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Abuelos echan a adolescente embarazada al frío: años después le piden ayuda - Historia del día

Vanessa Guzmán
29 mar 2022
18:40
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Cuando Beatriz quedó embarazada a los 16 años, sus abuelos la echaron de la casa. Recurrió a su novio, Juan, y durante años no supo nada de su familia. Sin embargo, cuando Juan protagonizó un anuncio famoso, sus abuelos volvieron a aparecer y Beatriz tomó una decisión impactante.

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"¡No puedo creer que seas tan estúpida, Beatriz!", le gritó Raúl a su nieta. La adolescente acababa de revelar la noticia de su embarazo. Su abuela, Gabriela, comenzó a llorar desde el sofá mientras Raúl y la joven se enfrentaban frente al televisor.

"¡Yo no planeé esto, abuelo!".

Casa vieja. | Foto: Shutterstock

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“¡Por ​​supuesto que no lo hiciste! ¡Eres demasiado joven para tener relaciones sexuales y, sin embargo, lo hiciste! ¡Ahora esta es la consecuencia!”, siguió gritando el hombre mayor.

“Ok, admito que fue mi culpa, y la de Juan también. Pero está hecho. Tengo que enfrentar esto ahora”, expresó Beatriz.

“¡Tendrás un aborto inmediatamente!”, exigió Raúl al tiempo en que Gabriela sentía que se le cortaba la respiración.

“¡Raúl! ¡Eso es horrible! ¡Ella no puede hacer eso!”, le gritó a su marido.

“¿Qué más se supone que debe hacer? Ella no tiene educación. ¡Tiene 16 años, por el amor de Dios! No podemos criar a un bebé a nuestra edad. ¿Quieres eso sobre nuestros hombros?”, razonó el abuelo.

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“Bueno…”, dijo la mujer mayor y dejó de contradecir a su marido.

“Abuela, no me desharé de este bebé pase lo que pase. Juan y yo vamos a superar esto. Pero realmente quiero su apoyo”, suplicó Beatriz a sus abuelos.

“Oh, entonces ya has decidido lo que va a pasar. ¿Está bien? Bueno, jovencita, es hora de enfrentar la realidad. Ya no puedes vivir en esta casa. ¡No tendré la vergüenza de tener una madre adolescente bajo mi techo!”. gritó Raúl.

"¡Raúl!", exclamó su esposa en estado de shock.

Pero Beatriz miró directamente a la cara de su abuelo y no podía creer que el dulce hombre que siempre había conocido y amado hiciera algo como esto.

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Mujer mayor con expresión de preocupación. | Foto: Pexels

Cuando perdió a sus padres a los cinco años, ellos dieron un paso al frente y la criaron con todo el apoyo del mundo. Después de descubrir su embarazo, Beatriz estaba segura de que seguirían estando ahí para ella.

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Pero estaba equivocada, y su abuelo tenía razón. Ella tuvo que irse. “Bien”, respondió y fue a su habitación, empacó algunas de sus cosas y regresó a la sala de estar. "Volveré por el resto de mis cosas más tarde".

"¿A dónde vas a ir?", preguntó con preocupación Gabriela. Beatriz sabía que su abuela estaba muy angustiada por todo, pero nunca iría en contra de su esposo.

"No sé. Pero lo superaré y se arrepentirán de este día”, respondió la adolescente, caminando hacia la puerta principal.

"¡NUNCA!", gritó su abuelo de nuevo, y ella negó con la cabeza. Su orgullo era demasiado grande y nunca admitiría que lo que estaba haciendo estaba mal.

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Beatriz abrió la puerta y se alejó de sus abuelos para siempre. Afortunadamente, Juan y sus padres la recibieron con los brazos abiertos. Acordaron trabajar todos juntos para sacar adelante al bebé en camino.

Sin embargo, la chica esperaba todos los días que sus abuelos se calmaran, se desahogaran y se dieran cuenta de que tener un hijo era una bendición.

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Puede que sea joven, pero en el momento en que vio su prueba positiva, creció en un instante. Estaba lista para ser la mejor madre del mundo. Estaba segura de que en algún momento sus abuelos querrían conocer a su bisnieto. Pero estaba equivocada.

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Joven disfrutando en medio de la naturaleza. | Foto: Pexels

Criar a un bebé a los 16 años fue difícil, pero Beatriz y Juan lo lograron. Tuvieron un niño al que llamaron Walter. Los padres de Juan, Silvia y Marcos, fueron los mejores abuelos del mundo. La abuela paterna cuidó al bebé mientras los chicos iban a la escuela.

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Pronto, Beatriz y Juan ingresaron a excelentes universidades, se casaron y vivieron en la casa de los padres de Juan hasta que se graduaron de la universidad. Tan pronto como consiguieron trabajos decentes, alquilaron su primer apartamento cercano y comenzaron sus vidas.

