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Perro va a tienda cerrada cada día y luego se marcha: una noche, chico pobre lo ve y lo sigue - Historia del día

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Un chico pobre que trabajaba en un almacén cerca de una tienda de bicicletas cerrada notó que un perro visitaba el lugar todos los días. Curioso, decidió seguirlo un día y ver a dónde iba.

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Miguel Perales vive de forma independiente a los 15 años. Provenía de una familia pobre y sus padres vivían en una pequeña choza cerca de la granja en la que trabajaban.

Mientras crecía, sus progenitores nunca se preocuparon por él. Lo veían como una carga y, a menudo, lo dejaban en la choza todo el día sin comer. Por eso, el chico tuvo que ser ingenioso para encontrar formas de alimentarse.

Un perro parado frente a la vitrina de una tienda. | Foto: Flickr

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Miguel creció y se convirtió en un joven amable y trabajador que laboraba en un almacén local. Iba allí todos los días después de la escuela para realizar sus tareas como transportista.

De camino al trabajo, siempre pasaba por una tienda de bicicletas cerrada. Al principio no pensó en ello, pero todas las tardes notaba a un perro sentado en la entrada del lugar como si estuviera esperando a alguien.

Un día, decidió preguntarle al respecto a su compañero de trabajo, Pedro. “Oye, Pedro, ¿cuál es la historia de esa tienda de bicicletas de allá? ¿Por qué cerró?”, preguntó.

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“Bueno, el propietario, Álvaro Contreras, murió hace aproximadamente un año. Justo allí”, reveló Pedro, señalando el frente del lugar.

“Estaba cruzando la calle cuando un auto a exceso de velocidad lo atropelló. Murió justo en frente de su tienda. Una historia trágica, en realidad”, agregó.

“Entiendo. Es que siempre veo a ese perro ahí, por eso pregunté. Pobrecito, es leal a su dueño, sigue esperando después de todos estos meses”, comentó Miguel con rostro triste.

Pedro se burló de lo que dijo su compañero, riéndose. “No existe tal cosa como un perro leal, no es humano. El hombre alimentaba a ese animal todos los días y ahora espera en el lugar por comida, pero nadie le da nada”.

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Un perro descansando sobre una silla frente a una tienda. | Foto: Pexels

“Eso no es cierto. No volvería todos los días si supiera que nadie le iba a dar comida. Amaba al hombre, por eso sigue regresando”, explicó el chico.

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“Ay, Miguel, ¡miras demasiadas películas de Hollywood! El perro solo quiere comer, es tan simple como eso. Es por eso que viene. No es un cuento de hadas sobre él esperando a su dueño”, dijo Pedro, haciendo un gesto de negación con la cabeza.

Sin querer discutir, Miguel siguió trabajando. Esa noche, después de su jornada, notó que el perro se levantaba para irse. Decidió seguirlo, ya que tenía curiosidad por saber adónde iba el peludo cada vez que salía de la tienda.

Lo que sí sabía con certeza era que el perro salía en la misma dirección todas las noches. El joven caminó detrás del can durante unos 30 minutos hasta que se detuvo en el cementerio local de la ciudad. Allí, se acostó junto a una tumba y se quedó allí.

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Cuando Miguel se acercó, leyó que la tumba pertenecía a Álvaro Contreras. El chico no pudo evitar sentirse conmovido por la lealtad del perro.

Sacó su sándwich de su bolso y lo colocó al lado del fiel animal. Se suponía que sería su cena, pero sintió que el perro debería comerla en su lugar.

Poco después, el peludo olió la comida frente a él. Lamió la mano de Miguel como diciendo “gracias”. El chico lo dejó así y caminó de regreso a casa, a la pequeña choza de su familia.

Sándwiches colocados sobre una tabla en una mesa. | Foto: Pexels

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Al día siguiente, el joven decidió comprar dos sándwiches en la cafetería de su escuela para llevar al trabajo. Su amiga, Matilde, le preguntó por qué tenía tanta hambre.

“No tengo tanta hambre, en realidad. Es solo que... Conocí a un perro que perdió a su dueño y quería darle algo de comer”, admitió.

“Eso es muy dulce de tu parte, Miguel. ¿Dónde conociste al perro?”, preguntó Matilde. Entonces el chico le contó la historia. Le dijo que trabajaba cerca de una tienda de bicicletas cerrada donde veía al perro leal todos los días.

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También le contó que lo había seguido hasta el cementerio y que allí se había recostado junto a la tumba de su difunto dueño.

Conmovida, Matilde decidió pedirle otro sándwich a la señora de la cafetería también. “Toma, Miguel. También puedes darle esto al perro”, sonrió.

El joven se sintió aliviado de que alguien más se sintiera conmovido por la historia del peludito. Pensaba que todos reaccionarían como Pedro.

“¡Gracias, Matilde! Estoy seguro de que apreciará esto”, sonrió el chico, repentinamente emocionado de ir a trabajar.

Lápidas junto a un farol en un cementerio durante la noche. | Foto: Pexels

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Cuando llegó allí, él y su compañero de trabajo se sorprendieron al ver al perro entrar en su almacén. Pedro negó con la cabeza. “Te dije que solo quiere comida. Supongo que encontró un nuevo dueño al cual serle leal ahora”, bromeó.

“No seas malo, Pedro. Lo seguí después de que salió de la tienda de bicicletas ayer y ¿sabes a dónde fue?”, preguntó Miguel.

“¿A dónde? ¿Al contenedor de basura para conseguir algo de comida?”, respondió el joven.

Miguel negó con la cabeza. “No, fue al cementerio. Se quedó junto a la tumba de Álvaro Contreras toda la noche”.

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Pedro se rio aún más. “Sabes qué, me voy. Te veré mañana”, dijo mientras caminaba de regreso a la calle. “¿Estás bien, Miguel? ¿Viste la película Hachiko cuando llegaste a casa anoche?”, se burló.

El chico negó con la cabeza. “No tienes que creerme, Pedro, pero no miento. Mira hacia la carretera, podrías tener un accidente”, dijo mientras su compañero cruzaba la calle caminando de retroceso.

Segundos después, el perro le ladró fuertemente a Pedro. “¿Qué quieres, viejo perro maloliente?”, preguntó.

Un joven acariciando a un perro. | Foto: Pexels

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“¡Te está diciendo que mires por dónde caminas!”, le gritó su compañero. En ese momento, Pedro se giró y notó demasiado tarde de que estaba a punto de caer por una alcantarilla abierta en el camino.

Desde entonces, Miguel siempre llevaba dos sándwiches al trabajo. Uno para él y otro para el perro. Al darse cuenta de que nunca sabría cómo Álvaro Contreras solía llamarlo, decidió ponerle el nombre de su difunto dueño en su memoria.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Siempre debemos ser amables con los animales. Miguel quería cuidar al perro después de darse cuenta de que ya nadie lo cuidaba.

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El pasado de una persona no predice su futuro. Aunque Miguel creció sin la guía de sus padres, se convirtió en un joven bondadoso y trabajador.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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