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Esposa derrochadora se burla de marido trabajador: cambian roles tras él ser hospitalizado - Historia del día

Mayra Pérez
12 feb 2022
10:50
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Alvin trabajaba muy duro para mantener a su familia, mientras su esposa, Debra, gastaba el dinero sin ocuparse de sus hijos. Después de sufrir un colapso, él tomó una decisión radical que la obligó a reaccionar, aunque posiblemente ya era demasiado tarde.

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Alvin y Debra se casaron cuando ambos tenían 20 años. Él tenía dos trabajos y ella era camarera en un restaurante. Dos años más tarde, quedó embarazada y renunció a su trabajo para convertirse en ama de casa.

A él le encantaba la idea de una familia tradicional y decidió trabajar más duro para mantenerlos. Sin embargo, cuando tuvieron a su segundo hijo, Debra dijo estar demasiado cansada y pidió una niñera.

Una ambulancia y un paramédico. | Foto: Shutterstock

Una ambulancia y un paramédico. | Foto: Shutterstock

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“Ya no puedo hacer esto sola. Sé que trabajas duro, cariño, pero criar hijos también es trabajo. Nunca tengo un descanso”, le dijo.

Alvin no quería que ella se sintiera infeliz, por lo que comenzaron a pagar una niñera de tiempo completo, y fue una bendición para Debra. Sin embargo, era muy costoso y el pobre hombre debió trabajar muchas horas extras más para cubrir ese gasto.

Él pensaba que la niñera sería temporal, pero cuando mencionó la posibilidad de despedirla, Debra lloró hasta que él desistió. Le resultaba una pesadilla trabajar tanto, y aun así, las cosas empeoraron.

Su esposa comenzó a salir con algunas de sus amigas, una de las cuales se había casado con un hombre rico y disfrutaba ir de compras. Debra fingía tener dinero y salía de tiendas con ella.

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“No podemos pagar esto. Este es un bolso de diseñador. Vas a tener que elegir entre este bolso y la niñera”, dijo Alvin una noche. Una vez más, Debra comenzó a llorar.

“¡No tienes idea de lo que es para mí! Estoy en casa todo el día, aburrida y sola. Mis amigas han sido un gran consuelo y quería darme este pequeño lujo. Después de todo, dejé mi trabajo para criar a nuestra familia. ¡Te di dos hijos! ¿Cómo puedes ser tan cruel?”, dijo ella lamentándose.

Alvin trabajaba 18 horas al día, seis días a la semana, para mantener a su familia porque no quería que su esposa fuera infeliz. De hecho, a Debra realmente no le importaban sus hijos. Dedicaba todo su tiempo a sí misma y una niñera criaba a los niños.

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Una joven pareja tiene una discusión. | Foto: Pexels

Una joven pareja tiene una discusión. | Foto: Pexels

“Amigo, ¿Estás bien?”, le preguntó un día un compañero de trabajo. Estaban recogiendo cajas del almacén cuando Alvin se tambaleó sobre sus pies.

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“Sí, estoy bien”, respondió, sacudiendo la cabeza para aclarar sus pensamientos. Pero no estaba bien. Se desmayó y una caja grande y pesada cayó sobre su pecho. Su compañero llamó a una ambulancia y la compañía se hizo cargo de los gastos del hospital.

El médico dijo que estaba demasiado estresado y necesitaba tiempo para relajarse. Pero ¿cómo podía hacerlo? Con su esposa gastando todo su dinero, necesitaba trabajar aún más. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que estaba mal en su vida.

“Ya no aguanto más”, se dijo Alvin, solo en su cama de hospital porque la enfermera aún no había podido comunicarse con Debra.

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Debra, me voy. No me busques. Buena suerte. Alvin”.

Debra se quedó mirando la pequeña carta que su esposo había dejado en su cama. Finalmente, había contestado el teléfono y había ido al hospital. Él no le había querido recibirla y le había pedido a las enfermeras que lo dejaran dormir.

A la mañana siguiente, Debra descubrió la carta en su lado de la cama. Se puso de pie rápidamente y fue al armario. Estaba vacío. “Esto no puede estar pasando”, se dijo y cayó de rodillas mientras gritaba: “¡NO!”.

Un hombre joven reflexiona frente a su cama. | Foto: Pexels

Un hombre joven reflexiona frente a su cama. | Foto: Pexels

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“Debra, te ves terrible. Tal vez deberías tomarte un descanso”, le dijo su jefa. Llevaba varios meses trabajando de camarera en un restaurante desde que su esposo se había ido. No tenía tiempo para descansos.

