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21 de septiembre de 2021

Enfermeros comparten las desgarradoras confesiones de los pacientes en sus últimos días

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Varios enfermeros compartieron los secretos que sus pacientes les confiaron en su lecho de muerte. Algunas historias las hicieron pensar en llamar a la policía.

Para muchas personas es importante sacarse el peso de los secretos más oscuros para partir livianos en el final de la vida. Muchos recurren a la confesión con su párroco de confianza.

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Sin embargo, otros recurren al personal de salud que los acompaña en los momentos finales. Momentos oscuros y desgarradores son moneda corriente en las palabras que escuchan los enfermeros en su trabajo.

Sin dar nombres, por supuesto, un grupo de profesionales de la salud compartió en redes sociales algunas de esas palabras. En tono de confesión o en las garras del delirio, varios pacientes confesaron hechos terribles.

Un enfermero, por ejemplo, compartió la siguiente historia escalofriante:

"Como enfermero en los 90, atendí a una mujer con Alzheimer que pensaba que era su marido. Me preguntaba una y otra vez si estaba seguro de haber enterrado a los niños bajo la iglesia porque no podíamos dejar que nadie encontrara los cuerpos".

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Otra enfermera reveló que atendió en sus últimos días a su propia abuela. Y que ella le confesó un posible asesinato perpetrado años atrás.

"Mi abuela de 87 mencionó al pasar que le disparó a un hombre que trató de robarle el auto. 'No me detuve a ver si lo había matado'", reveló. "Me dejó sin palabras".

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Un paciente reveló que cargaba con la culpa de haber causado accidentalmente la muerte de su hermanita en la infancia. Lo que pudo averiguar quien oyó la historia parece confirmarla:

"Un anciano me confesó que había matado a su hermanita accidentalmente cuando tenía 12, una vez que fui a visitar al abuelo a la residencia de ancianos. Por supuesto, investigué y una niña había sido hallada muerta en los años 40 donde él dijo que había ocurrido. Murió pocos días después".

Otra enfermera atendió a un veterano de la Segunda Guerra Mundial, quien le reveló sus planes macabros del pasado: el racismo era mucho más cruento por entonces.

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"Una vez un veterano de la Segunda Guerra Mundial me contó cómo trató de tirarle una granada a un carrito de bebé en París porque el niño era mestizo. Los padres estaban junto a él. Su sargento lo detuvo", contó. Y reflexionó: "El mal camina entre nosotros".

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Por su parte, la enfermera Jewel Evans contó la historia desgarradora que le reveló un paciente. Él también sufrió las consecuencias del crudo racismo de antaño:

"Un hombre encantador me dijo que mi voz sonaba como la de una chica que le gustaba cuando era adolescente. Sus padres no lo dejaban salir con alguien que no fuera de su raza. Lo hubieran desheredado. Él dice que siempre piensa cómo podría haber sido la vida con ella".

Un enfermero relató en tres tuits la historia de una paciente anciana que le compartió el dolor y sufrimiento que le causó el odio por su género. Afortunadamente, su historia terminó bien.

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"Atendí a una dulce anciana que me contó que su madre la odiaba porque no era un niño. Su madre solía azotarla y tenía cicatrices en las piernas y la espalda", contó

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Y siguió: "Como si eso no fuera suficiente para romperme el corazón, me contó cómo en su noche de bodas tenía miedo de desvestirse porque no quería mostrarle las cicatrices a su marido. Yo ya quería gritar, pero ella me dijo que cuando el esposo las vio, no solo la consoló".

El final de la historia, al menos, es positivo: "Él le dijo a su suegra que si alguna vez siquiera miraba torcid a su esposa nunca volvería a verlos. Nunca volvió a haber conflictos y ella fue feliz con su esposo por años".

Otro amante entristecido confesó sus remordimientos sentimentales a una enfermera. Pese a haber tenido una vida plena, seguía pensando en un viejo amor.

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"Trabajo en una casa de retiro, y un cliente de 89 años me dijo hoy que se arrepiente de no haberse casado con su primer amor. Tiene cuatro hijos jubilados, y la que fue su esposa por muchos años ya falleció. Está por cumplir 90 y todavía guarda ese remordimiento", contó.

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Algunos pacientes pueden ser dulces y agradecidos, pero no todos lo son. Y no todo el mundo tolera los malos comportamientos, como lo reveló esta enfermera.

"Cuando trabajaba en salud le administraba las medicinas a un viejo miembro del KKK. Una vez me llamó con un término insultante. Lo miré a los ojos, y le pregunté si le parecía sensato insultar a la mujer responsable de mantenerlo vivo. No volvimos a tener problemas", narró.

¿Qué piensas de estas historias? ¿Alguna vez te ha tocado ser testigo de las confesiones finales de un desconocido? Comparte tus opiniones e historias con la comunidad de AmoMama en la sección de comentarios.

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