Mi esposo trajo una niñera bonita a casa y dice que vivirá con nosotros, estoy preocupada - Historia del día

Diego Rivera Diaz
01 nov 2021
12:00
Compartir
FacebookTwitterLinkedInEmail

Mi esposo trajo a casa a una linda niñera y dijo que se quedaría con nosotros. Desde el momento en que cruzó la puerta de mi casa, supe que algo no andaba bien. Lamentablemente, mis sospechas resultaron verídicas.

Publicidad

Enrique y yo buscamos una niñera para nuestro hijo por más de tres meses. Todas habían sido una decepción. Pero un día, Enrique me llamó y me dijo que había encontrado a una niñera profesional.

Llegó a casa y había traído consigo a Clara, una hermosa jovencita de 20 años."Hola, amor. Te presento a Clara", dijo Enrique. "Se quedará a vivir con nosotros".

Joven y hermosa mujer con atuendo sensual. | Foto: Shutterstock

Publicidad

Yo estaba atónita. "¿Qué demonios está pasando? ¿Y esta quién es? ¿Por qué habría de quedarse?", pregunté, confundida.

"Bueno, sabes, veníamos buscando una niñera, y Clara es la candidata perfecta", explicó. Yo no estaba nada convencida de que fuera solo eso.

En el instante en el que vi a Clara, supe que algo no andaba bien. Su vestimenta no era muy apropiada para ser una niñera profesional. Y mi marido se comportaba de una forma muy extraña alrededor de ella. Todo eso me hizo sospechar.

"¿Estás seguro de que va a poder cuidar a nuestro hijo, Enrique?", le pregunté sin rodeos.

Publicidad

"Sí, amor", me dijo Harry. "Tiene mucha experiencia y sus referencias son perfectas". Sin embargo, me costaba creer que Enrique estuviera diciendo la verdad.

Me acerqué a él. "¿Qué estás tratando de hacer, Enrique?", le pregunté en voz baja, pero muy seria. "Es una niña de 20 años. Y mira cómo está vestida. ¿Crees que será un buen modelo a seguir para nuestro hijo?", le pregunté.

"Ay, por Dios, Sara. Detente. Clara es una profesional, ¿de acuerdo? Tengo mucha suerte de haber podido conseguir una niñera así. Bueno, TENEMOS mucha suerte".

Publicidad

Pareja en discusión. | Foto: Shutterstock

Miré a Enrique con furia. "Bueno, Enrique, sé que nos ha costado mucho encontrar una niñera. Pero me hubiera gustado que me consultaras primero. ¿Cómo puedo confiar en alguien así? No me parece apropiado", le dije.

Publicidad

Pero Enrique no me hizo caso y la mantuvo como niñera. “Ay, por favor Sara. Clara es la mejor opción para el puesto”, dijo. “Pasará tiempo con nuestro hijo y tendremos más tiempo para estar juntos. Piénsalo".

"No sé, Enrique. No me parece. Todavía siento que ...", dije, pero él me interrumpió antes de que pudiera terminar y se dirigió hacia Clara.

"Bien, Clara, puedes quedarte con la habitación de visitas. ¡Por favor, siéntete como si estuvieras en tu casa! Estoy seguro de que le encantarás a nuestro hijo", le dijo.

Clara me miró con una gran sonrisa. "Muchas gracias por la oportunidad, Sra. Millán", me dijo. "Me siento muy afortunada de haber hallado un lugar como este para trabajar".

Publicidad

Realmente tenía muchas dudas sobre contratar a Clara, pero Enrique era demasiado rígido. Finalmente, tuve que ceder. Desafortunadamente, ese sería mi más grave error.

Un día, volví a casa temprano del trabajo. Había dejado mis cosas en la sala y estaba a punto de entrar a la alcoba cuando vi a Clara y Enrique juntos en la cama.

"Estoy tan feliz de que hayamos podido hacer que esto funcionara", escuché a Clara decirle a mi marido. "Todavía no puedo creer que se lo haya creído".

Pareja en cama. | Foto: Shutterstock

Publicidad

Enrique tenía a Clara entre sus brazos y sonreía. "Sí, ¿verdad? No puedo creer que sea tan estúpida. Parece que dejó de usar su cerebro o algo”, dijo.

Clara se echó a reír. "Tu esposa es demasiado inocente, Enrique. Pero, ¿qué vas a hacer con ella? Es más, tienen un hijo juntos. El que se supone que yo cuide", dijo, riéndose.

"Ay, no te preocupes por eso. Tengo un plan", le dijo Enrique. "Voy a lograr que ella nos abandone. De hecho, huirá corriendo de nosotros", dijo con una sonrisa maliciosa.

Clara le devolvió la sonrisa y abrazó a Enrique con fuerza. “Ay, gracias, Enrique. No puedo creer que haya pasado de desempleada a vivir con un hombre tan apuesto. ¡Solo falta deshacernos de la estúpida de tu esposa!", dijo la chica.

