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Cajero le grita a niño al que le faltan $2: se desconcierta al ver que el chico tiene raquetas atadas a sus pies - Historia del día

Georgimar Coronil
20 may 2022
16:05
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Una noche de invierno, una tormenta llegó a un pueblo y los residentes no estaban preparados para enfrentarla.

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Lucas, quien trabajaba como cajero en local de comida, tuvo que colocar cubos en su casa para evitar que la nieve cayera dentro. Su techo estaba roto. Aunque quería quedarse en casa el día después de la tormenta, tenía que suplir a los compañeros que no podían laborar.

"Está bien, de todas formas necesito dinero para arreglar mi techo", le dijo a su supervisor. Solo había un par de personas en el supermercado, ya que era difícil llegar al lugar con la nieve acumulada en las calles.

Los que consiguieron ir al establecimiento compraron montones de comida por si se producían más tormentas de nieve.

Después de unas horas y de atender a un par de adultos, Lucas se encontró con un niño, de unos 11 años, con un carro lleno de comida. Los depositó en la caja y esperó a que Lucas los pusiera todos en el sistema.

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Una vez que Lucas le dio el monto total a pagar, el niño se dio cuenta de que le faltaban dos dólares. "Oh no, he calculado mal y ahora me faltan dos dólares para pagar", dijo el chico, mirando alrededor de la tienda como si estuviera pensando qué hacer.

Tras un par de segundos, Lucas se irritó. "¿Y bien? ¿Vas a pagar la compra o no? Estás retrasando a todo el mundo”, le dijo.

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"Lo siento. Me faltan dos dólares. Tendré que sacar algunas cosas de mi carrito. Por favor, atiende a los demás primero mientras resuelvo esto", explicó el niño, haciéndose a un lado para dejar que los otros demás clientes pasaran.

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Lucas estaba furioso. Pensó que el chico le estaba jugando una broma pesada, especialmente después de revisar tantos productos en la tienda. Luego vio las raquetas de tenis atadas a los pies del niño y esto le despertó la curiosidad.

Una vez que atendió a todos los clientes, decidió acercarse al chico. "¿Por qué tienes raquetas de tenis atadas a los pies?", le preguntó.

"Es la única manera de atravesar la nieve. Vivo con mi abuela y necesitaba provisiones para ella y nuestros otros vecinos. La casa de mis vecinos estaba cubierta de nieve, pero la nuestra estaba bien. Quería ayudarles", explicó el chico.

Carro de supermercado. | Foto: Pexels

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Lucas se sintió fatal por haber avergonzado al niño minutos antes. Decidió darle dos dólares para que pudiera llevarse a casa todo lo que pretendía comprar.

Al darse cuenta de que el joven tendría dificultades para caminar con tantas bolsas, miró su reloj, su turno había terminado, así que decidió hacer un acto de bondad acompañando al chico de vuelta a su casa.

"Deja que te ayude. Vamos a tomar este carro", dijo cargando el carro con las bolsas de la compra.

"¡Gracias, señor! Me llamo Leonardo", reveló.

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"Hola Leonardo, soy Lucas. Voy a quitar la nieve mientras tú empujas el carro. ¿Te parece bien?", preguntó.

Leonardo asintió. Después de palear y caminar en silencio durante un rato, el niño decidió hacerle una pregunta a Lucas: "¿Por qué estaba tan enfadado antes? Parecía molesto por algo".

"Es por el techo de mi casa", respondió Lucas. "La tormenta de nieve arruinó mi techo y no tengo tiempo ni dinero para arreglarlo".

Leonardo comprendió que Lucas simplemente estaba teniendo un mal día. Sin embargo, le agradeció por haberlo ayudado.

Pala con nieve. | Foto: Pexels

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Aunque tardaron más de una hora en llegar a casa debido a la nieve, ni Lucas ni Leonardo se quejaron. Consiguieron llevar la compra a la abuela de Leonardo sana y salva.

La abuela de Leonardo y sus vecinos estaban encantados y agradecidos cuando repartieron la mercancía. Se lo agradecieron a Lucas invitándole a cenar con ellos ese día.

Al día siguiente, la nieve empezó a remitir y a derretirse. Sin embargo, Lucas seguía teniendo que lidiar con el problema de su tejado. Mientras contemplaba qué hacer, de repente oyó que llamaban a la puerta.

Cuando la abrió, Lucas vio a Leonardo, a su abuela y a sus vecinos en su puerta. "¿Qué hacen todos aquí?", preguntó sorprendido.

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"¡Hemos venido a arreglar tu techo!", dijo Leonardo con entusiasmo.

Leonardo, su abuela y sus vecinos entraron en la casa y trabajaron juntos para renovar el techo roto. Lucas no solo se alegró de que viniera gente, ya que vivía solo, sino que se sintió conmovido por la amabilidad y la generosidad de Leonardo y su comunidad.

Nunca se dio cuenta de que el hecho de echar una mano a Leonardo el día anterior le llevaría a establecer una relación de por vida con unos desconocidos que acabarían convirtiéndose en familia.

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Mesa. | Foto: Pexels

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Es solo un mal día, no una mala vida: Lucas se sentía mal después de que la tormenta de nieve rompiera su techo. El incidente le arruinó el día y afectó a su forma de relacionarse con los demás. Se dio cuenta de que solo era un mal día cuando conoció a Leonardo, que se convirtió en un rayo de sol en su vida.

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Sé amable con los que conoces: Todo el mundo se enfrenta a una batalla que tú desconoces. Lucas se ensañó con Leonardo sin darse cuenta de que solo intentaba ayudar a su abuela y a sus vecinos. Del mismo modo, Leonardo asumió que Lucas era un gruñón sin saber que estaba lidiando con sus problemas.

Comparte esta historia con tus seres queridos. Puede que les inspire y les alegre el día.

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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