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Anciana echa a sus dos hijas: una estaba embarazada y la otra tenía un recién nacido - Historia del día

Georgimar Coronil
05 oct 2021
00:00

La señora Méndez echó a sus hijas de casa una noche de invierno, a pesar de sus continuas súplicas. Sin embargo, la mujer no tenía toda la culpa de lo que ocurrió aquel fatídico día.

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El destino de la señora Méndez nunca había sido benévolo con ella. Cuando era joven, perdió a sus padres en un accidente de auto. Además, su marido falleció justo después de que ella diera a luz a su segunda hija, Karen.

Como la Sra. Méndez no contaba con una buena educación, consiguió un modesto trabajo y alquiló una pequeña casa en donde vivía con sus hijas, Isabel y Karen.

Casa con nieve. | Foto: Shutterstock

Casa con nieve. | Foto: Shutterstock

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Durante su vida trabajó duro para mantener a su familia. También procuraba buscar tiempo libre para pasarlo con las niñas. Creía que, por muy ocupada que estuviera, siempre debía compartir ratos con ellas.

Sin embargo, cuando las chicas crecieron, el destino decidió ponerla a prueba una vez más. La Sra. Méndez recibió poco reconocimiento de sus hijas, a pesar de haber sido una madre diligente y cuidadosa durante toda su vida.

Sin embargo, no perdió la fe y esperaba que, tras graduarse en la universidad, consiguieran un trabajo y empezaran a ayudarla. Pero por desgracia, las cosas sucedieron de forma diferente.

La señora Méndez llegó a casa un día después de una larga jornada y se encontró con un joven desconocido. Su hija mayor, sonrojada, le presentó a su cónyuge.

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Isabel trajo a José y le dijo a su madre que residirían en su casa hasta que pudieran alquilar la suya. Y, por supuesto, los recién casados ni siquiera pensaron en su privacidad. Isabel y José se instalaron con la señora Méndez y Karen en la pequeña vivienda.

La Sra. Méndez, por decirlo suavemente, se volvió loca con esto, pero no pudo objetar nada. Volvió a confiar en la cordura de su hija. Pero como la casa era pequeña, con el tiempo surgieron discusiones.

Al principio, las hijas vivían en una habitación y la señora Méndez en otra. Luego, la hija menor, Karen, se trasladó a la habitación de su madre, mientras que su hija mayor y su esposo se quedaron en el otro cuarto.

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La Sra. Méndez había llegado a la edad de 60 años. Estaba cansada de cuidar a toda la familia y de adaptarse, pero no se opuso a nada por respeto a los sentimientos de sus hijas. Al fin y al cabo, una madre hace cualquier sacrificio por sus retoños. Y ella no era ciertamente la excepción.

Pareja de novios. | Foto: Pexels

Pareja de novios. | Foto: Pexels

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Sin embargo, un día se rindió. No pudo soportar más que la menospreciaran. Pasó de ser una dulce madre que lo había hecho todo por sus hijas, a una mujer que las echaba de casa.

Era una tarde en la que nevaba. La señora Méndez acababa de llegar a casa del trabajo y estaba sentada cerca de la chimenea calentándose cuando, de repente, oyó el timbre. Cuando abrió la puerta, vio a Karen con un chico.

"¿Por qué llegas a casa tan tarde, Karen? ¿Y quién es este joven?", inquirió la mujer, desconcertada.

Las mejillas de Karen se sonrojaron. "Bueno, se llama Andrés, mamá. Es mi novio".

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"No me dijiste que iba a venir, Karen", respondió la señora Méndez, disimulando su molestia por la costumbre de sus hijas de traer a sus amantes a casa.

"Oh, no, señora Méndez, no se preocupe", intervino Andrés. "¿Podemos entrar?"

La señora Méndez asintió vacilante y los hizo pasar. Le ofreció a Andrés un asiento frente a la chimenea y puso una tetera en el fuego.

Cuando terminó de preparar el té, dispuso tres tazas en la mesa de enfrente y le entregó una a Andrés. "¿A qué te dedicas, Andrés?", preguntó, tomando un sorbo de su taza.

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Taza de té. | Foto: Pexels

Taza de té. | Foto: Pexels

"Bueno, todavía estoy buscando un trabajo, señora Méndez. Sin embargo, espero poder establecerme pronto", respondió él.

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"Maravilloso. Entonces, ¿todavía vives con tus padres?"

"Bueno..." el chico comenzó a hablar, pero Karen le cortó. "Mamá, Andrés y yo estamos planeando mudarnos juntos. Su padre es bastante estricto, ¡y le ha dicho a Andrés que no podemos casarnos hasta que haya encontrado un trabajo! Y..."

