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11 de octubre de 2021

Mi madre me abandonó por dinero, pero yo la perdoné cuando ella estaba hospitalizada - Historia del día

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Mi madre nos abandonó para seguir su sueño de ser una actriz de Hollywood, y no quiso saber de nosotros después de hacerse famosa. Pero el karma la castigó duramente por ello.

"Lo siento, Andrés. Me tengo que ir. Este productor ejecutivo me ofreció una oportunidad única en la vida", escuché a mi madre decirle a mi padre. Cuando llegué a la sala, vi que ya tenía sus cosas empacadas.

"Mami, ¿a dónde vas?", le pregunté.

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"María, ¿recuerdas que te conté que mi sueño es ser actriz? Bueno, por fin va a pasar. Pero tengo que irme por un tiempo", me respondió.

"Podemos ir contigo", le sugerí.

"¡No! Tú y tu padre tienen que quedarse aquí. Tengo que hacer esto por mi cuenta", dijo.

"Livia, ¡no nos puedes hacer esto! ¿No has pensado en nosotros?", le dijo mi padre.

"Andrés, solo nos casamos porque quedé embarazada, y lo dejé todo por eso. Tengo que aprovechar esta oportunidad", explicó mi madre. Tomó su equipaje y salió por la puerta. Un hombre en un auto lujoso la ayudó a guardar sus cosas.

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Se despidió con la mano, y no volví a verla por mucho tiempo. Meses después, vi su rostro en una publicidad en televisión, y luego tuvo un papel en un nuevo programa de televisión. Mis amigos comenzaron a preguntar por ella tras verla en las revistas.

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Incluso había rumores de que había comenzado a salir con el productor de su serie antes de finalizar su divorcio con mi padre. Yo simplemente echaba de menos a mi mamá. Nunca había sido muy cálida, pero era mi mamá.

También odiaba ver a mi papá tan triste todo el tiempo. Pasaron unos años sin hablar directamente con ella. Solo sabíamos de ella por las noticias. Entonces, decidí tomar cartas en el asunto.

"Papá, ¿hay alguna forma de que visitemos a mamá en el plató de una de sus películas?", le pregunté a mi padre. Se quedó pensativo un momento y respondió:

"Mi cielo, tu mamá está demasiado ocupada en estos días. Puede que ni siquiera tenga tiempo para nosotros".

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"¿Quieres decir que ya no quiere volver a vernos?", le pregunté consternada. "¡No, no quiero decir eso!", dijo rápidamente. "Ella quiere verte, siempre, pero su carrera tiene un ritmo muy frenético".

"Está bien. No tenemos que ir", dije tristemente, y me metí en mi cuarto. Pero mi papá ahora sabía lo que más quería, y a los pocos días me sorprendió regalándome boletos de avión para Los Ángeles.

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Cuando llegamos a Los Ángeles, la asistente de mi mamá nos llevó al estudio sin problemas. Varios miembros de su personal me dijeron que era idéntica a ella y me saludaron con sonrisas.

"Señorita Bustos, su familia está aquí para verla", dijo la asistente al abrir la puerta del camerino de mi mamá. "¿Mi familia?", preguntó extrañada.

"Sí. Su hija y su exesposo están aquí", dijo la asistente. Nos llevó al interior del camerino y se fue.

"¿Qué están haciendo ustedes aquí?", preguntó mi madre con el ceño fruncido.

"Livia, María te quería ver. Hace años que no le escribes ni una carta", explicó mi padre.

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"¡Mamá! He visto todas tus películas y todos tus programas de televisión. ¡Eres la mejor!", dije yo.

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"Gracias, María",  dijo mi mamá, aunque sin mirarme. "Andrés, debiste haber llamado para preguntar. No tengo tiempo para esto. Estoy grabando. Tengo que estar enfocada, y casi nadie sabe que tengo una hija. Por favor, váyanse".

