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Anciano caminando | Foto: Shutterstock
Anciano caminando | Foto: Shutterstock

Anciano camina 10 km para visitar a su nieto a diario: un día lo ve subirse al auto de un extraño - Historia del día

Georgimar Coronil
12 sept 2022
04:00

Un anciano camina 10 kilómetros para ver a su nieto diariamente. Un día ve al niño subirse al coche de un desconocido y entra en pánico.

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Lucas tenía ocho años cuando sus padres, Marisa y Pedro, se divorciaron. Pedro se había enamorado de otra mujer, con la que formó una familia.

Sin embargo, un mes después de su divorcio, Marisa se enteró a través del padre de Pedro, Ronald, de que este y su prometida habían muerto en un accidente de tráfico.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Tras el fallecimiento de Pedro, Marisa crio sola a Lucas y se aseguró de que nunca se perdiera nada. Pero el niño también tuvo a su lado al abuelo Ronald, que lo quería como un hijo.

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"¡El abuelo es el mejor, mamá! Me quiere mucho. Es muy bueno que el abuelo viva cerca de nosotros. Siempre puedo pasar tiempo con él", le decía Lucas a Marisa, pero ella no lo apreciaba. Cada vez que veía a Ronald acercarse a su hijo, sentía como si alguien le echara sal en la herida. Le evocaba los recuerdos de su relación con Pedro.

Así que para asegurarse de que Ronald se mantuviera alejado de ella y de Lucas, Marisa se mudó a otra casa.

"No lo hagas, por favor", le suplicó Ronald. Pero Marisa no le hizo caso.

Una vez que Lucas se mudó, Ronald se sintió muy triste. Era viudo, su único hijo había fallecido en un accidente de coche. Quería visitar a Lucas, pero su viejo coche había dejado de funcionar hacía tiempo y sus ahorros no le permitían comprar uno nuevo. Además, Marisa se enfadaría al verlo.

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Un día, Ronald estaba desayunando cuando sonó su teléfono. Cogió la llamada y se puso a llorar cuando escuchó la voz de Lucas al otro lado de la línea.

"¿Cómo estás? ¿Extrañas al abuelo, Lucas?", preguntó, con la voz entrecortada.

"Abuelo... Abuelo. Mamá está enferma. Se desmayó y la enviaron al hospital. No me llevaron con ella. Te echo de menos, abuelo. ¿Puedes venir a visitarme, por favor?", suplicó, llorando.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

"¿Qué?", dijo Ronald. "No te preocupes. El abuelo va para allá, ¿ok? ¿Estás solo en casa, Lucas?".

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"No", respondió el chico. "Estoy en casa de la señora María. Ella vive al lado de nosotros. Abuelo, ¡extraño a mamá! Y yo también te echo de menos".

Sin pensarlo dos veces, Ronald se puso en pie y tomó su bastón. Ni siquiera terminó de desayunar y se dirigió a la casa de la vecina de Lucas.

Ronald no tenía mucho dinero, así que decidió utilizar lo que le quedaba para comprarle algo a Lucas y animarlo. Luego caminó 10 kilómetros para ver a su nieto.

En la casa de la señora María, Lucas corrió hacia él y lo abrazó con fuerza. "¡Abuelo! Te he echado de menos".

"¡Yo también te extraño Lucas!" Ronald suspiró, abrazando al niño con fuerza.

A partir de ese día, el abuelo Ronald visitó a Lucas todos los días. Para ahorrar dinero en regalos para su pequeño nieto, decidió prescindir del transporte y, en su lugar, caminó 10 kilómetros diarios. Cuando llegó a la casa de María ya estaba cansado, pero nunca lo demostró.

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"Abuelo, pareces muy cansado. ¿Quieres sentarte?", le preguntó Lucas a Ronald un día después de que el anciano se desplomara en las escaleras de la casa poco después de llegar.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Pero Ronald fingió una sonrisa en su rostro y dijo: "¡En absoluto, muchacho! El abuelo sigue siendo muy fuerte. Caminar tantos kilómetros es pan comido para mí". Y el pequeño Lucas sonrió.

