Nadie tiene permitido tocar el joyero de abuela: nieto lo ve y lo abre con un golpe - Historia del día

Mayra
07 dic 2021
22:00
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Un niño se cuela en la habitación de su abuela y arroja su viejo joyero al suelo cuando no puede abrirlo. Lo que descubre adentro congela a su madre en su lugar.

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“¡Elizabeth! ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Cuántas veces te he dicho que no entres a mi habitación en mi ausencia!”, le gritó la Sra. García a su hija cuando regresaba a su habitación una noche.

“Lo siento, mamá”, se disculpó Elizabeth mientras escondía rápidamente el joyero detrás de ella. “Estaba pasando y noté que la puerta estaba abierta, así que entré para ver si todo estaba bien”.

Antiguo joyero de plata. | Foto: Shutterstock

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“Oh, ¿verdad?”. La Sra. García arqueó una ceja. “Entonces, ¿por qué escondes esa caja en tu mano? Puedo verla claramente en el espejo detrás de ti. Así que no me mientas”.

“Oh, nada de eso, mamá”, dijo Elizabeth, devolviéndole la caja. “Lo acabo de ver y tenía curiosidad…”

“Escúchame claramente, cariño”, dijo la Sra. García con firmeza. “Si te he dicho que no toques nada en mi habitación, espero que lo obedezcas; de lo contrario, tendrás que hacer 20 vueltas en el jardín por la tarde. ¿Estás de acuerdo con eso? ¿Correr en el calor abrasador?”.

“Lo entiendo, mamá; no lo volveré a hacer; lo siento”, dijo Elizabeth en voz baja mientras salía de la habitación.

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Cuando el esposo de la Sra. García, Tomás, desapareció en circunstancias misteriosas, ella estaba embarazada de Elizabeth. Él se había ido de viaje de negocios a Escocia, prometiéndole que regresaría pronto y estaría allí para el parto.

Pero recibió una llamada de su oficina un día informándole que Tom simplemente había desaparecido. Hizo todo lo posible para localizarlo, desde anuncios clasificados hasta carteles e informes policiales, e incluso viajó a Escocia en su búsqueda, pero todo fue en vano. 

La Sra. García perdió la esperanza cuando no encontraron a Tom y decidió que nunca volvería a hablar de él, ni siquiera con su hija. Cuando nació la pequeña Elizabeth, ella se aseguró de que nunca le faltara nada. Si la niña quería algo, ¡lo conseguía! 

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Sin embargo, al igual que a todos los demás, la Sra. García le había dicho estrictamente a su hija que nunca entrara a su habitación en su ausencia.

Hombre mayor esta leyendo en el asiento de un vuelo aéreo. | Foto: Unsplash

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Elizabeth era obediente cuando era niña y seguía las órdenes de su madre, pero a medida que crecía se volvió más rebelde y obsesionada con averiguar por qué su madre le había prohibido tocar el viejo joyero de plata de su habitación.

Ese día, cuando logró colarse en su habitación y finalmente se había apoderado de él, su madre le advirtió que no lo repitiera y la echó de la habitación. Después de eso, Elizabeth nunca intentó cruzar la línea. 

Unos años más tarde, cuando Elizabeth se convirtió en madre y dio a luz a Eric, había otra alma que estaba intrigada por saber por qué la Sra. García nunca dejaba que nadie tocara el joyero.

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Un día, la Sra. García se desmayó durante la cena. Todo el mundo estaba preocupado por ella, tratando de despertarla y llamando al médico. Pero el pequeño Eric solo pensaba en ir a su habitación.

Cuando notó que nadie a su alrededor estaba prestando atención, subió lentamente las escaleras que conducían a la habitación de su abuela. El chico fue directo al cajón. Lo abrió lentamente, tratando de no hacer ruido, y descubrió el joyero dentro.

Se sentó en el borde de la cama tratando de abrirlo, sin éxito. Volvió al cajón, pensando que su abuela había escondido la llave dentro, sin embargo, tras varios minutos de búsqueda no pudo encontrar nada. Entonces, el niño arrojó el joyero al suelo con ira. Finalmente, se abrió.

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Elizabeth notó que su hijo se había ido del comedor. ¡Ella sabía exactamente dónde estaba! “¡Espero que Eric no haya puesto sus manos en el joyero de mamá! ¡Ella se pondrá furiosa!”, pensó.

Corrió escaleras arriba, pero para entonces ya era demasiado tarde. La caja estaba en el suelo, abierta, y varias fotografías que se habían caído de ella estaban esparcidas a su alrededor.

