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Papá vende el suéter de su bebé fallecido a una anciana: luego mamá halla caja de ella en su puerta - Historia del día

Georgimar Coronil
22 ene 2022
23:40
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Una mujer que llora la pérdida de su bebé queda desolada cuando su marido vende todos los recuerdos de su pequeño. Pero el destino le tenía reservada una sorpresa.

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Cuando Lisa Díaz vio la cruz rosa en la prueba de embarazo, empezó a gritar. "¡Dan! ¡Estamos embarazados! ESTAMOS EMBARAZADOS!". Lisa y Daniel habían estado esperando y rezando por este día durante ocho largos años y, por fin, su sueño se hacía realidad.

Lisa pasó los siguientes siete meses aturdida. Todo lo que quería era ser madre y compartir esa experiencia con Daniel. Cuando por fin tuvo a su bebé en brazos, deliró de alegría, pero, por desgracia, su felicidad duró poco.

Pareja sosteniendo un eco. | Foto: Unsplash

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El bebé de Lisa y Daniel, Samuel, vivió solo cinco meses. Una tarde, Lisa fue a ver cómo estaba Samuel durante la siesta y descubrió que Dios había llamado a su hijo a casa. 

Los médicos le explicaron sobre de la muerte súbita del lactante, el sacerdote habló de la voluntad de Dios, pero todo lo que Lis sabía era que la habitación del bebé estaba vacía.

La madre se pasaba los días acurrucada en la mecedora de la habitación de Samuel agarrando su pequeño suéter azul, respirando su olor.

"¡Samuel!", susurraba y cantaba para sí misma. En esa habitación, sosteniendo el pequeño suéter azul, Lisa se sentía cerca de su hijo, menos desesperada y menos sola.

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Daniel, que también estaba de duelo, no entendía que recordar a Samuel, tocar sus juguetes, su ropita, reconfortaba a Lisa. Pensó que ella estaba obsesionada con un recuerdo morboso.

Su madre le dio lo que resultó ser un muy mal consejo. "Cuando tu padre murió", dijo, "hice que vinieran unas personas y se llevaran toda su ropa y sus cosas. Me ayudó a seguir adelante, a aceptar su muerte".

Tenía sentido para Daniel. Sabía que Lisa estaba sufriendo y le parecía que aferrarse a las pequeñas y tristes pertenencias de Samuel no le hacía ningún bien, ni le permitía seguir adelante, así que decidió tomar cartas en el asunto.

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Llamó a la madre de Lisa y organizó para que su esposa fuera a pasar un fin de semana largo con ella, y mientras Lisa estaba fuera, Daniel hizo que le quitaran todas las cosas que le recordaban a Samuel y las vendieran.

Madre e hijo. | Foto: Unsplash

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Por casualidad, Amelia Hernández, que era una ávida tejedora, pasaba por el lugar y le llamó la atención un pequeño suéter azul en una pila de ropa de bebé. "¡Me encanta ese color!", pensó Amelia. "¡Lo voy a comprar!".

A Amelia le encantaba transformar cosas viejas en nuevas, y nunca compraba hilo nuevo. Se empeñaba en comprar tejidos viejos, desenredarlos y convertirlos en sus propias creaciones.

Amelia creía que los dueños de estas pertenencias vendían ropa que a su hijo ya no le quedaba. Nunca imaginó que el dulce suéter azul con el dibujo de un copo de nieve era el último recuerdo de una madre que había perdido a su bebé.

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Cuando Lisa llegó a casa, lo primero que hizo fue subir corriendo a la habitación de Samuel, pero cuando abrió la puerta, se quedó sin aliento.

La habitación del bebé estaba vacía. No había cuna, ni paredes azul pálido con elefantes danzantes, ni un dulce aroma a bebé en el aire. La habitación estaba pintada de blanco y olía a pintura fresca.

Daniel estaba de pie detrás de ella y dijo: "Creo que tal vez..." Pero lo que pensó o no pensó nunca lo sabremos, porque Lisa nunca le dejó explicarse.

"¿Daniel dónde están las cosas de Samuel?", gritó. "¿Daniel dónde están las cosas de mi bebé?".

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"Lisa, estabas viviendo..." Daniel tartamudeó.

Mujer llorando. | Foto: Pexels

"¿Daniel dónde está el suéter azul? Era todo lo que me quedaba de él!" Lloró Lisa. "Olía a Samuel, ¡lo quiero!".

