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Mamá viuda de 3 hijos se queda sin dinero y recibe bono inesperado de $150.000 en su trabajo - Historia del día

Vanessa Guzmán
15 ago 2022
11:00
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Laura optó por trabajar horas extras para poder pagar todas sus cuentas del mes. Su jefe le entregó un bono y un ascenso gracias a un grupo de visitantes inesperados.

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Laura Martínez siempre estaba corriendo. Corría detrás de sus tres hijos para prepararlos para la escuela. Corría a sacar la basura justo cuando el camión se iba. Y corría a la parada de autobús para subir justo a tiempo.

Luego, en el hospital infantil donde trabajaba, corría de sala en sala, de médico en médico, con expediente tras expediente.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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Uno pensaría que ser una enfermera experimentada garantizaría algunos beneficios adicionales durante la hora del almuerzo, al menos. Pero Laura ni siquiera recordaba la última vez que había almorzado sentada.

“¡Reduce la velocidad o tus pies se van a incendiar!”, le decía su madre. La mamá de Laura, Dalia, fue la incorporación más reciente a su casa. La enfermera tuvo que acoger a su madre en su casa después de que esta sufriera otra caída y se lesionara la rodilla nuevamente.

Laura comenzó a estar mucho más alerta con todo desde el día en que falleció su esposo, Saúl. Habían pasado cinco meses desde la mañana en que ella lo besó por última vez antes de irse al trabajo y desde que él la atrajo por última vez hacia su cálido abrazo antes de dejarla ir.

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Ahora, por alguna razón, ella siempre tenía frío. Laura habría trabajado hasta el punto de colapsar si no hubiera tenido que cuidar a los niños y a su madre enferma.

En este sentido constante de prisa y urgencia que era su vida, había momentos en que su familia la detenía y le recordaba que era humana.

Arturo, Marly y Raquel todavía eran niños pequeños. Pero tenían sus maneras de saber si su mamá había tenido un buen día en el trabajo: ella siempre llevaba a casa donas de la cafetería.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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Últimamente, esas ocasiones se habían vuelto raras y los niños estaban tristes tanto por la falta de donas como por la vida estresada de su madre.

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Pero un día, cuando se cortó la luz y Laura no había vuelto a casa después de las 8:00 p. m., los niños se preocuparon mucho. La abuela Dalia estaba profundamente dormida en su habitación; era evidente por los fuertes ronquidos rítmicos.

“¿Deberíamos despertar a la abuela?”, preguntó Raquel, de tres años, preocupada.

“No, no, deberíamos llamar al amigo de mamá en el trabajo”, dijo Marly, de siete años, mientras buscaba los contactos en el teléfono celular de la casa.

Los tres niños se acurrucaron alrededor del teléfono cuando escucharon el tono de marcado. Pero después de tres timbres, el teléfono se quedó en blanco. “¡Ay, no! ¡La batería está agotada!”, dijo Raquel, ansiosa. “¿Qué hacemos ahora?”.

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“Esperamos. No se preocupen, mamá llegará pronto”, dijo Arturo, el mayor de los niños, tratando de tranquilizar a sus hermanas. “Vamos a buscar unas velas más mientras tanto”.

Después de lo que pareció una eternidad, Laura cruzó la puerta de su casa con pasos pesados. Dejó caer su bolso al suelo con un ruido sordo y vio que había despertado su hijo mayor, que estaba durmiendo en el sofá.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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“¡Shh! Todos los demás están dormidos en las habitaciones”, dijo el chico, levantándose y caminando hacia su madre.

“Déjame ayudarte con esa bolsa. ¿Qué pasó, mamá? ¿Por qué llegaste tan tarde?”.

“Lo siento mucho, cariño. Así será por un tiempo ahora. Sabes que estaba buscando un segundo trabajo para pagar la cirugía de la abuela, ¿No?”.

Arturo le había llevado un vaso de agua. “Sí, mamá. ¿Encontraste uno?”.

“No, incluso mejor. Le pedí a mi jefa, Bárbara Benavides, un trabajo extra en el hospital. Tuve que presionarla un poco”.

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Laura tomó un sorbo de agua para humectar su garganta seca. “Pero finalmente accedió a dejarme trabajar cuatro horas extra entre semana. ¡Y recibo ese pago extra! ¿No es una gran noticia?”.

Arturo sabía que no eran realmente buenas noticias. Sabía que su madre solo hablaría cosas buenas y dejaría de lado las malas. Al igual que obvió cuánto más exceso de trabajo terminaría siendo.

Mientras preparaba un plato de cena para su madre, el chico pensó para sí mismo: “Esto significa que mamá estará aún más cansada. Pasará aún menos tiempo con la abuela y con nosotros. ¡No tendrá tiempo libre para nada!”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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Él decidió compartir su opinión mientras su madre comía. Justo cuando llevaba el plato de comida al pasillo, descubrió que Laura ya se había quedado dormida en el sofá. Mirándola tirada allí, cansada y exhausta, Arturo tomó una decisión.

El día siguiente era jueves, que era el único libre que tenía Laura en el trabajo. “Esto es perfecto”, pensó el niño.

“Mamá, llevaré a Marly y a Raquel al parque. Duerme y descansa. Te despertaré cuando regresemos en una hora”.

“Gracias, cariño”, dijo Laura besando suavemente a su hijo. Luego se volvió a dormir.

Arturo se detuvo brevemente en la habitación de Dalia. “Ve, cariño, todo estará bien. Yo estaré atenta de todo en casa”.

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Minutos más tarde, Arturo y sus hermanas estaban en el autobús. Iban camino al trabajo de su madre con una misión. “Misión: Mamá Libre”, la llamaban.