"¿Y?" La señora Méndez miró a Karen con desconcierto.

"Andrés y yo estamos esperando un hijo, mamá. Estoy embarazada."

La señora Méndez se quedó sorprendida. "¡¿Un hijo?! Ustedes no están en buena situación económica y tampoco tienen un lugar donde vivir. ¿Cómo piensan criar a ese niño?"

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"Eso es lo que estaba diciendo... estábamos pensando en mudarnos aquí", dijo Karen en voz baja.

"¿Qué? De ninguna manera, Karen", afirmó enfáticamente la señora Méndez. "No tenemos suficiente espacio. Isabel y su marido llevan ya unos dos años aquí, y ninguno de los dos ha podido encontrar trabajo. Sigo manteniéndolos, y no creo que pueda volver a hacerlo".

Mujer hablando con su hija. | Foto: Pexels

Mujer hablando con su hija. | Foto: Pexels

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"Pero mamá, si Isabel puede quedarse aquí con su esposo, ¿por qué yo no? Andrés y yo seguro que conseguimos un trabajo. Puedes hacer los ajustes en la sala de estar o posiblemente en la cocina en lo que respecta al espacio. Andrés y yo nos instalaremos en tu habitación".

La Sra. Méndez colocó su taza sobre la mesa en silencio y le sonrió. "Tienes razón, cariño. Tenemos que hacer algunos ajustes".

"¿De verdad? ¿Podemos quedarnos?" Karen estaba extasiada.

"¡No, cariño, tienes razón en que no debería haber permitido que Isabel se quedara aquí!" La señora Méndez gritó a todo pulmón. "¡Todos ustedes vengan aquí, rápido!" Isabel y su marido salieron rápidamente de su habitación.

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"¡Tienen que salir de aquí ahora mismo! Recojan sus pertenencias y busquen su alojamiento."

Todos se quedaron atónitos. "Pero mamá, ¿a dónde vamos ahora? Está nevando afuera, y no tenemos dinero ni ningún otro lugar donde quedarnos. Además, tengo un bebé, y Karen está embarazada", expresó Isabel con disgusto.

"Bueno ese es tu problema cariño. Lo he sacrificado todo por ustedes, incluso mi comodidad. ¿Pero qué hicieron ustedes? Se han aprovechado de mí. Hoy, mi hija menor me exigió que durmiera en la cocina para que su novio estuviera cómodo. ¿Hablan en serio? ¿No respetan a su madre en absoluto?".

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Maleta con ropa. | Foto: Pexels

Maleta con ropa. | Foto: Pexels

De repente, el silencio envolvió toda la habitación.

"¡Permanecer en silencio no les va a servir de nada! Solo tienen una hora. Muévanse". La señora Méndez volvió a tomar la palabra.

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Isabel y Karen intentaron por todos los medios convencer a su madre de que no las echara de casa. Pero la señora Méndez fue inflexible, y esa noche, Isabel y Karen tuvieron que marcharse. Sin embargo, diez años después, el destino las llevó de nuevo a la casa de su madre.

Una tarde, las hijas visitaron a su madre y lloraban desconsoladamente. Dijeron que una vez que empezaron a vivir solas y a criar a sus hijos, se dieron cuenta de cuántos sacrificios hay que hacer.

Afirmaron que les resultaba difícil adaptarse a las exigencias de sus hijos y, al mismo tiempo, ocuparse de las facturas y de todo lo demás.

"Lo sentimos, mamá, no teníamos ni idea de lo mucho a lo que estabas renunciando por nosotras. Entendemos lo duro que debe haber sido para ti", dijo Isabel.

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Mujeres conversando. | Foto: Pexels

Mujeres conversando. | Foto: Pexels

"Sí, mamá. Por favor, perdónanos. De hecho, por favor, múdate con una de nosotras. Sentimos no haber contactado contigo ni una sola vez en diez años", explicó Karen.

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A la señora Méndez se le llenaron los ojos de lágrimas y las abrazó. "¡Ah, mis niñas por fin han crecido! Por cierto, ¿cuándo nos reunimos todos para una cena familiar en mi casa? Y no se preocupen, ¡tenemos espacio suficiente para todos!".

Los tres se echaron a reír, y a partir de ese día los nietos de la señora Méndez la visitaron a menudo. Volvieron a ser una familia feliz.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

A veces, hay que ser estricto con los hijos para que se den cuenta de sus errores: Si la señora Méndez no hubiera sido estricta con sus hijas, estas nunca se habrían enterado de los sacrificios que hizo su madre.

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Hay que valorar a los padres: La forma en que Isabel y Karen se aprovecharon de la bondad de su madre no fue en absoluto correcta.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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