Mujer rica pasa llorando al lado de indigente y arroja anillo de diamantes en su vaso - Historia del día

Vanessa Guzmán
08 dic 2021
10:30
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Una mujer con el corazón roto deja caer su valioso anillo de compromiso en la taza de las limosnas de un veterano sin hogar, y eso cambia su vida.

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Raquel Figueredo era una mujer feliz. Flotaba en el aire por la alegría que albergaba en su corazón. Se acababa de comprometer con el hombre de sus sueños y decidió sorprenderlo con una botella de champán y boletos de avión para una escapada de fin de semana en Cancún.

Entró sorpresivamente al lugar de trabajo de su prometido. Saludó a su secretaria alegremente. "¡Hola, Magali! Vine a sorprender a Tomás". La empleada, que estaba de pie, expresó pánico con sus ojos, pero Raquel no lo notó. Cuando abrió la puerta de la oficina su mundo se vino abajo.

Hombre sin hogar. | Foto: Shutterstock

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Tomás estaba allí y no estaba solo. Junto a él había una mujer desnuda. Tomás estaba tan ocupado que no escuchó cuando la puerta se abrió. Se dio cuenta de la presencia de Raquel cuando ella gritó su nombre.

"¡Cómo pudiste!", gritó Raquel. "¡Yo te amaba!".

Tomás empujó a la mujer desnuda y se subió los pantalones. "Nena, por favor, no es lo que piensas... ¡Espera! Te amo, lo siento..."

Pero Raquel salió corriendo de la oficina. Pasó llorando frente a Magali y el portero de la compañía. Huyó de la vista de Tomás y de esa mujer. Corrió hasta quedarse sin aliento.

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Se apoyó en la pared de un edificio y se cubrió la cara con las manos. Y fue entonces cuando lo sintió y vio el anillo de compromiso en su dedo anular.

Levantó su temblorosa mano izquierda frente a su rostro y miró fijamente la brillante monstruosidad de 15 quilates que Tomás había deslizado en su dedo apenas dos meses antes.

"¡Ni siquiera me gustó el anillo, Tomás!", gritó Raquel. "Es vulgar y feo..." Raquel comenzó a tirar del anillo en su dedo y finalmente se lo quitó. Buscó un bote de basura o cualquier cosa donde desecharlo.

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Luego vio a un hombre sentado en un rincón apoyado contra la pared, con una taza de hojalata frente a él. Comenzó a correr de nuevo, luego se agachó para dejar caer el anillo en el envase del hombre.

Anillo de diamantes. | Foto: Unsplash

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Al oír el sonido metálico del anillo cayendo en la taza, el indigente miró hacia arriba. "Señora", gritó. "¡Oye señora, perdiste tu anillo!".

Raquel, que había pasado corriendo junto al mendigo, redujo la velocidad y se detuvo. "¡Quédatelo!", le gritó. "Ya no lo necesito".

Al día siguiente, todas las páginas de las redes sociales informaron sobre la ruptura de la heredera de la alta sociedad Raquel Figueredo y luego, por supuesto, se olvidó de su pequeña tragedia personal.

Durante los siguientes dos años, Raquel trató de olvidar todo. Incluso salió con otras personas, pero se negaba a involucrarse con alguien. No podía, no volvería a poner en riesgo su corazón.

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Un día, su asistente personal le trajo una invitación para la inauguración de una fundación. Se trataba de un refugio y centro de tratamiento para personas sin hogar.

"Quieren que cortes la cinta, Raquel", dijo su asistente. "¡Y es una buena causa! ¡Deberías ir, salir, conocer gente nueva!". Entonces, quejándose, Raquel había aceptado la sugerencia de su asistente y decidió asistir.

Entonces estaba en medio de la multitud de colaboradores y filántropos sintiéndose incómoda. Luego le presentaron a un hombre alto y apuesto, Juan Quijada, el fundador de la organización.

Juan tomó su mano y sonrió cálidamente. Raquel se ruborizó. "Sr. Quijada", dijo. "Debo decirles que estoy un poco desconcertada. ¿Por qué me invitaron a cortar la cinta? ¡No soy partidaria de su organización!".

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Quijada sonrió. "Oh, sí, lo eres. ¡Has donado los primeros dos millones de dólares con los que iniciamos todo!".

Raquel lo miró confundida. "Estás equivocado… Yo nunca..."

Mujer desconsolada. | Foto: Unsplash

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Juan tomó su mano entre las suyas y la miró profundamente a los ojos. "¿Recuerdas haber dejado caer un anillo de diamantes en mi taza?".

Raquel sintió que su respiración se aceleraba. "¡El anillo! ¡OH! ¿Entonces eso es lo que hiciste con él?".

"Sí", dijo Juan. "Te invité aquí esta noche porque quiero que sepas que ese anillo que tiraste no era inútil, mira lo que ha hecho. Y no me diste los medios para salir de mi mala situación, Raquel. Me diste una razón para vivir”.

"Así que cuando me puse de pie comencé a buscarte y vi en la prensa sobre el final de tu compromiso y tu foto, ¡así que aquí estamos!".

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Después de esa noche, Juan y Raquel comenzaron a salir y, un año después, él le pidió matrimonio. Ella aceptó y lució con orgullo el anillo que había hecho con un pequeño trozo de cemento de la acera donde solía mendigar y donde se conocieron.

Recién casados. | Foto: Unsplash

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Cada situación tiene un lado positivo: La traición de Tomás terminó por llevar a Raquel al amor de su vida.

Todo lo que se necesita es dar un paso para salir de la oscuridad: El anillo de Raquel le dio a Juan la oportunidad de ayudar a otras personas y ayudarlo a él a encontrar una nueva vida.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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