Fotos antiguas guardades en una antiguo joyero. | Foto: Unsplash

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“¡Eric, cariño! ¿Qué has hecho?”. Elizabeth lloró al ver la caja rota. “¡Mamá estará tan molesta!”.

“Lo siento, mamá, pero la caja no se abría. Por favor, no le digas a la abuela que la rompí”, suplicó.

Elizabeth se sentó en el suelo, inquieta por el comportamiento de su hijo, y empezó a recoger el contenido de la caja cuando sus ojos se posaron en las fotografías. En la mayoría estaba una pareja, y Elizabeth rápidamente reconoció a su madre como la mujer alegre y sonriente en ellas. 

“¿Ese hombre es mi padre?”, se preguntó mientras giraba la foto en su mano, revelando una inscripción en la parte de atrás que decía Tom García.

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“Supongo que esta es finalmente mi oportunidad de conocerlo. Si todavía está vivo, quiero preguntarle qué salió tan mal que mamá nunca me habló de él”.

Mientras la Sra. García estaba en el hospital esa noche, Elizabeth comenzó la búsqueda de su padre. Inspeccionó los gabinetes de su madre y descubrió algunos documentos que demostraban que Tom era su padre biológico. 

Luego revisó las cartas que había encontrado y se dio cuenta de que la más reciente que había recibido su madre tenía una dirección en Escocia.

Elizabeth llamó y le contó todo a su amiga escocesa Marta, cuyo esposo trabajaba como oficial de policía. Resultó que la ubicación albergaba uno de los negocios de su padre, que había cerrado unos años antes. 

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Una mujer conversa por teléfono. | Foto: Pexels

“Te estoy enviando las cosas restantes que encontré, Marta; por favor ayúdame. Esta podría ser mi última oportunidad de encontrar a mi papá. Mamá nunca me habló de él, y nunca pregunté porque no quería lastimarla…”

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“No te preocupes; haré todo lo que esté en mi poder para ayudarte. Espero que lo averigüemos pronto, ya que Henry trabaja para el departamento de policía”.

“¡Muchas gracias, Marta! ¡Te debo una!”, dijo Elizabeth y colgó.

Pasaron algunas semanas y Elizabeth seguía esperando la llamada de Marta con información sobre su papá. Cuando no supo de ella después de un tiempo, perdió la esperanza de encontrarlo alguna vez.

Sin embargo, un día, mientras estaba sentada junto a la cama de su madre, sonó su teléfono y el nombre de Marta apareció en la pantalla.

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“¡Elizabeth, encontramos a tu padre! Está en un hogar de ancianos en una de las ciudades más remotas de Escocia. ¡Te estoy enviando un mensaje de texto con la dirección ahora mismo!”.

“¿Qué?”. Elizabeth saltó de alegría, sorprendiendo a su madre. “¿Qué pasó cariño?”

Una mujer sonríe feliz mientras habla por teléfono. | Foto: Pexels

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“¡Oh, lo siento mucho, mamá, pero tengo una gran sorpresa para ti! Cuando te den el alta, te lo contaré todo”, dijo, abrazando a su madre. El siguiente fin de semana, cuando la Sra. García llegó a casa, no podía creer lo que veía cuando encontró a Tom en casa. 

Los años habían cambiado su apariencia; las arrugas ocupaban la mayor parte de su rostro y su sonrisa había sido reemplazada por una expresión triste, pero seguía siendo su apuesto y encantador esposo.

Antes de que su madre fuera dada de alta del hospital, Elizabeth le había pedido a su amiga que volara con Tom a casa desde Escocia. Afortunadamente, no hubo problemas para sacarlo del asilo de ancianos porque el esposo de Marta tenía conexiones, y todo lo que se necesitó fue mover algunos hilos.

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Tom no recordaba su pasado, incluidas su esposa e hija. Una investigación en el hogar de ancianos reveló que fue encontrado fuera del lugar una mañana, sangrando profusamente. El dueño había tenido la amabilidad de acogerlo y tratarlo, pero nadie sabía cómo había terminado allí.

Sin preocuparse por si la reconocía o no, la Sra. García se alegró de que Tom regresara a casa y lo abrazó. En ese momento, los ojos del hombre se llenaron de lágrimas. Quizás solo por un breve momento supo que su esposa lo abrazaba con amor.

Una pareja de personas mayores se abrazan con cariño. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de la historia?

Dios trabaja de maneras misteriosas. La Sra. García ni siquiera podría haber imaginado que volvería a encontrarse con su esposo, pero sucedió un día.

Nunca pierdas la esperanza. Si la Sra. García no hubiera perdido la esperanza, podría haber encontrado a Tom y su familia se habría reunido antes.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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