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Compañeros se burlan de niño discapacitado por jugar baloncesto con su madre: el director los invita a su oficina - Historia del día

Mayra Pérez
05 ago 2022
00:40
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Un sabio director de escuela actúa luego de ver a un grupo de estudiantes burlándose de un niño en silla de ruedas porque estaba jugando al baloncesto con su madre. Establece medidas radicales para protegerlo contra el bullying.

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“¡Mamá! ¡Lo hice! ¡Marqué una canasta!”, exclamó Camilo con alegría, alzando sus manos. Él y su madre, Linda, estaban jugando baloncesto en la cancha después de sus clases, como siempre lo hacían.

Dos años atrás, Camilo se vio confinado a una silla de ruedas después de un trágico accidente. Quería ser un gran jugador de baloncesto, pero su silla de ruedas le hizo sentir que no tenía la posibilidad de hacerlo.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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“Nunca podré ser lo que quiero, mamá”, le dijo a Linda un día. “Tengo que renunciar a mis sueños; no creo poder hacerlo en esta silla”.

Ese día, Linda tomó las manos de Camilo y le dijo que no volviera a pensar en sí mismo de esa manera. “¡Tú puedes lograr todo lo que quieras en la vida, Camilo! Eres un niño especialmente capacitado que puede cumplir sus sueños tanto como los otros niños, y estaré allí para apoyarte”.

A partir de ese día, después de clases, Linda lo llevaba a la cancha de baloncesto y jugaban juntos. Cuando Camilo no encestaba, se desanimaba y quería darse por vencido, su madre lo animaba a darlo todo.

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Ese día, cuando el niño finalmente anotó una canasta, su felicidad no conoció límites. “¡Lo logré, mamá! ¡Finalmente!”, exclamó encantado.

“¡Lo vi, cariño! Te dije que podías hacerlo... ¡Estoy tan orgullosa de ti!”.

En ese momento, una voz lo interrumpió. “¡No te emociones, perdedor! ¡Eres un lisiado y estarás en esa silla de ruedas por el resto de tu vida!”.

La sonrisa de Camilo se desvaneció cuando vio a un grupo de niños de su clase parados cerca de la entrada de la cancha.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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“¡Este juego no es para perdedores como tú, Camilo!”, exclamó otro. “¡Ve a tu casa y prueba con juegos de mesa!”.

“¿Y quién eres tú para decirle a mi hijo lo que debería estar haciendo?”, respondió Linda. “¡Váyanse de aquí!”.

“¡No puedes obligarnos a irnos! ¡Es tu hijo quien debería irse! De todos modos, ¡él nunca estará en el equipo! ¿Por qué no pruebas suerte con el ajedrez? Eso lo puedes hacer desde tu silla!”.

Después de escuchar palabras tan hirientes, los ojos de Camilo se llenaron de lágrimas. “¿Podemos ir a casa, mamá? No quiero estar más aquí…”, susurró, con los ojos llorosos.

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Pero Linda tenía otros planes. “No vamos a ninguna parte, Camilo. Escúchame”, dijo mientras se arrodillaba junto a él. “No pongas atención a nadie que te diga que no puedes lograr algo. No hay nada que te impida jugar baloncesto, ¿de acuerdo? ¡Sigamos practicando!”.

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Ella le entregó la pelota y le pidió que intentara lanzarla al aro. Pero las burlas de sus compañeros de clase ya habían desmoralizado a Camilo, y no pudo anotar otra canasta. Los chicos continuaron molestándolo.

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Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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“¡No te rindas, Camilo!”, lo animó su madre. “¡Lo has hecho antes, y puedes hacerlo de nuevo!”. Y cuando Camilo lo intentó de nuevo, ¡metió la pelota en el aro!

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“¡Guau! ¡Buen trabajo!”. Linda lloró y lo abrazó. Le devolvió la pelota a Camilo para que la tirara, pero uno de los niños se la arrebató y salió corriendo.

“Crees que eres muy inteligente, ¿no? ¡Entonces ve a buscar una pelota nueva!”, le gritó a Camilo y se fue con los otros chicos.

El director de la escuela, el señor Hernández, vio lo que sucedió e hizo una nota mental para no dejar pasar el asunto. Al día siguiente, cuando vio a los niños en el pasillo de la escuela, los llamó a su oficina.

“Espero que sepan por qué los llamé aquí hoy”, dijo, mirándolos directamente a los ojos. “Si no, déjenme informarles al respecto”. Les contó que los había visto burlarse de Camilo el día anterior.

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“Así que”, continuó, “regresarán a esa cancha hoy después de la escuela, se disculparán con Camilo y le devolverán la pelota respetuosamente. Espero haber sido claro”.

“Pero…”, intentó objetar uno de los chicos, pero el señor Hernández no estaba dispuesto a permitirlo.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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“O pueden reunirse conmigo aquí nuevamente con sus padres y obtener una suspensión temporal. Vean, muchachos, pueden molestarse por lo que estoy haciendo hoy, pero es para su beneficio. En realidad, todos deberían aprender algo de su compañero de clase”.

“Si bien Camilo no puede caminar, está haciendo todo lo posible por hacer realidad sus sueños. ¿Y cómo reaccionan ustedes? ¿Provocándolo y desmotivándolo? ¡Eso no está bien!”, exclamó.

Los chicos no dijeron nada y se quedaron allí con la cabeza inclinada en silencio. El director les informó que su castigo no terminaba ahí.

“Durante el siguiente mes, después de clase, ayudarán al conserje y limpiarán la cancha de baloncesto contigua. No involucraré a sus padres en esto si hacen lo que les he indicado correctamente y me demuestran que han reconocido su error”.

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Los chicos no estaban muy contentos, pero en ese punto, no tenían opciones. Tuvieron que ayudar al conserje y limpiar la cancha de baloncesto y además debieron disculparse con Camilo.

“Si lo dicen en serio, los disculpo”, dijo Camilo, con una sonrisa.

Aunque esos niños nunca se convirtieron en amigos de Camilo, a partir de ese momento respetaron su derecho a usar la cancha para alcanzar su sueño de convertirse en un jugador de baloncesto y nunca lo volvieron a molestar.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Nada puede impedir que te conviertas en quien quieres ser. Camilo había perdido su capacidad para caminar, pero aún podía ir tras su sueño de jugar baloncesto. Con suerte, algún día lo logrará.

Hay que enseñar a los niños a respetar a todos. El señor Hernández tomó las medidas pertinentes, después de ver a un grupo de niños maltratar a Camilo. Se debe trazar una línea firme contra el bullying.

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