Publicidad

Enrique sonrió de oreja a oreja y la besó y abrazó con fuerza. Yo no podía creer lo que estaba oyendo. Mis peores miedos en esta vida se habían hecho realidad.

Clara era amante de Enrique. Pero, por alguna razón, enterarme de eso no me devastó. Quizás parte de mí se esperaba que algo así sucediera. Sea como sea, decidí darle a ambos una buena lección.

Hablé con Clara a la mañana siguiente. Ella estaba preparando su desayuno cuando me acerqué a hablarle. "Oye, Clara, ¿cómo va todo? ¿Te sientes cómoda aquí?".

"Sí, señora Millán. Todo está muy bien", dijo suavemente.

Publicidad

Mujer adulta y jovencita tomando café. | Foto: Shutterstock

No puedo expresar lo furiosa que me sentí al verla fingir ser una niñera dulce e inocente. Pero tuve que contener mi ira, porque ya tenía un plan.

Publicidad

"Ay, qué bien que te sientas cómoda, estás en tu casa", le dije con toda la calma del mundo. "Me hacía falta otra mujer por aquí. Así podemos hablar bien, ser amigas, contarnos cosas. Hablemos de Enrique. Ustedes se conocen desde hace  tiempo, ¿no?".

Su rostro cambió por completo cuando mencioné a Enrique. Tras una incómoda pero breve pausa, creo que recordó que debía fingir ser amable, y sonrió mientras asentía con la cabeza lentamente.

En medio de la conversación, le dije directamente a Clara que sabía que era la amante de mi marido. Le dije que no me molestaba, porque Enrique ya había tenido muchos amoríos antes. Era una mentira bien calculada.

Publicidad

Clara se mostró reacia a creerme, al principio, pero poco a poco fue aceptando lo que le decía. Ahora, era el turno de Enrique. Y me aseguré de tener la cooperación de Clara.

Cuando Enrique volvió a casa después del trabajo ese día, Clara y yo estábamos sentadas en la sala esperándolo. En el momento en que cruzó el umbral, Clara comenzó a gritar.

Chica joven gritando. | Foto: Shutterstock

Publicidad

“Entonces, ¿cuántas novias tienes, Enrique? Ya sé que no soy la única. O, bueno, nunca fui la única", dijo, y me miró por un momento. "¡No me vengas con mentiras ahora! Tu esposa me lo contó todo".

Enrique me miró con cara de inocente. "¿Qué es esto, Sara? ¿Qué tonterías le dijiste a la niñera?".

"¿Tonterías? Una tontería es ser un hombre casado y mudar a tu amante a tu casa y pensar que te saldrás con la tuya. Eso es realmente tonto", respondí fríamente.

Enrique me miró de arriba a abajo, sorprendido. En un segundo, se dio la vuelta y comenzó a hablarle a Clara. "Por favor, mi amor, no le creas. Te está mintiendo". 

Publicidad

"Pero, ¿cómo te voy a creer, Enrique? Tú le mentiste a tu esposa sobre mí. ¿Cómo sé que no me estás mintiendo a mí ahora? Eres un mentiroso".

"Pero, Clara...", dijo mi esposo. Antes de que pudiera terminar, lo interrumpí.

"Nadie quiere escuchar tus historias baratas, Enrique. Empaqué tus maletas. Te vas a ir de esta casa hoy mismo. Nuestro hijo se queda conmigo. Y Clara se quedará a ayudarme".

Par de maletas empacadas. | Foto: Shutterstock

Publicidad

En cuanto Enrique se marchó, Clara comenzó a sonreír de oreja a oreja. "Muchas gracias por todo, señora Millán. Tengo mucha suerte de haber conseguido un trabajo como este", dijo.

Era el momento perfecto para terminar de darle su lección. "Ay, no, querida. No entendiste nada. Tú no te vas a quedar aquí. Tienes 10 minutos para irte de mi casa, o llamo a la policía".

Clara se quedó boquiabierta. "Pero... no entiendo... ¡me dijo hace un momento que nos íbamos a quedar juntas aquí! No tengo a dónde ir. ¿No y que éramos amigas?".

Publicidad

"Vaya, sí que eres inocente, niña. ¿En serio creíste que ibas a acostarte con mi marido a mis espaldas, en mi propia casa, y luego te iba a dejar vivir conmigo?", dije con mucha sorna.

"Todo lo que te dije era mentira, una mentira para exponerte a ti y a mi marido infiel. ¡Ahora, lárgate de mi casa! Y a ver si aprender a dejar de meterte en matrimonios ajenos, ¿entendiste?", concluí.

Clara empacó sus cosas rápidamente y se fue llorando de mi casa. Sus lágrimas no me afectaron en lo más mínimo. Estaba muy satisfecha de haberle dado a todos su merecido.

Mujer feliz y sola en casa. | Foto: Shutterstock

Publicidad

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Nunca engañes a alguien que amas. El castigo puede ser feroz.

Si haces mal a los demás, el karma te llegará tarde o temprano. En esta vida siempre pagamos lo que le hacemos a los demás.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

Publicidad