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31 de mayo de 2021

Una madre esconde una grabadora en la mochila de su hijo - Historia del día

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Una madre preocupada escondió una grabadora en la mochila de su hijo, porque quería saber qué pasaba. Lo que descubrió la dejó sin palabras.

La mamá de un niño con discapacidad auditiva notó que su hijo estaba triste. Pese a que su hijito insistía en que no pasaba nada malo, ella empezó a temer que no le decía la verdad.

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Sospechó que tal vez otros niños podrían burlarse de él o maltratarlo, así que tomó una decisión: escondió una grabadora de voz en un dobladillo de su mochila. Lo que descubrió la horrorizó.

El hijo de Julia Lessing, David, había nacido saludable y sin trastornos aparentes. Pero con el correr del tiempo, la familia empezó a notar que algo no andaba bien. El pediatra confirmó que el pequeño padecía de una sordera parcial.

Debería usar audífonos, y posiblemente necesitaría un implante más adelante. Por lo demás, David era un niño brillante y alegre que llevaría una vida igual a la de los otros niños.

Dos semanas después del diagnóstico, el padre del niño, Tadeo, abandonó a su familia. Julia tuvo que hacerse cargo de todo, y necesitó tomar más horas de trabajo para poder costear todos los gastos.

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Ahorró con esfuerzo para poder comprarle a David los audífonos y terapias que necesitaba. Cuando su hijito llegó a los cinco años, lo inscribió en una escuela que ofrecía soporte para niños con necesidades especiales.

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Era una escuela diversa, y Julia esperaba que David podría hacer amistades y encontrarse a gusto. Sin embargo, la expectativa no se cumplió, y semanas después su hijo, habitualmente alegre y activo, parecía triste y apático.

¿Qué podría estar mal? Cuando Julia le preguntaba a David si pasaba algo malo, él siempre le respondía que no, que todo estaba bien, y que le gustaba su escuela. Y cambiaba rápidamente de tema.

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¿Tal vez se tratara de un caso de bullying? Ante la duda, Julia pidió una entrevista con la señora Hernández, maestra del chico. Ella le aseguró que estaba todo bien, y que ninguno de los niños maltrataba a David.

La maestra sugirió que tal vez David estuviera pasando por un período de adaptación. Después de todo, la escuela era una experiencia nueva para él.

Julia regresó a casa intranquila. Algo no andaba bien, y ella lo sabía. Podía sentirlo. Esa noche, escondió un grabador en la mochila de su hijo.

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Como David no quería o no podía expresar lo que pasaba, ella tendría que averiguarlo. Esa tarde, poco después de que Julia regresó del trabajo, el bus escolar dejó a David, desanimado y cabizbajo, en casa.

"Cariño, ¿quieres que te haga una merienda? Hay chocolatada y galletas" le dijo. La luminosa sonrisa de su hijo reapareció. 

Ella lo dejó mirando la televisión, y recuperó la grabadora. Con manos temblorosas, reprodujo la grabación.

En un primer momento solo escuchó ruidos normales de escuela: niños que corren, saludos y juegos. Luego, el silencio de la sala de clases.

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Julia escuchó a la señora Hernández que saludaba a los niños y comenzaba a explicar la lección del día, que era sobre matemáticas. Entonces escuchó la voz de su hijo: "Disculpe, señora Hernández, ¿podría repetir?"

"¿Otra vez?", protestó nerviosa la señora Hernández. "No, no es mi problema si no escuchas lo que te digo, ¡debes prestar más atención!"

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Julia necesitó sentarse. Le temblaban las piernas. En la grabación, oyó a su niño llorar. "No seas payaso y no hagas tanto circo. ¡Y más te vale que no vayas a molestar a tu madre con estas tonterías!", lo amonestaba la maestra.

Otro niño intervino: "Disculpe, señora Hernández, pero yo tampoco la escuché y eso que escucho bien", dijo.

Julia se llevó una mano a la boca al oír la respuesta: "¡No, nada más eres un inútil! ¡Me tienen harta, tan pronto como pueda me voy así puedo trabajar con niños normales, no como ustedes!"

Visiblemente alterada, Julia concurrió al día siguiente a la escuela para hablar con el director. Le reprodujo la grabación, y el hombre escuchó, atónito. "¡No lo puedo creer! Hace seis años que la señora Hernández trabaja aquí", refirió.

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"Entonces hace seis años que maltrata niños, que no hablan porque ella los amenaza", retrucó Julia.

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"No se preocupe, señora Lessing, esto hoy mismo se termina", le dijo. Y así fue: el director llamó a la señora Hernández, y le reprodujo la grabación que la incriminaba. La maestra casi se desmaya del shock.

La señora Hernández renunció en el acto, y el director reportó el caso a las autoridades educativas. Quería asegurarse de que eso no volviera a pasar.

Una semana más tarde, la señora Palmares, una nueva maestra, llegó a la escuela. Era paciente y cariñosa, y los niños recuperaron la alegría y las ganas de aprender.

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Para reflexionar

1. Presta atención a los cambios de humor de tu hijo. Cuando un niño sufre maltrato, a menudo no lo cuenta, pero sus cambios repentinos de actitud pueden apuntar hacia eso.

2. El maltrato puede llegar de donde menos lo esperas. La conducta que alguien muestra cuando se sabe observado no necesariamente es la que tiene cuando se queda a solas con el niño. La gente puede no ser lo que parece.

3. Todos los niños merecen un entorno seguro y cariñoso en el que crecer y aprender.

Comparte esta historia con tus amistades. Puede inspirar a otros. 

Esta es una historia ficcional. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Si te interesó esta anécdota, puedes disfrutar otra historia familiar: la de una señora que pierde a su familia pero encuentra otra mejor.

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