"No soy tu mamá", le confiesa una mujer a su hijo cuando llega a casa para Acción de Gracias - Historia del día

Diego Rivera Diaz
05 dic 2021
12:15
Compartir
FacebookTwitterLinkedInEmail

Un niño regresó a casa para celebrar el Día de Acción de Gracias con su madre, pero recibió una sorprendente noticia: su mamá no era en realidad su madre biológica.

Publicidad

Emma Stevens se sentía ansiosa. Era Acción de Gracias, y la mujer de 41 años esperaba a su hijo, Ian. Se levantó al amanecer para preparar sus platillos favoritos.

Planeaba servir pavo, batatas y pastel de calabaza, entre otras cosas. Él amó ese pastel desde que ella se lo preparó por primera vez. Desde entonces, ella se aseguró de seguir la misma receta cada año.

Porción de pastel de calabaza. | Foto: Shutterstock

Publicidad

Cuando Ian llegó, Emma le dio un gran abrazo y lo sentó en la mesa del comedor. El festín ya estaba servido, con todas las delicias que ella había preparado con amor.

"¿Todo esto solo para nosotros dos?", preguntó Ian fingiendo sorpresa.

Él sabía perfectamente que ella lo estaba esperando con todos sus platillos favoritos. Era tradición entre ellos desde que él se fue de casa para ir a la universidad por primera vez. "Claro, mi amor. ¡Todo para mi príncipe!", dijo Emma orgullosa.

Ian devoraba su comida como un soldado muerto de hambre. Emma no tenía mucha hambre, pero disfrutaba verlo comer. Y no quería soltar la bomba que estaba callando.

Publicidad

"¿Recuerdas a tu tía Violeta?", comenzó Emma. "Cuando tenías cinco años, ella vino a la casa, se quedó unos días y te regaló un osito de peluche".

"Sí, creo que la recuerdo, mamá. ¿Por qué?", preguntó Ian. Pero Emma lo ignoró y siguió hablando.

"Dormiste con ese osito durante años... y, bueno, Violeta me escribió en estos días. Está gravemente enferma. Y quiere verte de nuevo", dijo la mujer.

A Ian le pareció muy extraño. Su tía Violeta era una mujer particular. Las pocas veces que la había visto, ella siempre parecía estar al borde de las lágrimas.

Publicidad

Mujer sonriendo y llorando. | Foto: Shutterstock

La última vez que recordaba claramente había sido en la boda de un amigo de la familia. Había tres generaciones de la familia presentes, incluyendo a la tía Violeta.

Publicidad

Cuando la tía posó su mirada sobre él ese día, vio que sus ojos se colmaban de lágrimas. Le dio un gran abrazo y le dijo muchas cosas tiernas. Él pensó que quizás se había pasado de tragos.

Tras la boda, no había vuelto a verla. Le había preguntado a su madre en un par de ocasiones, pero siempre se ponía evasiva o cuestionaba que estuviera preguntando en primer lugar.

Por eso, cuando Emma de repente le dijo que fuera a ver a su tía Violeta, le parecía sumamente extraño. "Aquí hay gato encerrado", pensó el joven.

"¿Por qué una mujer que solo he visto dos o tres veces en mi vida quiere verme cuando está enferma?", preguntó directamente a su madre.

Publicidad

"¿Y por qué de repente me pides que vaya a ver a mi tía, cuando siempre que te preguntaba por ella me cambiabas el tema o evadías la pregunta?", agregó el joven.

Ian miró a Emma a los ojos y vio que gruesas lágrimas se derramaban por su rostro. "La verdad, hijo, es que yo no soy tu madre biológica. Violeta es quien te trajo al mundo".

Ian quedó boquiabierto. De repente, muchas cosas comenzaron a engranar en su mente. "Por eso siempre lloraba cuando me veía", pensó Ian.

Joven sorprendido y confundido. | Foto: Shutterstock

Publicidad

"Ella tuvo una relación con un hombre que la abandonó cuando quedó embarazada. Cuando naciste, ella no tenía un centavo, y luego consiguió un empleo en Alaska", explicó Emma.

"Violeta te amaba tanto que no quería enviarte a un orfanato, así que te dejó conmigo. Éramos amigas en ese entonces, y ella me pidió que te criara como si fueras mi propio hijo", agregó.

"Al principio no estuve de acuerdo, porque para mí parecía que estaba evadiendo su responsabilidad. Pero amenazó con dejarte en la calle... o hacer algo peor, así que acepté", contó la mujer.

"Mamá", dijo Ian, pero Emma lo cortó. Aún no había terminado de relatar la historia, y no iba a detenerse ahora.

Publicidad

"Tú fuiste un niño muy enfermizo. Mi esposo odió la idea de que yo criara al hijo de alguien más, pero yo te elegí de todos modos. Ahora quiero que vayas a ver Violeta y estés con ella", concluyó.

Ian quedó en shock por las palabras de su madre. Ella quería que él partiera en ese mismo momento, pero él le dijo que quería pensarlo. "Es mucho para asimilar mamá", argumentó.

Al volver a su habitación, vio el viejo osito de peluche que le había regalado la tía Violeta. Pasó toda la noche dando vueltas y vueltas.

Hombre insomne. | Foto: Shutterstock

Publicidad

Por la mañana, sabía lo que debía hacer. Le dijo a su madre que lo acompañara, y ambos tomaron un vuelo a Alaska para encontrarse con Violeta.

Cuando cruzaron la puerta de la habitación de Violeta en el hospital, ella quedó paralizada. Vio a su hijo, y el peluche en sus manos, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Ian tomó la mano de Violeta y dijo:

"Mamá, no te guardo rencor; Emma me crió, pero tú me diste a luz. Ella me contó lo que pasó y estoy aquí para decirte que entiendo por qué hiciste lo que hiciste".

Publicidad

Violeta se inclinó hacia adelante y abrazó a Ian. Él podía sentir un torrente de lágrimas correr por su camisa, pero no le importó. Siguió hablando.

"Tomaste la decisión correcta, mamá. Valió la pena al final. Emma me dio todo el amor que pude necesitar. Y sé que tú no tuviste elección, no realmente. Te perdono. Espero que me aceptes como tu hijo", agregó.

Violeta siguió llorando por largo tiempo, pero eventualmente, comenzó a charlar con su hijo. Con el tiempo, se recuperó de su enfermedad, y tuvieron una gran relación. Y todos los años, Violeta, Emma e Ian se reúnen a comer pastel de calabaza.

Pastel de calabaza. | Foto: Shutterstock

Publicidad

¿Qué podemos aprender de esta historia?

La verdad nos hará libres. Violeta mantuvo en secreto que era la madre de Ian, y como resultado, se perdió una vida entera de experiencias. Temía que la verdad complicase las cosas, pero cuando Ian la supo, la perdonó de inmediato.

Haz el bien sin mirar a quien. Emma decidió darle un hogar a Ian cuando más lo necesitaba, sin pensar en las consecuencias que tendría sobre su matrimonio. Pero al final, ganó algo mucho más valioso: un hijo.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

Publicidad