"Livia, por favor, pasa algo de tiempo con María. La recogeré más tarde. Muéstrale el plató. Ella se porta muy bien", rogó mi padre.

"¡No! No voy a cambiar de opinión. No voy a estar haciendo de esposa y madre de familia en mi propio plató. Necesito que se vayan, rápido, antes de que alguien los vea", dijo mi madre fríamente.

"Mamá, ¿no quieres pasar tiempo conmigo? No te he visto desde que tenía ocho años. Ya tengo 12", le dije.

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"María, no puedo hacer esto ahorita. Tienes que irte con tu padre", dijo, y llamó a su asistente para que nos escoltara hasta la salida. Cuando la asistente pidió perdón en su nombre y nos cerró la puerta del estudio en la cara, perdí todo el cariño que sentía por mi madre.

Volvimos a casa. Leí muchos rumores sobre mi madre en revistas de espectáculos. La consideraban una diva en el plató. Otros actores supuestamente odiaban trabajar con ella, y los estudios estaban hartos de sus exigencias. Pero nunca pude confirmar esos rumores.

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Un día, vi en Twitter que mi mamá había sido hospitalizada. Mi padre no sigue las noticias de los famosos, ni tiene redes sociales, así que decidí no decirle nada. Un mes después, ella lo llamó por teléfono. "Papá, no quiero ir", le dije.

Papá dijo que íbamos a verla en el hospital. Aparentemente, había sufrido una apoplejía y necesitaba ayuda. "María, es tu madre. Tenemos que ayudarla", dijo mi papá.

"¿No recuerdas cómo nos abandonó para hacerse famosa? ¿Lo que hizo hace años en aquel estudio? Nos echó como si fuéramos basura. Yo no tengo madre", respondí, muy molesta.

"María, sé que es difícil, pero a veces, tienes que perdonar a las personas que te han hecho el mayor daño para poder sanar. Puedo ver lo mucho que te dolió que ella se fuera, pero esto podría ser algo bueno para ti", agregó mi padre.

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No pude decirle que no después de eso. Cuando llegamos al hospital, los doctores dijeron que estaba lúcida, pero que pasarían meses o años antes de que recuperase el uso de sus piernas o de su brazo derecho.

Mi papá era un hombre tan gentil que se quedó para ayudarla. Ella también necesitaba dinero. El estudio la había obligado a pagar una cuantiosa suma por no poder cumplir su contrato. El productor se olvidó de ella, y ninguno de sus amigos famosos estuvo ahí para ayudarla.

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Éramos lo único que le quedaba en el mundo. Mi papá pagó todos los gastos. Yo también ayudé a cuidar de ella, pero casi no le dirigí la palabra. Ella intentó entablar conversaciones, pero yo no podía perdonarla.

Luego de meses de rehabilitación, mejoró considerablemente. "Andrés, ¿será posible que tú y yo volvamos a empezar las cosas entre nosotros?", le preguntó a mi padre.

"Lo siento, Livia. Yo ya te perdoné, pero no puedo olvidar lo que hiciste. Sin embargo, siempre voy a estar ahí para apoyarte, porque eres la madre de mi hija", respondió.

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"No quiero volver al mundo de Hollywood", dijo mi madre. "María, ¿crees que podrías darme la oportunidad de ser tu madre de nuevo?", me preguntó.

"No estoy segura", le dije.

"Pero podemos probar. ¡Voy a hacer lo mejor que pueda!", me respondió. Tomó un largo tiempo, pero la perdoné, y volví a verla como mi madre. Y, eventualmente, mi hija tuvo a la mejor abuela del mundo.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

El dinero y la fama no importan al final. Hay muchas cosas que el dinero no puede comprar, como el amor y la amistad.

Tus verdaderos amigos y seres queridos están ahí en los tiempos difíciles. Nadie ayudó a Livia cuando las cosas comenzaron a salir mal, solo su verdadera familia.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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