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Esposa se desconcierta cuando su marido corre al basurero y abraza a indigente sucio con lágrimas en los ojos - Historia del día

Vanessa Guzmán
23 may 2022
07:05
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Una esposa preocupada se horroriza después de ver a su marido abrazar a un vagabundo sucio que acababa de comer en un contenedor de basura. Lo que conoce sobre el hombre la dejó impactada.

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Anna y Roberto habían estado casados ​​durante 25 años. Anna trabajaba como administradora de una escuela, mientras que Roberto era el mejor constructor de la ciudad.

En su 25 aniversario, la pareja decidió celebrarlo con los padres de Roberto en su nuevo hogar. Él había terminado de trabajar tarde ese día y tenía mucha hambre. Mientras conducía, ya imaginaba su comida, en particular el famoso asado ahumado de su padre.

A un par de millas de la casa de sus papás, Roberto notó a un indigente que buscaba comida en la basura. "¿Cómo puede alguien comer algo de un contenedor de desechos?", se preguntó, haciendo una mueca. Luego observó al hombre de cerca y reconoció la chaqueta del vagabundo.

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Roberto detuvo el auto de inmediato, sorprendiendo a su esposa. "¿Adónde vas?", gritó Anna, mientras él salía del vehículo.

Roberto se acercó al vagabundo. "¿Tío Bernardo?", preguntó. El vagabundo se dio la vuelta y los ojos de Roberto se llenaron de lágrimas. Atrajo al vagabundo hacia él y lo abrazó.

Anna observó desde el auto y se sorprendió. Acababa de lavar la camisa blanca de su esposo, y ahora él estaba abrazando a un vagabundo muy sucio. "¡¿En qué está pensando?! ¡Sus padres pensarán que lo dejé salir de la casa luciendo y oliendo como un basurero!", pensó, mirándolo horrorizada desde el auto.

¿Qué se suponía que debía decirles a sus padres? Buscó perfume en el auto y se sintió aliviada cuando encontró uno en su bolso.

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"¡Tío Bernardo!". Roberto le dijo al hombre. "Pensé que estabas muerto", gritó, llorando. El vagabundo lo miró confundido y Roberto se dio cuenta de que el hombre no lo reconocía.

"Soy yo, Roberto, ‘el clavo’ ¿Me recuerdas?", preguntó.

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Luego, como si acabara de ver un fantasma, el vagabundo sollozó y abrazó al elegante hombre. "¡Roberto!", gritó. "Estoy tan feliz de verte".

Roberto llevó al vagabundo hacia el auto para presentarle a Anna. Reveló que su tío Bernardo una vez lo encontró en la calle cuando era un niño. "Él fue el hombre que me salvó la vida, Anna. Me alimentó y me mantuvo caliente hasta que estuve lo suficientemente fuerte para ir al orfanato".

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Mujer esperando dentro de un auto. | Foto: Pexels

"Fue el tío Bernardo quien me enseñó a construir. Visitaba el orfanato donde vivía y me enseñó a trabajar con herramientas de construcción sencillas. Incluso me puso el apodo de 'el clavo' porque me encantaba construir cosas". Le dijo Roberto, con mucha emoción a su esposa.

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Anna se sintió terrible por juzgar al vagabundo. Ella le sonrió antes de agradecerle por enseñarle a su esposo a ser un excelente constructor.

"Fuiste como un padre para mí, tío Bernardo, pero un día dejaste de visitarme. ¿Qué pasó?", preguntó Roberto.

"Lo siento, hijo. No quería despedirme de ti porque sabía que dolería demasiado. Dejé la ciudad para trabajar y ganar una cantidad decente de dinero. Al final, trabajé demasiado y afectó mi salud", reveló Bernardo.

"Pronto, ya no era lo suficientemente fuerte para trabajar. Mi dinero se agotó lentamente porque tenía muchas facturas que pagar. Después de eso, no pude encontrar trabajo y terminé en la calle. Nunca pensé que te vería otra vez".

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Roberto se sintió terrible de que su tío Bernardo sufriera ese destino. Después de que dejó de visitarlo, una buena pareja lo adoptó.

"Mis padres adoptivos son extremadamente amables y estoy agradecido de haberlos conocido, pero siempre faltaba algo, tío Bernardo, porque también te vi como un padre", admitió Roberto.

El indigente se echó a llorar, casi culpable de haber abandonado a Roberto cuando más lo necesitaba. Esa noche, el reconocido constructor decidió llevar al tío Bernardo a cenar a la casa de sus padres.

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Tuvieron una buena comida juntos y, antes de irse a casa, Roberto reveló que él y Anna estarían felices de que se quedara con ellos.

Personas trabajando en una construcción. | Foto: Pexels

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"Podemos construirte una pequeña cabaña en nuestro patio, donde puedas tener un lugar cómodo para quedarte", le dijo Roberto. Anna estaba feliz con la decisión. Se sentía orgullosa de que su esposo estuviera haciendo algo tan generoso por otra persona.

Una vez que el tío Bernardo se instaló en la casa de Roberto, lo llevó a los mejores médicos, donde lo revisaron y trataron después de no recibir atención médica durante años.

Desde entonces, el tío Bernardo se ha convertido en parte de la familia de Roberto y Anna. Le presentaron a sus hijos y comenzaron a tratarlo como a uno de sus abuelos.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

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Nunca olvides a los que te ayudaron: Roberto nunca olvidó la amabilidad del tío Bernardo, así que cuando lo volvió a ver en tan mal estado, se aseguró de ayudarlo a levantarse y vivir una vida cómoda.

Lo que se siembra se recoge: Si bien el tío Bernardo sufrió muchas dificultades a lo largo de su vida, la amabilidad y el amor que le mostró a Roberto le fue devuelta años después cuando se reencontraron. Roberto lo atendió y cuidó por el resto de su vida.

Comparte esta historia con tus seres queridos. Podría inspirarlos y alegrarles el día.

Este relato está inspirado en la historia de nuestro lector y escrito por un escritor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes son solo para fines ilustrativos. Comparte tu historia con nosotros; tal vez cambie la vida de alguien. Si desea compartir su historia, envíela a info@amomama.com.

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