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Todos arremeten contra joven mujer por casarse con indigente hasta que se convierte en millonaria - Historia del día

Georgimar Coronil
11 mar 2022
18:40
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Desde la infancia, Rebeca había sentido una aguda y profunda compasión por los desamparados y los pobres. Incluso cuando era estudiante, la chica intentaba ayudar a los menos afortunados en la vida. No sabía que su bondad la llevaría a una vida increíble.

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Rebeca y sus amigos estaban pasando juntos la última tarde del semestre. Después de un curso largo y exigente, se merecían un tiempo libre para pasear por las calles de la ciudad y olvidarse de la facultad. El primer año de universidad había terminado con buena nota, y las celebraciones estaban en marcha.

Mientras paseaba por la plaza del pueblo, Rebeca vio a un joven pintor cerca. Era alto, con pelo castaño y ojos oscuros. Llevaba una camisa de franela desgastada con unos vaqueros desteñidos, y sus zapatos estaban cubiertos de la carbonilla de su lienzo.

Persona pidiendo dinero en la calle. | Foto: Shutterstock

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El amigo de Rebeca, Nicolás, notó que veía a alguien: "Oye, ¿qué estás mirando?", preguntó.

"Ese tipo de ahí, ¿lo conoces?", dijo Rebeca mientras señalaba al pintor.

"No, ¿por qué importa?", expresó Nicolás, confundido.

Rebeca sugirió que todas fueran a retratarse. Sus amigos no estaban dispuestos a esperar, así que se negaron. Decepcionada, Rebeca se prometió en silencio que volvería pronto.

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Al día siguiente, Rebeca pasó la tarde con la esperanza de encontrar al pintor. En cuanto lo vio, se dirigió hacia él y le pidió un retrato. Él aceptó encantado y le dijo que se sentara.

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En 20 minutos, el dibujo estaba listo. “¿Qué le parece?", le preguntó. Rebeca se sorprendió por la atención al detalle. El pintor captó hasta el más mínimo aspecto de su rostro, incluida la pequeña cicatriz en la barbilla.

Entonces Rebeca se presentó al pintor y él dijo: "Me llamo Bernardo".

"Estoy muy impresionada; seguro que deberías estar haciendo mucho más que retratos callejeros. ¿Cuál es tu historia?", preguntó Rebeca.

Paleta con pintura. | Foto: Shutterstock

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"¿Qué tal si vuelves la semana que viene para otro retrato y te cuento la historia de mi vida?", sugirió él. Ella no le creyó, pero aceptó volver.

Cuando regresó la semana siguiente, se dio cuenta de que Bernardo siempre llevaba el mismo traje. "¿Tu atuendo es una elección artística?", le preguntó en broma, aunque intuía que la respuesta sería otra.

"Ojalá fuera una elección artística", dijo Bernardo. Continuó contando a Rebeca lo feliz que fue su infancia. "Mis padres eran ambos artistas, así que me resultó fácil adquirir la técnica", dijo. "Me dieron buenas habilidades artísticas, pero no me dejaron mucho cuando murieron hace tres años, así que pinto para ganar dinero".

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A Rebeca se le rompió el corazón con su historia. No tenía ni idea de que su vida fuera tan difícil. "Pero pareces tan feliz mientras pintas", dijo.

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"El arte me hace feliz. Ojalá pudiera conseguir más dinero con ello, pero espero que alguien se fije en mí algún día; ¡nunca se sabe!", aseguró Bernardo.

Después de que Rebeca se despidiera de su nuevo amigo, su mente se llenó de ideas. No sabía cómo ayudarle, pero sabía que no podía dejarle allí. Le dio a Bernardo su número y le prometió que se mantendría en contacto. No se vieron durante algunas semanas, pero siguieron comunicándose.

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Un día, Rebeca invitó a Bernardo a cenar a su apartamento. Sus padres se lo habían alquilado mientras ella estudiaba. Él se negó al principio, pero aceptó cuando Rebeca insistió. Agradeció en secreto la oferta, ya que el tiempo era cada vez más frío y los pedidos de cuadros disminuían.

Mirando las obras en su pared, le dijo: "Veo que te gusta el arte tanto como a mí".

Persona brindando con vino. | Foto: Shutterstock

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"Mis padres también me introdujeron en el arte, pero solo me transmitieron el aprecio por él, no el talento", se rio Rebeca. Le ofreció a Bernardo una ducha, alimento y un lugar para quedarse por un tiempo.

"Agradezco tu amabilidad, pero puedo cuidarme solo. Hay refugios cercanos que me acogerán si me presento con suficiente antelación", dijo él.

"Lo comprendo, pero no me siento cómoda dejando que te quedes en la calle cuando yo tengo todo este espacio extra", respondió Rebeca.

Tras una incómoda conversación, Bernardo aceptó a regañadientes quedarse solo unos días hasta que pudiera encontrar un trabajo temporal, mientras los pedidos de sus pinturas se mantuvieran bajos. Rebeca le pidió que se quedara más tiempo cada pocos días y pronto pasaron un mes viviendo juntos.

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Mientras Bernardo intentaba encontrar un trabajo temporal, Rebeca hizo fotos de su trabajo y se las envió a sus padres. Les preguntó si podían enviárselas a algunos de sus amigos diseñadores para ver si tenían posibles vacantes para Bernardo.

