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01 de septiembre de 2021

Maestro regaña al niño por llegar tarde, pero luego le agradece por eso - Historia del día

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Un maestro regañó a un niño por llegar tarde a clase. Cuando supo el motivo, se sorprendió mucho y más bien le agradeció al estudiante.

Toda su vida, la mamá de Leo le había enseñado a ser amable y servicial, y nunca pensó que eso lo metería en problemas. Leo era un chico dulce y, a los nueve años, era inusualmente responsable y considerado.

Desafortunadamente, Leo también se distraía a veces con facilidad y, de vez en cuando, llegaba algunos minutos tarde a la escuela, no todos los días, pero lo suficiente para llamar la atención de su maestro.

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Ese lunes en particular, Leo estaba decidido a llegar a tiempo. Incluso se había ido de casa diez minutos antes de lo habitual, pero el destino tenía otros planes para él. Mientras se preparaba para cruzar la calle frente a su casa, una señora que corría frente a él gritó.

Ella se cayó, doblándose el tobillo y Leo inmediatamente acudió en su ayuda. "Señora, ¿está bien?", le preguntó.

La señora era mayor que la madre de Leo, pero igual de bonita. Tenía lágrimas en los ojos y Leo podía ver que se le hinchaba el tobillo. "Me torcí el tobillo", explicó la mujer, con el entrecejo arrugado.

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Leo extendió su pequeña mano. "¿La ayudo a levantarse?" La mujer miró a su alrededor. La gente pasaba apresuradamente. Algunos la miraron con curiosidad, pero pasaron de largo. El único que se había detenido a ayudar era este chico flaco.

"Gracias", dijo la señora, y con la ayuda de Leo, se puso de pie. Trató de caminar, pero gritó de dolor cuando puso peso sobre su tobillo lesionado.

"Espere aquí", le dijo Leo, y rápidamente corrió a la bodega cercana y le pidió al dueño un poco de hielo. Regresó y presionó la bolsa de hielo contra el tobillo de la mujer. Ella miró al chico arrodillado a sus pies.

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"¿Cuál es tu nombre?", ella preguntó.

Leo miró hacia arriba y sonrió. "Mi nombre es Leonardo, pero mis amigos me llaman Leo".

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"Es un placer conocerte, Leo, gracias por tu ayuda", dijo. Con la mano en el hombro de Leo, bajó cojeando por la cuadra hasta una clínica cercana. Leo se sintió aliviado de verla en buenas manos y se apresuró a ir a la escuela.

Entró corriendo a clase justo cuando su maestra estaba a punto de entregar un cuestionario. "¡Leo!", exclamó el Sr. Pérez: "¡Llegas tarde OTRA VEZ!"

"¡Lo siento, Sr. Pérez! Me detuve porque..."

"¡No quiero escuchar excusas, Leo! Siéntate por favor, estás interrumpiendo la clase", dijo el profesor, molesto.

Después de que terminó la clase, el Sr. Pérez llamó a Leo. "Leo, es hora de que aprendas a ser responsable. Irás a detención todas las tardes durante las próximas dos semanas".

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"Pero profesor..." comenzó Leo, pero fue interrumpido.

Leo estaba muy triste. La detención significaba que se perdería la práctica de béisbol durante dos semanas enteras ... Pero el día siguiente trajo una gran sorpresa. El director anunció una asamblea en el gimnasio de la escuela después del almuerzo para toda la escuela.

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Leo estaba sentado en las gradas con sus amigos cuando entró el director. “Niños”, dijo, “estoy muy orgulloso de decir que tenemos un héroe entre nosotros. Ayer uno de nuestros estudiantes se distinguió por ayudar a una dama en apuros”.

"Esa señora, la Sra. Ramírez, me ha informado sobre este incidente y ha decidido recompensar a nuestra escuela y a este estudiante con una generosa donación. ¡Con este dinero podremos construir nuestra propia piscina cubierta!", añadió el director.

El director sonrió feliz. "Quiero que conozcan a nuestra benefactora, la Sra. Ramírez". Para asombro de Leo, ¡se trataba de la dama del tobillo torcido! Caminaba con un bastón, pero se veía muy feliz.

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"¡Leo!", llamó, "¡Por favor, ven aquí!"

Sonrojado, Leo bajó de las gradas y se acercó tímidamente a la Sra. Ramírez y el director. La mujer le dio un abrazo, el director le estrechó la mano y toda la escuela aplaudió.

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Todos se dirigían de regreso a clase cuando el Sr. Pérez detuvo a Leo en el pasillo. "Leo, ¿fue por eso que llegaste tarde a clase? ¿Te detuviste para ayudar a esa señora?" Leo bajó la cabeza y asintió.

"¿Pero por qué no me lo dijiste?", preguntó el profesor, antes de darse cuenta de que nunca dejó que hablara.

El docente se sonrojó y se irguió en toda su estatura. "Bueno Leo, entonces tengo que disculparme contigo. Debí haber escuchado lo que tenías para decir. ¡No más detenciones para ti!"

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Leo se fue corriendo a su próxima clase con una gran sonrisa en su rostro. ¡Después de todo, tendría práctica de béisbol!

¿Qué podemos aprender de esta historia?

1. Debemos escuchar a nuestros hijos. Los padres y maestros deben escuchar lo que los niños tienen que decir antes de tomar una decisión sobre algo.

2. Un acto de bondad siempre es recompensado. El acto de Leo llevó a que su escuela obtuviera una donación para construir una piscina que, de otro modo, no podrían haber costeado.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Esta es una obra de ficción. Nombres, personajes, negocios, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o hechos reales es pura coincidencia.

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