Cada vez que Ronald visitaba a Lucas, le llevaba caramelos, juguetes e incluso su pizza favorita. Jugaba con él a pesar de estar cansado y le leía libros de cuentos.

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Un día, antes de ir a visitar a Lucas, consiguió una caja de los chocolates favoritos del niño y decidió sorprenderlo. Pero al llegar a la casa de María vio a Lucas subiendo al coche de un desconocido.

"¿Quién es usted? ¿Adónde lleva a mi nieto? ¡Deténgase!", gritó desde lejos.

El hombre que sujetaba la puerta del coche para que Lucas entrara miró hacia atrás, con cara de preocupación.

"¡Aléjese ahora mismo!", gritó Ronald, amenazando al hombre con su bastón. Se apresuró a acercarse a él y sacó a Lucas del vehículo.

"¿Estás bien, Lucas?", preguntó, abrazándolo, con el bastón apuntando al hombre. "¿Intentó hacerte daño?".

"¡No, no, abuelo! Lo has entendido todo mal!", dijo Lucas. "Él es el esposo de la señora María. Como ayer me dijiste que no te sentías muy bien, pensé en visitarte hoy. El señor me llevaba a tu casa".

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pexels

"Ah, ¿es eso?". Ronald bajó su bastón y miró al hombre disculpándose. "Lo siento, señor. Estaba preocupado por mi nieto y me he pasado. Por favor, perdóneme".

"Está bien, Ronald. ¿Le gustaría acompañarme a tomar el té ahora que está aquí?".

"Se lo agradecería", dijo el anciano.

Mientras hablaban, el esposo de María reveló que se había tomado un día libre en el trabajo y decidió llevar a Lucas a visitar a Ronald. También le dijo que después de enterarse de que caminaba 10 kilómetros todos los días para ver a Lucas, algunos vecinos se unieron y comenzaron una página de GoFundMe para poder conseguirle un coche nuevo.

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Ronald estaba llorando y rechazó cortésmente al hombre. "Créame, señor, eso sería innecesario. Costaría mucho dinero y no puedo aceptarlo".

Pero el sujeto le aseguró que los vecinos realmente querían hacerlo por él. Y después de mucha persuasión, Ronald tuvo que aceptar.

"Muchas gracias", dijo entre lágrimas. "Nunca olvidaré su amabilidad".

Poco después, Ronald fue a recoger a Marisa al hospital en el flamante coche y tuvo una sentida charla con ella, en la que le pidió disculpas por lo que había hecho Pedro y le suplicó que no impidiera que Lucas lo viera.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Pixabay

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"Sé que no será fácil para ti", le dijo. "Pero espero que lo entiendas".

Con el tiempo, Marisa dejó que Lucas decidiera. Si él quería estar cerca de su abuelo, ella no tenía derecho a impedírselo.

Ahora las cosas han cambiado tanto que Ronald conduce con alegría para ver a su nieto todos los días y ayuda a Marisa en la casa para que ella pueda centrarse más en su carrera, lo que en el fondo ella agradece. Y Lucas no se pierde del cariño de su abuelo.

"¡Estoy tan contento de que me visites todos los días, abuelo!", dijo el niño.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • Los abuelos quieren a sus nietos y hacen todo lo posible por ellos: Cuando Lucas se alejó de Ronald, el anciano caminó 10 kilómetros diarios solo para ver a su nieto. Los corazones de los abuelos están llenos de tanto amor.
  • Apoyan a los ancianos: Debido a la decisión de Marisa, Ronald se vio inmerso en una situación difícil en la que tenía que caminar diariamente para ver a su nieto. Afortunadamente, los vecinos de Marisa lo ayudaron y le consiguieron un coche nuevo.
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Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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