Rebeca había pasado gran parte de su vida ayudando a la gente. Fue voluntaria en diferentes organizaciones benéficas. Incluso alojó a una mujer sin hogar durante dos meses mientras la ayudaba a encontrar un trabajo y un lugar donde vivir. Así que sus padres no se sorprendieron cuando los llamó para ver si podían ayudar.

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Una noche, mientras Rebeca y Bernardo terminaban de cenar, ella soltó lentamente el tenedor y dijo: "Tengo algo que decirte, por favor, no te enfades conmigo, pero creo que te parecerá una buena noticia".

Bernardo la miró de forma incrédula y dijo: "De acuerdo, adelante".

Reunión de negocios. | Foto: Shutterstock

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"Desde hace un mes que vives conmigo, he estado enviando fotos de tu trabajo a algunos diseñadores amigos de mis padres, y a dos de ellos les gustaría entrevistarte para algunos puestos permanentes en sus estudios" dijo.

Bernardo se sorprendió. No tenía ni idea de que Rebeca había estado haciendo esto a sus espaldas. No sabía si enfadarse o estar agradecido, así que se quedó callado.

Rebeca continuó: "Sé que esto es abrumador, pero considero que tus habilidades son demasiado buenas para utilizarlas solo para pintar en la calle, y está claro que estos diseñadores están de acuerdo conmigo porque les gustaría hablar contigo".

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El lunes siguiente, Bernardo estaba de pie frente a un estudio de diseño, aterrado, pero también esperanzado porque su vida podía estar a punto de cambiar. Cuando le ofrecieron el puesto de diseñador junior, corrió a contarle a Rebeca la fantástica noticia.

Ella se emocionó por él cuando le dijo sobre la oferta de trabajo. Sin embargo, había algo más que tenía que revelarle: "Tengo un secreto más que compartir", le dijo. "Estoy enamorada de ti y no quiero que te mudes".

Bernardo también le confesó sus sentimientos y se mudó oficialmente con ella. Al cabo de un año de relación, él le propuso matrimonio y Rebeca aceptó.

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Cuando los amigos de Rebeca se enteraron del compromiso, le rogaron que no se casara con Bernardo. "Estás dejando que tu amor por ayudar a la gente nuble tu juicio", dijo Nicolás. Sus padres se pusieron furiosos cuando se enteraron de la noticia. La confrontaron, esperando que entrara en razón y cambiara de opinión.

"¿No te das cuenta de que estás tirando tu vida por la borda?", preguntó la madre de Rebeca.

Hombre pidiendo matrimonio a su novia. | Foto: Shutterstock

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"¿Cómo voy a tirar mi vida por la borda si me voy a casar con una persona que me ama?", respondió ella.

"Somos tus padres; sabemos lo que te mereces, ¡y no te mereces a alguien así!", gritó su padre.

Pero Rebeca ignoró todas sus súplicas y le pidió a Bernardo que casaran de todas maneras, en secreto de ser necesario. "¿Estás segura de esto? A tus padres les entristecerá no asistir a la boda", dijo.

"Son libres de asistir solo si apoyan nuestro matrimonio", respondió Rebeca. Pero sus padres se mantuvieron firmes y no fueron.

A los seis meses de casarse, Rebeca siguió estudiando y Bernardo trabajó duro en el estudio de diseño. Su trabajo ganó rápidamente reconocimiento, y más clientes empezaron a pedirle que creara piezas de arte de forma independiente. Bernardo le preguntó a su jefe si le parecía bien aceptar trabajo extra. "Mientras no interfiera con tus tareas diarias, no veo por qué no", respondió él.

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Dos años después de que Bernardo empezara a recibir encargos de diseños de manera independiente, Rebeca le preguntó si quería montar su propio estudio. "Has demostrado que tienes talento; ¿por qué no hacer lo tuyo?", le preguntó.

"Entonces, ¿qué tal si nos mudamos a Estados Unidos? Yo puedo cuidar de los dos y tú puedes terminar tus estudios allí", sugirió.

Unos meses después de la sugerencia de Bernardo de trasladarse a Estados Unidos, él y Rebeca se instalaron en el país y esperaban su primer hijo. El trabajo de Bernardo fue ganando popularidad.

Dos años más tarde, el joven pintor recibió una llamada de un rico empresario que le ofreció un millón de dólares por una de sus obras. La pareja siguió criando a su hijo en Estados Unidos.

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Pareja entrando a un aeropuerto. | Foto: Shutterstock

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Que gracias a la gente que se preocupa y cree en nosotros, podemos conseguir cualquier cosa: La vida de Bernardo cambió para siempre cuando Rebeca creyó en él lo suficiente como para enviar su obra a diseñadores que reconocieron su talento.

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Seguir nuestro corazón puede llevarnos a menudo a acontecimientos que cambian la vida: Aunque Bernardo no estaba seguro de hablar y hacerse amigo de Rebeca, su decisión de seguir su corazón condujo a una gran relación.

Por favor, comparte esta historia con tus amigos. Podría inspirar a la gente a compartir sus propias historias o ayudar a alguien más.

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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