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"¡Yo... yo... lo vendí!", tartamudeó Daniel, que empezaba a pensar que tal vez el consejo de su madre no había sido tan bueno.

"¿VENDISTE TODO LO QUE ME QUEDABA DE MI HIJO?", gritó Lisa. "¡Todo ha desaparecido como si nunca hubiera existido! ¿CÓMO PUDISTE?".

Lisa salió corriendo de la habitación que había sido el lugar más feliz de la casa y se encerró en su dormitorio, y no quiso salir. No importaba lo que Daniel hiciera o dijera, Lisa se tumbaba en su cama y lloraba.

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Daniel estaba desesperado, así que pidió ayuda a la madre de Lisa y a su mejor amiga e incluso habló con su vecina, una amable mujer llamada Karen que tenía varios hijos.

Karen estaba sorprendida y entristecida por lo que Daniel había hecho, pero vio lo desesperado que estaba por arreglar las cosas y trató de hablar con Lisa, pero nada sirvió.

Ese fin de semana, Karen tomó el té con su amiga Amelia y le contó el dolor de Lisa por la pérdida de los recuerdos de su bebé. Amelia se quedó boquiabierta. "¿Un pequeño suéter azul con un estampado de copos de nieve?". 

"¿Cómo lo has sabido, Amelia?", preguntó Karen.

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Bebé con suéter azul. | Foto: Pexels

"Lo compré", confesó Amelia. "¡Creía que ya no lo iban a usar! ¡Lo he deshecho! Oh, ¡vaya! Ojalá pudiera ayudar a esta pobre mujer".

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Aquella noche, Amelia se acostó en la cama dando vueltas, y entonces tuvo una idea. Tal vez no pudiera devolverle a Lisa el pequeño suéter, pero podría darle algo más.

Unos días después, Daniel encontró una pequeña caja en la puerta de su casa dirigida a Lisa. Llamó a la puerta de su habitación. "Lisa", dijo. "Hay un paquete para ti en la puerta".

"¡Vete!". Gritó Lisa.

Pero Daniel le dijo: "Está dirigido 'a la madre de Samuel".

En cuestión de minutos, Lisa bajó corriendo las escaleras y se quedó mirando el paquete en el umbral de la puerta. Lo levantó y cayó un sobre.

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Daniel lo recogió, abrió el sobre y empezó a leer en voz alta la carta que había dentro: "Querida señora Díaz, hace unas semanas pasé por una venta de garaje y compré un suéter azul...".

"¿El suéter? ¿Es el suéter de Samuel?", gritó Lisa, luchando por abrir la caja.

Mujer acostada en la cama. | Foto: Unsplash

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Daniel sacudió la cabeza con tristeza. "Lo siento, amor, la señora dijo que lo había descosido, pero..."

Lisa abrió la caja y sacó un par de manoplas de tamaño adulto tejidas con el hilo azul y con el mismo patrón de copos de nieve.

Daniel explicó: "Espero que estas manoplas acerquen a tu bebé a ti, cada momento de cada día. Yo también perdí un hijo y sé lo difícil que es para la gente entender el dolor que sufrimos las madres."

"Querida, tu bebé está siempre contigo. Está en tu corazón, es parte de ti. Espero que estas manoplas te den consuelo y te permitan sentirte más cerca de él".

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"Tu bebé no se ha ido, su cuerpecito se ha transformado y ahora es un espíritu de amor que te acompañará toda la vida. Que Dios te bendiga y te guarde siempre. Amelia Hernández".

Cuando Daniel terminó de leer la carta, Lisa estaba llorando de nuevo, abrazando las manoplas, pero sus lágrimas eran silenciosas, lágrimas curativas. "Samuel se ha transformado, Daniel, como el pequeño suéter se convirtió en manoplas, es un ángel, a salvo con Dios..."

Fue el comienzo de la curación de Lisa. Tenía un duro camino por delante, y a veces tenía días malos, pero en esos días sacaba las manoplas y se las ponía y recordaba a Samuel, y el amor que había transformado su vida.

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Manoplas azules. | Foto: Pixabay

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Por muy terrible que sea el dolor de nuestra pérdida, podemos encontrar consuelo y esperanza en el amor: El amable regalo de Amelia le recordó a Lisa que, aunque el pequeño cuerpo de Samuel había muerto, su espíritu seguía vivo.

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Cada uno de nosotros supera su dolor de una manera diferente: Daniel no entendió que Lisa necesitaba sentirse cerca de Samuel para superar su dolor y por eso cometió un terrible error.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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