Unos años más tarde, Juan se convirtió en un empresario bien establecido con varios restaurantes en franquicia. Mientras tanto, Beatriz se convirtió en una maestra de escuela decidida a inspirar a sus alumnos.

Walter tenía entonces diez años y nunca había conocido nada más que amor y ternura de su familia. Desafortunadamente, Beatriz no había tenido noticias de sus abuelos en todo ese tiempo. Había intentado llamarlos varias veces, pero ambos colgaron cuando se dieron cuenta de que era ella.

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Una vez, Raúl incluso gritó: "¡No te vamos a dar dinero!". Sus abuelos no sabían que Juan tenía tanto éxito, por lo que sus llamadas siempre terminaban antes de que pudiera decirles que no necesitaba su dinero.

Pero Beatriz sabía que era al revés. Había escuchado de algunos vecinos que estaban pendientes de los ancianos que Raúl se había metido en problemas relacionados con su afición por los juegos de póquer.

Habían perdido una cantidad considerable de sus ahorros debido a sus deudas de juego, y ahora todo lo que tenían era su casa.

Beatriz quería ayudarlos, a pesar de cómo la rechazaron todos estos años. Ella no era como ellos. Los quería de vuelta en su vida. Quería que conocieran a Walter y lo amaran. Era un niño fantástico que adoraba a su familia.

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Madre e hijo. | Foto: Pexels

Todos podrían beneficiarse de ese amor. Pero el orgullo de Raúl una vez más se interpuso en su camino. La abuela Gabriela tampoco cedió, aunque Beatriz sabía que probablemente tenía curiosidad por su vida. Era una situación tan triste.

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“No puedo creer que sean tan tercos”, le dijo Beatriz a su esposo una noche mientras se preparaban para ir a la cama.

"Lo sé querida. Pero ¿qué esperabas? Diez años sin comunicación. Incluso yo no creía que serían tan obstinados”, respondió Juan. Se metió en la cama, la besó y se durmió.

Beatriz se quedó despierta un poco más, leyendo un libro y pensando un poco en las formas en que podría acercarse a sus abuelos. Pero no se le ocurrió nada y se fue a dormir esa noche.

Unos días más tarde, Juan le dijo a su familia que estaría en un anuncio de la empresa, y Walter pensó que era genial. “¡Papá, vas a ser una celebridad!”, dijo el niño y sonrió.

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Beatriz estaba orgullosa de lo lejos que había llegado Juan y del increíble padre en el que se había convertido.

La mayoría de los adolescentes estarían tentados a alejarse de la responsabilidad de ser padre, pero Juan había estado a su lado en todo. No tenía idea de qué haría sin él y finalmente decidió que él, Walter, Silvia y Marcos eran su única familia. Más que suficiente para ella.

Tener a sus abuelos sería fantástico, pero dejaron claro que ella ya no formaba parte de sus vidas. Por lo que había terminado con ellos. Por fin.

Mujer leyendo un libro. | Foto: Pexels

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Unos meses después, el anuncio de Juan había estado circulando por todo el país y todos conocían su rostro. Beatriz y Walter estaban muy orgullosos de su éxito y estaba a punto de abrir algunos restaurantes más en varias ciudades.

La gente también sabía que Beatriz era su esposa y la saludaban todos los días. Eso suele suceder cuando la gente descubre que tienes dinero y conexiones. Todos quieren un pedazo de ese pastel.

Mientras tanto, Raúl y Gabriela decidieron que era hora de comunicarse y llamaron para conectarse con Beatriz.

“Cariño, ha pasado tanto tiempo. Tenemos que dejar todo en el pasado y conocer a nuestro bisnieto”, dijo la abuela Gabriela por teléfono.

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Beatriz comenzó a sospechar. "¿Por qué ahora? Lo he estado intentando durante años, abuela”.

“Bueno, no lo sé. Supongo que nos estamos haciendo viejos y queremos pasar tiempo con ustedes. Por favor, ¿nos encontraríamos para tomar un café?”.

"¿El abuelo Raúl también quiere venir?", preguntó la madre de Walter.

"¡Por supuesto! Él también está emocionado por conocer a tu hijo”.

"Bueno. Reunámonos mañana”, precisó.

Interior de un restaurante. | Foto: Pexels

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Esa noche, Juan le aconsejó que tuviera cuidado. “Estoy seguro de que quieren algo de nosotros. Dinero probablemente, por los problemas que han tenido con sus finanzas. No confiaría en ellos tan fácilmente, así que no creo que debas llevar a Walter contigo”, afirmó.

Beatriz estuvo de acuerdo y se fue sola. Ya la estaban esperando en el café cuando llegó y la saludaron con grandes sonrisas. Eso la hizo sospechar aún más de sus intenciones.

“Por el amor de Dios, la última vez que me vieron, me echaron cuando más los necesitaba. ¿Cómo pueden actuar tan felices ahora?”, pensó y forzó una sonrisa.

