intuición me dijo que fuera a nuestra antigua casa, donde nuestra familia solía vivir hace muchos años”, comentó Francisco.

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Cuando llegó no podía creer lo que veían sus ojos. Su mamá estaba durmiendo en un banco, usando un periódico como manta. Las cosas no pasaron como dijo su esposa.

Según su progenitora, Karina la invitó a tomar un paseo y a ella le encantó la idea. Cuando llegaron al lugar, sacó a Estela del carro. La echó sin importarle nada. La viuda no tenía dinero y quedó en la calle como un perro abandonado.

SINTIÓ ALIVIO

Cuando Estela vio llegar a su hijo sintió un gran alivio. Lloraron y se abrazaron. Ella no tenía un lugar para vivir, pero sabía que su hijo la encontraría.

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Al regresar a casa, Francisco echó a Karina como ella lo hizo con su mamá. Antes de que se fuera le dijo que nunca se imaginó que se estaba casado con un monstruo.

Sin ningún remordimiento, justo cuando cruzaba la puerta, manifestó que debió haber llevado a Estela al bosque para que nadie pudiera encontrarla.

Francisco reconoce que, aunque Karina ya no está entre ellos, lo que hizo dejó una marca imborrable en su interior. Por mucho tiempo le costó confiar en las mujeres a pesar de que se mostraban como personas amorosas.

“El problema estaba conmigo, no con ellas. Un año después de lo sucedido entre Karina y mi madre, decidí ver a un psiquiatra”, reveló.

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El profesional lo ayudó a sanar sus heridas. Poco después conoció a Lisa y se enamoraron. Aprendió a confiar en ella. La mujer respetaba y quería profundamente a Estela, quien ahora disfruta cuidando a su nieta todo el día. La madre de Francisco hizo realidad su sueño al convertirse en abuela.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Debes aprender en quién confiar: Si el hombre no hubiera invitado a su madre a vivir con ellos, no habría sabido el tipo de persona que era su esposa.

Las buenas personas siempre serán felices: Incluso si lleva tiempo, después de algunos altibajos, la vida les da a las buenas personas lo que se merecen: la felicidad.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría inspirar a otras a compartir las suyas o ayudar a otra persona.

Esta es una obra de ficción. Nombres, personajes, negocios, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o hechos reales es pura coincidencia.

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