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Esposo humilla a su esposa con discapacidad - Historia del día

Diego Rivera Diaz
22 nov 2021
09:30
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Un esposo criticó e insultó a su mujer por ser discapacitada. Poco tiempo después, el karma hizo lo suyo, y el hombre tuvo que aprender una dura lección.

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Sergio y Manuela eran una pareja felizmente casada, pero esa felicidad solo duró cinco años. Una noche, mientras la pareja conducía a casa tras una fiesta nocturna, Sergio perdió el control del auto y se estrellaron.

Un transeúnte vio el accidente y los llevó al hospital. Sergio salió casi ileso, pero Manuela quedó en silla de ruedas. Los médicos dijeron que nunca volvería a caminar, y que si se esforzaba demasiado, su cuerpo no lo soportaría.

Mujer en silla de ruedas. | Foto: Shutterstock

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Como Manuela pasaba casi todo el día en cama ahora, Sergio comenzó a hacerse cargo de las tareas domésticas. Durante días, se encargó de todas las labores sin chistar.

Sergio iba al trabajo temprano en la mañana, volvía a casa en cuanto salía de la oficina, limpiaba, cocinaba, lavaba ropa si era necesario, y cuidaba de Manuela. Al poco tiempo, comenzó a sentirse insatisfecho.

Ya no quería trabajar, así que planeó renunciar y le dijo a Manuela que tomara un trabajo a distancia. Ella dijo que prefería ayudar con tareas domésticas en vez de trabajar a distancia, porque sería muy tedioso.

Pero Sergio no le hizo caso. Dejó su trabajo de un día para otro sin consultarla. Eran dueños de su casa, pero tenían un préstamo hipotecario a nombre de Manuela, así que ella sintió que no tenía más opción que aceptar el trabajo.

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Pasaron los meses, y Manuela poco a poco logró adaptarse a la nueva rutina. Realizaba su trabajo de forma competente, era elogiada por su jefe, y su sueldo le permitía pagar las cuotas de la hipoteca.

Pero Sergio comenzó a quejarse de otras cosas. Cuando Manuela estaba cansada y no podía levantarse, él se ponía furioso. "¿Sabes qué, Manuela? Creo que deberías empezar a ayudar en la casa", decía.

Ella le explicaba con calma que lamentaba que él tuviera que encargarse de todo en casa, pero que ella ahora tenía un trabajo a tiempo completo. "Como no estás trabajando, al menos puedes ayudar en la casa", señalaba ella.

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Pero Sergio siempre respondía lo mismo. "No creas que puedes decirme qué hacer porque tienes trabajo y yo no. Cuido la casa porque tú eres discapacitada. ¿Entiendes? ¡Ni siquiera puedes CAMINAR!"

Hombre gritando mientras plancha. | Foto: Shutterstock

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Manuela se sintió muy mal por la forma en que Sergio la trató, pero no dijo nada. Pensó que él estaba bajo mucha presión por las labores del hogar. Después de todo, ser amo de casaq era algo nuevo para él.

Pero un día, Sergio hizo algo que le demostró a Manuela que él no estaba cansado del trabajo. En cambio, estaba cansado de ella y su discapacidad. Estaba cansado de cuidarla, y las cosas solo empeoraron a partir de ese punto.

Todo sucedió en el cumpleaños de Sergio. Manuela se encargó de organizar una fiesta sorpresa, e invitó a todos sus familiares y a sus amigos más cercanos.

Envió a Sergio a la tienda de la esquina para preparar la sorpresa. En cuanto volvió, todos saltaron de sus escondites y gritaron al unísono "¡Feliz cumpleaños, Sergio!".

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"¡Ay Dios mío!" dijo Sergio alegremente: "¿Cómo supieron que era mi cumpleaños?", preguntó a sus amigos.

"Bueno, tienes que darle las gracias a Manuela por eso", le dijo Clara, una de sus excompañeras de trabajo. En cuanto oyó el nombre de Manuela, su rostro se tensó.

"¿A Manuela? ¿Y por qué le tendría que dar las gracias a esa inútil discapacitada?", dijo entre dientes. "Es culpa de ella que yo tenga que cuidar la casa".

Por su parte, Manuela estaba feliz de ver a Sergio sonriendo. Claramente, había disfrutado la sorpresa. Ella esperaba que él en cualquier momento se acercara a darle un abrazo y agradecerle por todo. Pero nunca lo hizo.

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Mujer cubre su rostro con su mano. | Foto: Shutterstock

En cambio, Sergio fue directamente a la mesa donde estaba el pastel y llamó a todos menos a Manuela. "Oigan, vamos todos, cortemos el pastel", dijo, mientras se alejaba de ella, dándole la espalda.

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Manuela se sintió fatal, pero de nuevo, no dijo nada. Empujó su silla hasta la mesa, pero Sergio la detuvo. “Manuela, ve y busca algo de beber para todos”, dijo.

"Pero Sergio, entonces me perdería verte soplar las velas y cortar el pastel", dijo Manuela, pero su esposo la cortó. "Bueno, igual no podrás verme desde la silla, ¿no? Digo, todos van a estar alrededor de la mesa y te tapan", dijo.

"Además, si estás ahí en la silla, junto a la mesa, las fotos no saldrán bien, me parece. Entonces, ¿puedes buscar las bebidas y ya, por favor?"

Manuela estaba atónita. No podía creer la forma en que Sergio la estaba tratando. Sintió ganas de gritar en su cara, pero no quería hacer un escándalo frente a tanta gente.

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Se fue a la cocina sin decir una palabra, y levantó una bandeja con una docena de bebidas del mostrador. Estaba muy pesada, pero logró ponerla sobre su regazo.