“Nos gustaría hablar con la señora Bárbara Benavides, por favor”, dijo Marly, tratando de parecer lo más adulta posible.

“¡Y no aceptaremos un no por respuesta!”, agregó Raquel, con una nota innecesaria de agresión.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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La recepcionista hizo una breve llamada nerviosa y guio a los tres niños a una oficina.

“Hola, soy la Sra. Bárbara Benavides. ¿Cómo puedo ayudarlos?”.

Los niños quedaron desconcertados por la amabilidad en la voz de la Sra. Benavides. La habían imaginado como una mujer malvada, despiadada y exigente con los pobres empleados.

Laura nunca había comentado nada, pero Arturo había leído algunos de los mensajes de otros empleados en el chat grupal en línea.

“Ella es verdaderamente despiadada”.

“¿Cómo puede pedirnos que hagamos doble turno otra vez?”.

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“Ella claramente tiene sus favoritos y nos trata a los demás como basura”.

Pero cuando la mujer estuvo cara a cara con él, el chico pudo ver que era casi inspiradora.

Ella hablaba con un tono severo pero cortés. Le preguntó a uno de los empleados sobre la salud de su hija. Todo en su oficina estaba perfectamente organizado, y de inmediato ofreció a los niños un plato de donas.

“¿Por qué usted ha hecho que nuestra madre trabaje tanto?”, preguntó Raquel con la misma agresividad que había aterrorizado a la recepcionista.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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La Sra. Benavides se quedó desconcertada por un momento. Arturo intervino y explicó por qué estaban allí. “¿Podría hacer algo al respecto, por favor?”, preguntó el niño al final.

“¿Puede aumentarle el sueldo a mamá sin trabajo adicional?”, preguntó Marly dulcemente.

La Sra. Benavides se quedó sin palabras mientras imaginaba cómo debió haber sido la vida de Laura. Nunca supo que la tranquila y amable enfermera estaba teniendo una vida personal tan tumultuosa.

“Mis niños, lo siento mucho. ¡No tenía idea de que su madre estaba esforzándose así! La veo todos los días y, aunque traté de hablar con ella varias veces, ella no decía nada después de que su padre falleció”.

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“Debería haberme esforzado más para hablar con ella. Lamento mucho que ustedes, niños, hayan tenido que pasar por todo esto”.

“Está bien”, respondió Arturo. El chico entendió que la Sra. Benavides estaba realmente sorprendida.

Tenía sentido que su madre no le hubiera dicho a nadie por lo que estaba pasando. ¡Así era ella!

Entró la recepcionista y llamaron a la Sra. Benavides por una emergencia.

“Gracias por venir, niños”, dijo la mujer antes de salir corriendo.

Los pequeños se quedaron mirándose a la cara, preguntándose si la reunión había tenido éxito.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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Al día siguiente, llamaron a Laura a la oficina de su jefa. Generalmente, cuando a alguno de los empleados se les pedía reunirse con ella a primera hora de la mañana, no iba a ser bueno.

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Pero la verdad distaba mucho de lo que la madre de tres esperaba. Se sentó en un silencio incómodo y en estado de shock mientras la Sra. Benavides narraba todo el incidente con sus hijos. Parecía enfadada.

“Estoy enojada. No quería decir nada delante de los niños. Pero me has defraudado, Laura”.

“Listo, me voy a quedar sin trabajo”, pensó la mujer.

“Estoy enojada porque no me dijiste nada de eso. Estoy enojada porque tuve que escuchar sobre tus esfuerzos de tus increíbles hijitos. ¿No me consideras un ser humano, y mucho menos una amiga? ¿Te da vergüenza hablar de tu situación o pedir ayuda?”.

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Las preguntas de la Sra. Benavides parecían golpes bajos.

“¿Me he vuelto arrogante o inaccesible? Porque entonces, te he fallado”.

“No, no has…”, Laura trató de interrumpir.

“Y lo siento por eso”. La jefa finalmente se calmó mientras pronunciaba esas palabras. “Has sido un activo increíble para este hospital. Una mentora para muchos. Y quiero que tengas esto”.

La Sra. Benavides le entregó a Laura dos sobres. El primero contenía un folleto colorido que detallaba una reserva de vacaciones. “Te tomarás diez días libres y viajarás con tus hijos a Cancún. Todo, incluidos los boletos, está pagado”.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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Laura no supo cómo responder al inesperado gesto amable de su jefa.

“Bueno, continúa. Abre el segundo sobre”.

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Laura se preparó e hizo exactamente eso. Era un documento oficial extenso con varias páginas de contenido. La enfermera se inclinó y lo leyó cuidadosamente. Cuando se dio cuenta de lo que era, se quedó helada de incredulidad.

“Este es un bono de $150.000 por los últimos tres años, gracias a tres pequeños visitantes que recientemente entraron a mi oficina y me contaron todo”, decía la carta.

“Cuando regreses de tus vacaciones, hay otra pila de papeles para que los firmes: te estoy ascendiendo a jefa de enfermeras. No te olvides de traer un bolígrafo”, dijo la Sra. Benavides.

Los pies de Laura se entumecieron y se sintió como si por primera vez en varios meses se hubiera sentado.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Siempre que necesites ayuda, no dudes en pedirla. Cuando Laura pidió trabajar horas extras, no le contó a su jefa de sus problemas. Si lo hubiera discutido antes, podría haber reducido mucho su estrés y el de sus hijos.

Los niños tienen una manera de abrir corazones con su inocencia. El mayor de los tres hijos de Laura tenía solo seis años, pero cuidaba de su madre como nadie más lo hacía. Las cosas no habrían cambiado para ella y su familia si no hubiera sido por la inocente intervención del niño.

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