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Hombre sin hogar reconoce a niño que pide limosna para pagar funeral de su madre - Historia del día

Vanessa Guzmán
26 ene 2022
18:40
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David, de ocho años, estaba pidiendo limosna afuera de un centro comercial cuando notó que un vagabundo se le quedó mirando fijamente durante mucho tiempo. Se alejó pensando que era peligroso, pero el indigente lo atrapó y le explicó algo impactante sobre el pasado del niño.

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El niño se paró frente a un concurrido centro comercial de su ciudad y no pudo contener las lágrimas. Su rostro estaba empapado por el llanto, y la mayoría de las personas solo lo miraban y continuaban caminando. Estaba allí para tratar de recaudar dinero para el funeral de su mamá.

La madre de David murió después de una larga batalla contra el cáncer y la funeraria estaba esperando el dinero para organizar todo. El gerente estaba preocupado por el niño, pero David le había mentido, diciéndole que su tío vendría pronto y pagaría la factura correspondiente.

Niño pidiendo limosnas en la calle. | Foto: Shutterstock

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Lamentablemente, a David no le quedaba familia. Se estaba quedando en el apartamento, pero el alquiler vencía pronto. No podría pagar, y pronto descubrirían lo que estaba pasando. Llamarían a Servicios Sociales y él entraría en el sistema.

Odiaba esa idea. Por eso estaba en el centro comercial, pidiéndole dinero a la gente. Algunos compradores lo reconocieron porque había intentado recaudar fondos durante el tratamiento de su madre. En aquel entonces había recibido unos pocos dólares antes de tener que huir de la policía.

Pero ahora, su madre finalmente se había ido y ella merecía tener un bonito funeral. Entonces, una vez más, se quedó afuera del centro comercial, con un cartel donde escribió lo que necesitaba.

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Después de un largo sollozo, David se secó las lágrimas, pensando que la gente podría estar evitándolo por su llanto. Necesitaba ese dinero, así que tenía que ser valiente y contener su dolor.

Se aclaró los ojos con las manos y luego vio a alguien extraño. Un hombre lo miraba desde el otro lado de la calle. Su mirada era desconcertante.

El hombre estaba vestido con ropa andrajosa y dedujo que no tenía hogar. David temía que pronto se volvería como él. Pero un pensamiento aún más aterrador cruzó por su mente. "¿Y si quiere robarme el dinero? ¡No! ¡Mi mamá lo necesita!".

David recogió su sombrero del suelo donde la gente había tirado algunas monedas y empezó a contar. Los colocó dentro de su bolsillo rápidamente y levantó la cabeza solo para ver al hombre cruzar la calle y caminar directamente hacia él.

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Al chico se le heló la sangre, pero tenía que pensar rápido. Se puso de pie y salió corriendo de allí. Podía escuchar los pesados ​​pasos del hombre que corría detrás de él. El indigente gritó: "¡Espera chico, quiero hablar contigo!".

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"¡No! ¡Este es el dinero de mi madre! ¡Váyase!", respondió David sin detener su huida.

“¡No quiero tu dinero, chico! ¡Por favor deja de correr!".

Indigente. | Foto: Pexels

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El niño no escuchó, pero desafortunadamente entró en un callejón sin salida y no pudo escapar. "Por favor, señor. Este dinero es muy importante. Mi madre acaba de morir y necesito pagar el funeral”, le suplicó David al hombre, mientras protegía su bolsillo con su mano.

El hombre se detuvo y se acercó a él lentamente. David vio de cerca lo sucio y andrajoso que estaba. Sin embargo, también observó algo familiar en su rostro y se percató de la amabilidad que se reflejaba en sus ojos. Tal vez no estaba mintiendo.

“De nuevo, no quiero tu dinero. Leí tu cartel. ¿Dijiste que tu madre murió? ¿Puedes decirme su nombre?", preguntó el hombre, sonriendo levemente.

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“María”, respondió David tímidamente.

"¿Y el tuyo? ¿Cuál es tu nombre?".

“David Duarte”.

El hombre cerró los ojos y asintió. Luego miró al suelo y David pudo escuchar su respiración agitada. “¡Oh, Dios mío!”, susurró el hombre y comenzó a llorar.

“Señor, ¿está bien? ¿Conocía a mi madre?”, preguntó David, dando un pequeño paso hacia el mendigo.