Fue rodando lentamente de vuelta a la mesa con la bandeja. Estaba a punto de llegar cuando su mano chocó contra una de los vasos, el cual tumbó a otro, y así sucesivamente, hasta que terminaron todos en el suelo.

Hicieron un estruendo al caer, y todos en la fiesta se voltearon para ver qué había sucedido. Clara corrió hacia ella con preocupación. "Dios mío, Manuela, ¿estás bien?".

Vidrios cayendo al piso. | Foto: Shutterstock

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"Sí, Clara", respondió Manuela. "Estoy bien. Gracias".

"Obviamente, ella está bien", intervino Sergio. "Después de todo, ella siempre pasa todo el día sentada en esa estúpida silla sin hacer nada".

Los ojos de Manuela se llenaron de lágrimas. “¿Cómo puedes decir eso, Sergio? Hago tantas cosas por ti. Organicé esta fiesta para hacerte feliz. Sé que las cosas han sido difíciles desde el accidente, ¡pero estás siendo un patán!".

"¿Que haces cosas por mí, dices? ¿Qué tanto puedes hacer, Manuela? No puedes lavar la ropa porque no alcanzas la lavadora. Tampoco puedes cocinar porque no alcanzas las hornillas", espetó Sergio.

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"Entonces, ¿quién tiene que hacerlo todo en esta casa? ¡YO!", dijo con furia. "¡Tú no haces nada! Todo lo que haces es sentarse frente a una computadora todo el día!", agregó.

Manuela se quedó muda. No dijo ni una palabra. Pero Sergio siguió. "¿Ya no tienes nada que decir, eh? ¿No será porque te dije la verdad, y la verdad duele? Miren todos. Es mi esposa, la discapacitada. Ahora además de no caminar, tampoco habla".

"No, Sergio. No digo nada porque me siento terrible por como me estás hablando. Detente, por el amor de Dios. Es humillante que hables así frente a toda esta gente".

"Pues no, no me voy a detener", dijo Sergio, aún furioso. "Es más, ¿sabes qué voy a hacer? Me voy a divorciar. Sí, eso vamos a hacer. Quiero el divorcio. Y quiero que sepas que nadie nunca se va a querer casar contigo. ¿Entiendes?".

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Anillos de bodas sobre documento de divorcio. | Foto: Shutterstock

Manuela no podía creer lo que estaba oyendo. Se secó las lágrimas y le habló a los invitados, tratando de calmar su voz. "Chicos, lamento el problema, pero la fiesta termina aquí. Por favor, vayamos despejando la casa, gracias".

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Todos miraron con lástima a Manuela y comenzaron a recoger sus cosas y marcharse. Manuela no le dirigió una palabra a Sergio. Se fue a su alcoba y cerró la puerta.

Al día siguiente, Sergio despertó y pensó que podría manipular a Manuela para que hiciera labores domésticas por él, para que no la dejara. "Oye, prepárame el desayuno. Voy a salir con mis amigos", le dijo con arrogancia.

Manuela no le respondió. Se acercó a él silenciosamente y le entregó un sobre.

"¿Y esto qué es?", preguntó Sergio. Manuela de nuevo no respondió. Él decidió abrir el sobre y darle un vistazo. Fue en ese momento cuando vio los papeles de divorcio.

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"Me estoy divorciando de ti. Ya pagué la hipoteca, así que esta casa es mía. Recoge tus cosas y sal de mi casa", dijo Manuela fríamente.

"Espera... ¿qué? ¿Es una broma, no?", preguntó Sergio, sorprendido.

“No, Sergio. Es totalmente en serio", respondió Manuela. “Fuiste tú quien causó ese accidente. ¡Tú eres el que me está arruinando la vida! El taxi está esperando abajo. ¡RECOGE TUS COSAS!"

Hombre empacando sus cosas. | Foto: Shutterstock

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Sergio no dijo nada después de eso. Miró a Manuela con desprecio, recogió sus cosas y se fue de la casa.

No volvieron a intercambiar una palabra por largo tiempo. Varios años después, una tarde de verano, sonó el timbre en casa de Manuela.

Un hombre alto y apuesto llamado Pedro abrió la puerta. Sergio estaba de pie en el umbral. "Hola. Disculpe, ¿Manuela está en casa?", preguntó Sergio.

"Hola. Me temo que no lo reconozco. ¿Quién es y para qué está buscando a Manuela?", preguntó Pedro.

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"Bueno, yo soy Sergio, soy, bueno, era el...", comenzó a decir Sergio, nervioso, pero en ese momento llegó Manuela. Estaba hermosa y radiante.

"¿Cómo estás, Manuela? Qué bueno verte", dijo Sergio. "Siento no haberme puesto en contacto contigo ni una vez. He tenido muchos problemas, No tengo trabajo, ni dónde quedarme. ¿Podría pasar unas noches aquí, por favor?".

Manuela hizo una breve pausa antes de responder. "Lo siento, señor, pero no lo conozco. Vivo aquí con mi esposo Pedro, y nuestros hijos. Esto no es una posada", dijo.

Acto seguido, miró a Pedro y le dijo: "Cariño, cierra la puerta, por favor". Al final, Sergio obtuvo su merecido.

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Pareja feliz. | Foto: Shutterstock

¿Qué podemos aprender de la historia?

Si haces mal a los demás, tarde o temprano serás castigado por ello. Sergio fue terrible con Manuela, y terminó pagando sus maltratos.

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Solo podemos conocer la verdadera naturaleza de las personas en tiempos difíciles. Manuela se casó con Sergio pensando que contaría con él para todo, pero cuando la vida lo puso a prueba, él no dio la talla.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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