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Niño promete casarse con su amiga cuando crezcan: la espera cada verano durante 56 años - Historia del día

Mayra Pérez
03 jul 2022
16:00
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Un niño promete casarse con su amiga cuando crezcan y regresa todos los años al lugar prometido. 56 años después, ella finalmente regresa, pero a él le rompe el corazón al darse cuenta de que no está ahí por él.

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Johnny era un niño de 8 años cuando tomó la mano de Sandra y dijo: “¡Te prometo que algún día me casaré contigo, Sandra! ¡Y siempre seremos los mejores amigos! Nunca romperé esa promesa. Espero que tú también la recuerdes”.

Sandra esbozó una sonrisa. “¡Yo tampoco romperé mi promesa, Johnny! Usaré un hermoso vestido de novia. Pero mamá dice que cambiamos cuando seamos adultos. ¿Cómo sabré que eres tú cuando te vea?”.

Dos niños comparten un momento feliz. | Foto: Pexels

Dos niños comparten un momento feliz. | Foto: Pexels

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“¡Eso es algo muy tonto! ¡Nunca cambiaré!”, pensó Johnny. Luego sacó una libreta de su mochila y anotó la dirección del parque donde solían jugar después de clases.

Sandra y Johnny vivían uno al lado del otro y eran buenos amigos. Asistían a diferentes escuelas y con frecuencia pasaban tiempo juntos después de clases antes de regresar a casa. Su parada de autobús estaba cerca del parque y llegaban más o menos a la misma hora.

El día en que se hicieron promesas fue el comienzo de sus vacaciones de verano. Sandra y sus padres se iban a mudar a un nuevo vecindario durante las vacaciones y Johnny temía no volver a verla nunca más.

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En su pacto, prometieron volver a encontrarse en el parque un verano cuando ambos fueran grandes. Y antes de irse, intercambiaron notas como testimonio de su promesa.

Años más tarde, Johnny comenzó a ir al parque todos los veranos, esperando a Sandra. Su corazón se rompía cuando no la encontraba allí, pero se negaba a darse por vencido. Año tras año, volvía al parque con la nota.

Un año, mientras estaba sentado en un banco, una niña pequeña corrió hacia él y se sentó a su lado. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no la notó hasta que se rio y exclamó: “¡Abuelita! ¡Estoy aquí!”.

Sobresaltado por la repentina distracción, Johnny la miró y quedó desconcertado. Era una viva imagen de Sandra.

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Una mujer y una niña pasean en el parque. | Foto: Pexels

Una mujer y una niña pasean en el parque. | Foto: Pexels

Poco después, observó a una mujer mayor que caminaba hacia la niña y se levantó de su banco, sin poder creer lo que estaba ante sus ojos. ¡Era Sandra! Había envejecido mucho, pero seguía siendo la mujer más hermosa a sus ojos. Su espera de los últimos 56 años parecía haber llegado a su fin.

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Los ojos de Johnny se llenaron de lágrimas al verla, pero sintió un dolor agudo cuando se dio cuenta de que la niña pequeña la había llamado abuelita. ¿Sandra se había casado y había roto su promesa? El solo pensamiento lo afectaba.

Cuando Sandra se acercó al banco, abrazó a la niña y sonrió. “¡Pequeña traviesa! Te gusta molestar a la abuela, ¿no? Le diré a Cynthia que siempre me molestas…”. Hizo un puchero y la niña, Anna, sonrió.

“¡Abuela! ¡Eres tan tonta! Siempre te quejas de mí con mamá. ¡Voy a jugar! ¡Adiós!”, dijo, y se fue corriendo.

Sandra sonrió mientras se sentaba en el banco. “¡Oh, esta niña! Está creciendo demasiado rápido…”.

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Johnny no sabía qué hacer en este punto. No podía decidir si confrontar a Sandra o no, pero sabía que su corazón no descansaría hasta que descubriera por qué no había cumplido su promesa. Finalmente encontró el valor.

“¿Sandra?”, preguntó suavemente, inclinando su cabeza hacia ella, y ella miró hacia arriba, perpleja. “Sí, ¿me conoces?”.

Anciana feliz. | Foto: Pexels

Anciana feliz. | Foto: Pexels

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Los ojos de Johnny se llenaron de lágrimas nuevamente mientras le mostraba la nota. “Solo quería preguntarte si recuerdas esto”, respondió y fue entonces cuando Sandra lo reconoció.