"Sí. La conocía”, respondió el extraño. “Pero no puedo creer que se haya ido. Soy un hombre horrible”.

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"¿Qué?", expresó el niño.

Niño en un callejón oscuro. | Foto: Pexels

“María… quiero decir, tu madre era mi novia hace unos nueve años. Mi nombre es Carlos Duarte”, respondió el hombre y lo miró. David podía ver las lágrimas en sus ojos y la tristeza en su expresión.

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“¿Por qué tienes mi apellido?”, cuestionó David, aunque el niño de ocho años no era tonto. Ya había adivinado el motivo.

"Estoy bastante seguro de que soy tu padre, niño", reveló el hombre.

El chico no tenía idea de qué decir, pero probablemente era cierto. El rostro del hombre le resultaba familiar porque compartían los mismos ojos verdes.

"Ok, entonces no quieres tomar mi dinero", agregó David, solo para confirmar.

Carlos sonrió amargamente. “No, David. Nunca haría eso. Caí en problemas, y es por eso que no tengo hogar, pero no aceptaría dinero de un niño. Además, tienes que pagar el funeral de María, ¿verdad? Eso es lo que decía tu cartel”.

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"Sí. Es muy costoso”, dijo el niño, rascándose la nuca con una mano.

“Déjame preguntarte algo más. ¿Con quién te estás quedando? ¿Una tía o un tío?”.

"Con nadie", contestó.

"María me dijo que tenía una hermana", dijo Carlos con el ceño fruncido, mientras se secaba las lágrimas que le corrían por la cara y miró directamente al chico.

"No. Nunca conocí a nadie, o tal vez, ellos no saben que mamá murió”, continuó David, sin saber qué más decir. Era la verdad, siempre habían sido solo ellos dos.

Mujer llorando, mientras que un hombre se va. | Foto: Pexels

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“¿Y por qué estás en la calle? ¿No debería haberte acogido Servicios Infantiles?”.

“Le mentí a algunas personas. Les dije que mi tío vendría pronto. Supongo que no llamaron a nadie”, respondió David. Pero de repente, sintió curiosidad por algo. “Si eres mi padre, ¿por qué no estuviste en mi vida?”.

“Esa es una larga historia”, comenzó Carlos. "Dejé a tu madre tan pronto me dijo que estaba embarazada. No quería la responsabilidad. Pero al final, fue lo peor que he hecho. El karma me afectó y me mezclé con algunas personas malas. Debí estar al lado de tu mamá y haber sido un buen padre para ti".

Hablaron más en ese callejón sin salida e incluso se rieron un poco a pesar de sus tristes circunstancias. Finalmente, David tuvo una idea.

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“¿Por qué no te vienes a vivir conmigo para que no me lleven? Pero con la condición de que consigas un trabajo y me ayudes. Soy un niño. No puedo hacer nada sin un adulto sin levantar sospechas”.

"¿Está seguro? ¿Tienes una casa?".

"Un apartamento. Pero el alquiler vence a fin de mes. no tengo el dinero todavía, tengo que pagar el funeral de mamá”, continuó David.

Carlos lo pensó durante varios minutos. No tenía un hogar y no tenía idea de cómo criar a un niño. Pero era un trato que no podía dejar pasar. Así que se mudó con el chico, y ahora que tenía una dirección, podía solicitar trabajo.

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Juntos, recaudaron lo suficiente para un funeral sencillo para María, y se unieron cuando Carlos le contó historias de su tiempo juntos. David también narró cada aventura experimentada al lado de su mamá.

Finalmente, Carlos encontró un trabajo en una tienda y pagó el alquiler unos días después. El propietario les había dado una extensión, mientras conseguían el dinero.

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David pudo volver a la escuela en lugar de pedir limosna todos los días. Al final, se consideraban una familia, incluso, habiéndose conocido en las circunstancias más extrañas.

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Manos de un hombre y un niño. | Foto: Pexels

¿Qué aprendiste de esta historia?

No huyas de tus responsabilidades: No todos están listos para tener hijos, pero no puedes huir de tus deberes.

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Nunca es demasiado tarde para hacer lo correcto: Carlos se mudó con David y pagó todo lo que pudo para que el niño no tuviera que estar solo.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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