"¡Querida! ¿Cómo estás? ¡Te ves increíble! ¿Qué quieres beber?", preguntó Gabriela con una voz alegre.

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El abuelo Raúl estaba más serio, pero igual se mostró cálido. “Hola, Beatriz. Te he extrañado".

Estaban actuando como los abuelos que había conocido antes de quedar embarazada, y fue un momento agridulce. Beatriz se sentó en su mesa y comenzaron a hacerle preguntas sobre Walter, su vida y, por último, sobre Juan.

“Oh, recientemente lo vimos en un comercial. ¿No es emocionante? Él es la cara de esa franquicia, y es el dueño, ¿verdad?”, consultó Gabriela con una gran sonrisa. Beatriz no pudo evitar mostrarse cínica.

“Sí, somos los dueños. Estamos casados. Lo construimos todo juntos, aunque estoy trabajando como maestra”, respondió ella.

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“Eso es genial, Beatriz. Ser maestro es la profesión más noble del mundo”, agregó el abuelo Raúl, mirándola con tierno ojos.

Mujer hablando por su celular mientras camina. | Foto: Pexels

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"Ok abuelos. He terminado. Vamos a cortar por lo sano. He estado tratando de comunicarme con ustedes durante mucho tiempo. Quería que conocieran a Walter, y siempre me colgaban. Entonces, ¿por qué llamaron ahora?”, manifestó Beatriz.

Raúl apretó la mandíbula y parecía que quería gritar. Finalmente, ese era un rostro que Beatriz reconoció, pero Gabriela cerró la boca y respiró hondo antes de hablar. “Querida, solo queríamos verte”.

“No, no querían. Ahora, necesito la verdad o me voy”, exigió Beatriz.

"Bien", comenzó Raúl. "Necesitamos tu ayuda".

"¿Por qué te ayudaría?".

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“¡Beatriz! No respondas así”, intervino Gabriela.

“Abuela, por favor. No soy una niña. Hablaré como quiera. Ahora, ¿qué necesitan de mí y por qué los querría ayudar?”.

“No sé si sabes que nos endeudamos a lo largo de los años y nos preguntábamos si podrías ayudarnos”, finalizó Raúl con la mandíbula apretada.

Beatriz sabía que era difícil para él. Era un hombre muy orgulloso que no estaba acostumbrado a pedir tal favor.

“Ok, sé que tienen problemas de dinero. ¿Por qué debería importarme? Quiero decir... me echaron cuando más los necesitaba. ¿Por qué no debería abandonarlos como lo hicieron ustedes conmigo?”, dijo Beatriz, con rostro inexpresivo.

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Dos mujeres tomando café. | Foto: Pexels

“Por favor, cariño. Podríamos perderlo todo”, rogó Gabriela.

Beatriz los miró pensativa y tomó una decisión. "¿Cuánto?".

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Le dieron un número significativo y ella les dijo que tendría que pensarlo. Ambos asintieron y Beatriz salió de la cafetería con el corazón desconsolado.

Sabía que Jua le diría que siguiera su corazón. Sin duda, podían pagar lo que estaban pidiendo, pero ella no sabía si era correcto. Por lo tanto, hizo lo único que se le ocurrió y llamó a Silvia.

Después de explicarle todo, su suegra le dio los buenos consejos que necesitaba. “Cariño, ¿qué hubieras querido de ellos hace diez años? Necesitabas ayuda, les suplicaste y te dijeron que no. Ahora te enfrentas al mismo dilema”.

“¿Quieres ser como ellos? ¿Rechazarlos en su momento de necesidad? no creo que seas tú, pero tienes que tomar esta decisión”.

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Gracias a esa llamada, Beatriz supo que lo correcto era darles el dinero. Los llamó, les pidió su información bancaria y la transfirió rápidamente.

"¡Muchas gracias cariño! ¡Esto es increíble!", le dijo Gabriela por teléfono.

“Pero abuela, esta es la última vez que sabrás de mí. No voy a estar de vuelta en sus vidas. Estoy haciendo esto porque hubiera querido lo mismo de ustedes cuando lo necesitaba”.

“Me acogieron cuando mis padres murieron. Pero no puedo perdonar los últimos diez años y no merecen conocer a Walter. Adiós y buena suerte”, expresó Beatriz y colgó el teléfono.

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Nunca volvió a hablar con ellos y siguió adelante felizmente con su familia genuina y amorosa, que saltaría al fuego por ella.

Mujer con los brazos cruzados. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

No tienes que perdonar y olvidar para hacer lo correcto: Beatrice necesitaba dejar de lado su ira para darles dinero a sus abuelos. Pero ella no los perdonó ni olvidó lo que hicieron. Ella simplemente hizo lo correcto.

No hagas algo de lo que puedas arrepentirte: Aunque nunca lo dijeron, los abuelos de Beatriz llegaron a arrepentirse de sus acciones. Pero el karma los atrapó, y tendrían que vivir con eso por el resto de sus vidas.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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