“¡Dios mío! ¿Johnny? Yo… Ni siquiera... ¿Cómo has estado?”, preguntó. Una ola de culpa la inundó mientras miraba la nota y se daba cuenta de por qué él estaba allí.

“Estaba bien hasta ahora, Sandra”, se quejó. "Estoy sorprendido de haber sido el único que volvió aquí como un idiota, creyendo que me estarías esperando. Parece que ya es demasiado tarde. Te ves muy contenta con tu vida. No estoy seguro de que haya algo más que decir…”.

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Dicho esto, recogió su abrigo del brazo del banco y se preparó para irse. Pero las palabras de Sandra lo detuvieron en seco. “¿Qué pasaría si dijera que nunca te olvidé, pero que no podía regresar?”, preguntó y Johnny la miró directamente a los ojos.

“Por favor, toma asiento, Johnny. Es injusto que no me permitas darte una explicación. Escúchame unos minutos”, rogó.

Después de pensarlo, decidió darle una oportunidad. “No sé si haga alguna diferencia escuchar lo que tienes que decir, pero estoy dispuesto a hacerlo”, murmuró mientras tomaba asiento junto a ella.

Pareja de ancianos conversan en un parque. | Foto: Pexels

Pareja de ancianos conversan en un parque. | Foto: Pexels

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Sandra respiró hondo y dijo: “Todo comenzó cuando mis padres se vieron obligados a marcharse del país…”

Resultó que aquel último verano, los padres de Sangra tuvieron que emigrar a España, y no tenían posibilidad de volver a su país natal. Con el pasar los años, ella tuvo que aceptar que quizás nunca más pudiera ir a ese parque y reencontrarse con Johnny.

En algún momento de su vida, decidió que era el momento de seguir adelante. En su corazón, confiaba que Johnny también lo hubiera hecho. Se enamoró, se casó y se convirtió en la madre de Cynthia.

Por cosas de la vida, quedó viuda muy pronto, así que le tocó asumir sola la crianza de su pequeña. Y aunque no volvió a enamorarse nunca más, con frecuencia pensaba en Johnny, y se preguntaba que habría sido de su vida.

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Cuando su hija ya era adulta, en un giro de la vida, se casó con un hombre de la misma nacionalidad de Sandra, por lo que muy pronto estaban planeando su regreso a su país natal.

Pequeños pies de una recién nacida. | Foto: Pexels

Pequeños pies de una recién nacida. | Foto: Pexels

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En ese momento, Sandra pudo unirse al plan familiar, y aunque no imaginaba volver a ver al amor de su infancia, le alegró mucho regresar al lugar donde había sido tan feliz. Así fue como esa mañana llegó al parque.

Una vez que Johnny escuchó su historia, se calmó. Ciertamente, él había mantenido su promesa, pero de pronto no se sentía capaz de juzgarla a ella por haber decidido seguir con su vida. Sus circunstancias habían sido únicas.

En ese momento, decidió dejar atrás el pasado y alegrarse por haber tenido la oportunidad de volver a ver al amor de su vida. “Lo siento”, dijo en voz baja. “Fui demasiado rápido para juzgar... Alguien dijo con razón que Dios guarda lo mejor para el final. Tal vez se suponía que nos encontraríamos de nuevo en este momento”.

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Sandra sonrió. “¿Qué te parece si nos ponemos al día?”. Tenemos 56 años de historias y anécdotas y me encantaría compartirlas contigo. Y respecto a la promesa… aún estamos vivos, así que todo puede ocurrir”, dijo con picardía.

Johnny estaba encantado. A partir de ese momento se hicieron inseparables y muy pronto acordaron darse una oportunidad y contrajeron matrimonio. Después de 56 años, descubrieron que su amor era verdadero y para siempre.

Pareja de personas mayores en su boda. | Foto: Pexels

Pareja de personas mayores en su boda. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

No hay edad ni tiempo para el amor. Después de 56 años, Johnny y Sandra decidieron continuar donde lo habían dejado y darse una oportunidad. Se casaron y vivieron felices sus últimos años de vida.

No tenemos el derecho a juzgar a alguien, sin conocer su historia. Johnny se llenó de resentimiento al saber que Sandra había roto la promesa que se habían hecho de niños. Pero después de escuchar lo que había vivido, se calmó y pudieron tener un verdadero reencuentro.

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