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Mujer compra casa vieja por precio sospechosamente bajo y luego nota que los vecinos le temen - Historia del día

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Una mujer se muda a la casa embrujada más famosa del vecindario y todos los niños piensan que es una bruja.

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Había un gran camión de mudanzas estacionado frente a la casa embrujada. ¡Alguien se estaba mudando! El pequeño Tomás Hernández, que vivía al otro lado de la calle, inmediatamente corrió la voz a los otros niños del vecindario.

La casa encantada estaba a punto de ser ocupada nuevamente por primera vez en 20 años. Eso significaba que la maldición se reactivaría, ¡el terror acecharía las calles! ¡O al menos, eso esperaba Tomás!

Casa vieja con apariencia deteriorada. | Foto: Shutterstock

Casa vieja con apariencia deteriorada. | Foto: Shutterstock

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El niño y sus otros amigos, Robertico y Armandito, observaban desde detrás del cerco de su casa con los binoculares que usaba su abuela para observar aves.

Los hombres de la mudanza llevaban cajas de cosas y muebles cubiertos con sábanas, pero nada particularmente emocionante.

“Escuchen”, dijo Tomás. “Cualquiera que compre esta casa tiene que estar loco o...”.

“¿O qué?”, preguntó Robertico ansioso.

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Tomás se inclinó y susurró: “¡O en alianza con las fuerzas oscuras!”.

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Los ojos del otro chico se agrandaron aún más. “¿Tú crees? Mi mamá dice que es una mujer de Guanajuato...”.

“Lo que no sabes, Robertico”, dijo Armandito, “es que cuando La Llorona escapó, lo hizo a Guanajuato... ¿Entiendes?”.

Unos niños jugando sobre el pasto. | Foto: Pexels

Unos niños jugando sobre el pasto. | Foto: Pexels

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En ese momento, un viejo automóvil averiado se detuvo frente a la casa embrujada y salió una mujer alta y delgada con el pelo largo y oscuro. Se veía un poco bruja, pensó Robertico. La dama comenzó a hablar con los hombres de la mudanza y no parecía feliz.

Luego, de repente, miró por encima de su hombro. “¿Qué están haciendo ahí, chicos?”, preguntó ella bruscamente. “Es de mala educación espiar a la gente. ¡Esto no es un espectáculo!”. Los tres chicos salieron de detrás de los arbustos y corrieron hacia la casa de Tomás.

“¿Cómo nos vio?" preguntó el niño con el corazón latiendo salvajemente en su pecho. “¡Estábamos detrás del cerco!”.

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“¡Visión de bruja!”, susurró Armandito.

“Quiero irme a mi casa”, dijo Robertico, que estaba tratando de no llorar.

En ese momento entró la mamá de Tomás. “¿Qué está pasando?”, preguntó.

Hombres descargando objetos de un camión de mudanzas. | Foto: Unsplash

Hombres descargando objetos de un camión de mudanzas. | Foto: Unsplash

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“¡La señora de la casa embrujada nos gritó!”, se quejó Tomás. “Y solo estábamos mirando...”. No le dijo a su madre que estaban mirando desde detrás del cerco con binoculares. Tomás no era tonto.

“¡Cómo se atreve!”, gritó la mamá del niño. “Iba a ir más tarde con un pastel, ¡pero ahora ni loca!”.

Se corrió la voz rápidamente de que la nueva dueña de la casa encantada era arrogante y desagradable y les gritaba a los niños, por lo que el vecindario, que normalmente era acogedor, decidió ignorarla.

A la dama, cuyo verdadero nombre era Alicia Heredia, le hubiera caído muy bien un poco de amabilidad y algunas palabras de bienvenida.

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Se había divorciado recientemente de su esposo, con el que había pasado 12 años. Él le había dicho que no quería al bebé que llevaba en su vientre.

Niño observando el horizonte con unos binoculares. | Foto: Unsplash

Niño observando el horizonte con unos binoculares. | Foto: Unsplash

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Ella tampoco había pensado que quería tener hijos, pero cuando se enteró de que esa pequeña persona crecía dentro de ella, supo que tenía que conocerla. Así que se divorció de su rico marido y consiguió un pequeño acuerdo de separación.

De hecho, la única casa que podía pagar era esta antigua ruina que nadie quería debido a una vieja historia. Pero Alicia era una buena periodista, así que investigó un poco y descubrió que no había fantasmas, asesinatos ni zombis en el pasado de la vivienda.

Hace muchos años, un hombre desagradable había vivido en la casa y trataba mal a su familia. Todos lo fueron abandonando uno a uno, hasta su esposa.

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La historia de los fantasmas se debe al hecho de que, hacia el final de su vida, el hombre se paraba en la ventana más alta y miraba hacia la calle.