Alvin nunca respondió a sus llamadas y no hubo forma de comunicarse con él. Mientras tanto, su familia la estaba volviendo loca. Debra tuvo que encontrar un trabajo, despedir a la niñera y asumir su rol de madre soltera con dos hijos.

Nunca se dio cuenta de lo caro que se había vuelto su estilo de vida. Pero incluso ahora que había reducido todo, apenas lograba llegar a fin de mes. Vendió todas sus cosas de diseñador y ese dinero ayudó mucho, pero no fue suficiente.

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“Estoy bien, señora Cárdenas. Lamento preocuparla”, le dijo.

"Deja que te ayude. Tengo un abogado Tienes que demandar por manutención infantil”, ofreció la Sra. Cárdenas por enésima vez.

“No, no puedo hacer eso”, dijo Debra, notando la mirada en el rostro de su jefa. “No es por orgullo. Es que todo fue mi culpa. Fui muy egoísta y desconsiderada. Podría culparlo por abandonarnos, pero trabajó muy duro durante años mientras yo gastaba sin control. A veces trabajaba jornadas de 18 horas y yo salía y compraba carteras de lujo”.

“Aun así, no está bien”, afirmó la Sra. Cárdenas, con mucha empatía.

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Una camarera limpia una de las meses a su cargo. | Foto: Pexels

Una camarera limpia una de las meses a su cargo. | Foto: Pexels

“Voy a superar esto por mis hijos. Solo han pasado cuatro meses y ya hemos logrado establecer una rutina. Nuestra vecina cuida a los niños sin cobrar y estoy aprendiendo cómo hacer un presupuesto de nuestro hogar. Estaré bien sin él. No se preocupe por mí”, insistió Debra.

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A pesar de la valentía que mostraba ante su jefa, camino a casa iba con los hombros encorvados. No culpaba a Alvin, pero se preguntaba cómo había podido dejarlos así. Ella lo amaba, y sus hijos necesitaban a su padre.

“Hola”, escuchó decir. Era Alvin. Después de cuatro meses sin mensajes, sin llamadas, sin respuestas, ahí estaba. Debra lo miró sin saber bien como debía reaccionar. “¿Qué estás haciendo aquí?”, preguntó, mientras seguía caminando hacia su casa.

“Estoy aquí con los papeles oficiales de divorcio”, dijo Alvin con naturalidad.

“Oh... está bien”, respondió Debra lentamente y agarró el sobre que le ofrecía.

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“Te voy a pagar la manutención de los niños y la pensión alimenticia. No era mi intención dejar a nuestros hijos desamparados. Pero necesitaba que entendieras lo que me había tocado vivir. Trabajé en forma incansable y nunca lo apreciaste”.

“Cuando me desmayé en el trabajo y me llevaron de urgencia al hospital, no pudieron comunicarse contigo durante horas”, dijo Alvin. Fue entonces cuando las lágrimas de Debra finalmente cayeron.

Rostro de un hombre joven. | Foto: Pexels

Rostro de un hombre joven. | Foto: Pexels

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“Alvin, lo siento mucho. Pero debiste haber hablado conmigo”, dijo en voz baja.

“Lo intenté, pero jamás escuchaste. Solo llorabas para lograr tus caprichos. En fin, ahí están los papeles, contraté a un abogado y juntos resolveremos las cosas sobre la crianza compartida de los niños”, dijo y comenzó a caminar hacia su automóvil.

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“¿No hay manera de que podamos resolver las cosas entre nosotros también? Todavía te amo”, admitió Debra. Él se detuvo, pero no se dio la vuelta.

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“No, no podemos No puedo volver a eso. Debemos actuar civilizadamente por los hijos, pero eso es todo”, dijo finalmente y se subió a su auto.

Debra se comunicó con un abogado y el divorcio fue un hecho. Ahora que Alvin estaba pagando la manutención de los hijos y la pensión alimenticia, la situación mejoró para todos.

Años más tarde, ambos encontraron la felicidad con otras personas. Debra siempre se preguntó cómo hubieran sido sus vidas si no hubiera actuado de manera tan inmadura y egoísta.

Rostro de una mujer joven. | Foto: Pexels

Rostro de una mujer joven. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Aprecia lo que tu pareja hace por ti y tu familia. Ser ama de casa es un trabajo duro, pero Debra se aprovechó de la generosidad de su esposo y fue demasiado lejos.

No trabajes más allá de tus límites. Hay que trabajar para vivir, no vivir para trabajar. Alvin se dio cuenta de eso y tomó una decisión drástica, pero no debió haber llegado a ese punto.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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