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Un bebé llorando | Foto: Shutterstock
Un bebé llorando | Foto: Shutterstock

Mamá oye a un hombre decir "silencio" en el monitor de bebé, pero nunca antes había escuchado esa voz - Historia del día

Georgimar Coronil
09 oct 2021
17:20

Una joven madre se sobresaltó al oír una voz desconocida que decía "silencio" a su bebé. Preocupada, corrió hacia su hija, pero lo que descubrió le enseñó una valiosa lección.

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Javier y Mariana eran padres jóvenes. Todavía estaban en la universidad cuando nació Alicia, y después de que la pareja se graduara, decidieron continuar con su estilo de vida activo y se fueron de campamento con su hija de un año.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Para su sorpresa, el viaje resultó ser mucho más agotador de lo que habían previsto, porque Alicia no paraba de llorar y ellos estaban cansados de intentar calmarla. Javier y Mariana se sentían tan agotados al final del día que decidieron parar en un lago cercano en lugar de su destino final.

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Sin embargo, como estaba oscureciendo, se tomaron un rápido descanso y empezaron a hacer planes para la noche. Javier intentó montar una tienda de campaña, y Mariana buscaba alimentos para la cena, pero Alicia empezó a llorar de nuevo.

"Oh no, Javier, está llorando otra vez. Tengo que ocuparme de nuestra cena, así que tendrás que ir a verla esta vez", refunfuñó Mariana. Ella sabía en el fondo que simplemente estaba demasiado cansada para ir a consolar a Alicia después de un día tan largo.

"Pero yo también estoy cansado, Mariana", replicó el padre. "Y sabes que Alicia no me escucha. Necesita a su madre todo el tiempo".

"Muy bien, entonces ve a buscarla. Estoy demasiado cansada para caminar ahora. Ni siquiera tengo fuerzas para moverme", dijo la mamá.

"Pero Mariana..." Antes de que Javier pudiera terminar su frase, la atención de la madre fue atraída por una voz masculina en el monitor del bebé. "Silencio, está bien, bebé. Deja de llorar", dijo la voz.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

Mariana se dio cuenta de que no había escuchado esa voz antes. "¡Javier!", gritó. "¡He oído la voz de alguien cerca de Alicia! ¡Tenemos que ir por ella ahora!".

"Espera, ¿qué? ¿Estás...?" Antes de que Javier pudiera completar su frase, Mariana corrió hacia Alicia. Javier la siguió, y descubrieron a un extraño sentado junto a su hija, intentando calmarla.

Mariana levantó a Alicia y la acunó en sus brazos. "Está bien, cariño. Está bien, mamá está aquí. No tienes que preocuparte". Luego se volvió para mirar al hombre. "¿Qué hace aquí y quién es usted?".

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El sujeto le sonrió. "No se preocupe. Solo soy un sacerdote. Pasaba por el bosque cuando escuché el llanto de su hija. Espero que esté bien ahora".

Mariana se fijó en la Biblia que tenía en la mano y en la cruz que llevaba. "Oh, no lo sabía. Gracias por su ayuda", dijo, ocultando su vergüenza por haber dudado de él cuando lo único que hacía era ayudarles.

El cura se limitó a asentir y se preparó para marcharse, pero entonces Mariana le detuvo. "En realidad, ¿le importaría acompañarnos a tomar el té? Ha intentado ayudarnos y deberíamos agradecérselo como es debido".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Unsplash

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"Oh, no, está bien. Pensaba irme de todos modos", explicó, pero Javier y Mariana insistieron en que se uniera a ellos, así que finalmente accedió.

Mariana colocó una tetera en el fuego, y todos se sentaron alrededor de ella. Javier tenía a Alicia en brazos, y el cura la miraba con adoración.

Mientras la madre le entregaba una taza de té, él le preguntó suavemente: "Debió de asustarse cuando me vio a solas con su hija, ¿verdad?". Mariana asintió con la cabeza, avergonzada. "Bueno, es natural que se sienta así, pero le sugiero que nunca deje a su hija llorando sola", continuó.

Tanto Javier como Mariana lo miraron con desconcierto. El hombre sonrió. "No se confundan. Siéntense. Permítanme compartir una historia con ustedes... Cuando era un joven sacerdote, trabajé para un orfanato en Brasil. Una vez entré en una sala enorme, había cientos de niños acostados en sus cunas. Me sorprendí porque la habitación estaba en un silencio ensordecedor".

"Normalmente, los bebés suelen hacer muchos ruidos, pero ninguno de ellos lloraba. Me preocupé y le pregunté a la trabajadora del orfanato si los niños estaban bien. Pero la respuesta que me dio se me quedó grabada para siempre".

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El sacerdote dio un sorbo a su taza y se dio cuenta de que Javier y Mariana le miraban fijamente, perplejos. "¿Pero qué dijo la trabajadora?", dijo Javier de repente. "¿Por qué los bebés estaban tan callados?".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

"En realidad, sí. A mí también me habría parecido extraño", añadió Mariana.

El cura sonrió ante la curiosidad de los jóvenes padres y continuó: "Bueno, dijo que al principio los bebés lloraban todo el tiempo sin cesar. Era su forma de expresar su angustia y de pedir ayuda a sus padres. Sin embargo, con el tiempo se callaron porque se dieron cuenta de que nadie venía a consolarlos".

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"Ese silencio atestigua la desesperanza que reina en el alma de los bebés. Si se callan, significa que reconocen que están solos y que no se les quiere, y por tanto, se desprenden rápidamente de la necesidad de ser atendidos."

Cuando el sacerdote terminó, Javier y Mariana se llenaron de culpa. Miraron a Alicia y recordaron la discusión que habían tenido hace un rato sobre quién debía consolarla. Se sintieron muy mal por haber ignorado a su hija y se juraron que no volverían a hacerlo.

Mariana abrazó a Alicia y la besó en la frente. "No importa lo agotadas que estemos. Siempre estaremos ahí para ti, cariño, ¿de acuerdo?".

"Sí, cariño", añadió Javier. "Papá y mamá nunca te dejarán sola. Es una promesa".

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • Convertirse en padres requiere un gran compromiso: En lugar de consolar a su hija, Javier y Mariana estaban ocupados discutiendo sobre quién iba a cuidarla.
  • Todos cometemos errores, pero solo los sabios aprenden de ellos: Después de escuchar la historia del sacerdote, Javier y Mariana se dieron cuenta de que no debían haber dejado sola a Alicia.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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