Entonces, la figura de un hombre en una ventana se había convertido en un fantasma que acechaba la casa, y el precio de la propiedad se había desplomado.

A Alicia no le importó eso. La había comprado barato y tenía la intención de hacer un poco de restauración ella misma.

Mujer embarazada sosteniendo su panza en medio de un campo. | Foto: Unsplash

Mujer embarazada sosteniendo su panza en medio de un campo. | Foto: Unsplash

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Ella se sentía muy sola al principio. No tenía familia y sus amigos estaban repartidos por todo el país. Nadie en el vecindario había mostrado interés en conocerla. Entonces, una tarde, la mujer encontró un gatito negro atrapado en el techo de su porche.

Ella lo atrajo con tazones de leche y lo adoptó de inmediato. Lo que no sabía era que todo lo que hacía estaba siendo vigilado de cerca.

Tomás, Robertico y Armandito estaban seguros de que Alicia era una bruja malvada, y cuando adoptó un gato negro, eso fue prueba suficiente. Corrieron la voz, y todos los niños del vecindario ahora sabían que había una bruja en la casa encantada.

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Los tres niños estaban pasando el rato juntos cuando se encontraron con Alfredo Solano que vivía dos calles más arriba. El chico comenzó a preguntar por la bruja, y luego dijo: “¡Apuesto a que ustedes se orinan en sus pañales solo con mirar esa casa!”.

“¡No, no es así!”, dijo Robertico valientemente. “¡Tomás una vez tocó la cerca de esa casa!”.

“¿La cerca?”, rio Alfredo. “¡Apuesto mi nueva patineta a que Tomás no tocaría la puerta de la entrada!”. Estalló una gran discusión entre los chicos, unos afirmando que “sí lo harían” y el otro que “no lo harían”.

Persona sosteniendo un pequeño gatito negro. | Foto: Unsplash

Persona sosteniendo un pequeño gatito negro. | Foto: Unsplash

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Finalmente, decidieron encontrarse a medianoche frente a la casa encantada. Allí Tomás demostraría de una vez por todas que no tenía miedo de entrar y tocar el porche de la bruja.

Todos lograron escabullirse y estaban al acecho junto al cerco, mientras el niño que intentaría probar su valentía entraba con cuidado. Paso a paso se fue acercando al porche hasta que de repente estaba allí.

Tomás extendió una mano y golpeó la pared de la casa, luego se dio la vuelta para correr de regreso, y fue entonces cuando todo salió mal. Su pierna pareció retorcerse y los otros chicos escucharon un grito ahogado.

En ese mismo momento, una extraña figura blanca flotante cruzó el jardín hacia Tomás. “¡Corran!”, gritó Alfredo, quien olvidó que él era el valiente. “¡CORRAN!”.

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Pero Tomás no podía correr, su pierna no le permitía estar de pie, así que esperó y vio que la figura era la bruja con un vestido blanco largo y fluido. “¡Por favor!”, gritó el niño. “¡No me mate!”.

Una figura envuelta en una manta blanca flotando en medio del bosque. | Foto: Pexels

Una figura envuelta en una manta blanca flotando en medio del bosque. | Foto: Pexels

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Alicia se arrodilló junto al chico y le tocó el tobillo. “No voy a matarte”, dijo con calma. “Pero tu tobillo está muy torcido. Necesitas un médico”.

Tomás tuvo que darle a Alicia el número de teléfono de su mamá y resultó ser una conversación muy interesante. Esta prometía muchas restricciones en el futuro del niño. Entonces Alicia llamó al 911.

También le llevó a Tomás un poco de hielo para el tobillo y le sostuvo la mano mientras esperaban. Alicia le pareció agradable al chico. La mujer le dijo que estaba arreglando la vieja casa para ella y su bebé.

“¿Pero no le tienes miedo al fantasma?”, preguntó Tomás.

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Alicia rio. “No, Tomás. El único fantasma por aquí es el fantasma de la crueldad y el miedo, ¡y supongo que lo acabamos de desterrar!”.

Niño frente a una casa usando un sombrero. | Foto: Pexels

Niño frente a una casa usando un sombrero. | Foto: Pexels

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Y eso fue lo que ocurrió. Una vez que el vecindario descubrió la verdad sobre Alicia, todos colaboraron para ayudarla a arreglar su casa. Y uno de sus mayores ayudantes y amigos más cercanos fue Tomás Hernández.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Cuando creemos cosas desagradables sobre una persona sin motivo, es posible que no hagamos amigos. Tomás creía que Alicia era una bruja, pero se convirtió en una buena y amable amiga.

La bondad cruza todas las barreras y cura todos los malentendidos. Alicia ayudó a Tomás y le mostró que estaba equivocado sobre la casa embrujada.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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