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Autobús en un camino cubierto de nieve | Foto: Shutterstock
Autobús en un camino cubierto de nieve | Foto: Shutterstock

Indigente le da sus últimos $3 a una chica para que pueda volver a casa: a cambio, ella recauda $30.000 para él - Historia del día

Mayra Pérez
29 sept 2022
20:00

Un indigente le dio sus últimos tres dólares a una joven en la parada del autobús para que pudiera irse a casa después de que le pasara algo terrible. Ella regresó tiempo después, con una gran sorpresa que cambiaría su vida.

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José salió de la tienda con solo tres dólares en el bolsillo. Planeaba usarlos para tomar el autobús e ir a un refugio que usaba regularmente. Estar sin hogar no era nada fácil.

Apenas podía conseguir algunos pequeños trabajitos aquí y allá que le daban algo de dinero para la comida. Cuando le iba muy bien, alquilaba una habitación en un motel, para disfrutar de un poco de privacidad.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Aun así, estaba feliz de no tener que caminar, porque la nieve había caído ese día por primera vez y caminar en el frío glacial no le hacía ninguna gracia. José fue hasta la parada del autobús lo más rápido posible.

Sin embargo, el suave sonido de una persona llorando le hizo notar que había alguien más allí. Giró la cabeza y miró a una mujer joven sentada en el banco de la parada de autobús.

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Sus brazos envolvían su cuerpo de manera protectora; vestía un abrigo pesado, bufanda, guantes y sombrero, por lo que no parecía tener frío. Pero su cuerpo se balanceaba y sollozaba en silencio.

José volvió a mirar el camino y trató de ignorarla. Las jovencitas siempre lloraban por un novio o por alguna tontería, y no les gustaba que alguien las importunara con preguntas.

Sus labios se fruncieron mientras el llanto continuaba. Finalmente, José no pudo seguir ignorándola. “Señorita, ¿está bien? ¿Alguien la lastimó?”, preguntó, tratando de hablar en un tono muy suave.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Cuando sus ojos profundos y húmedos miraron hacia arriba, él esperaba ver desprecio. Las personas sin hogar solían ser rechazadas, y él se veía desaliñado con su ropa andrajosa y su cabello sucio.

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Para su sorpresa, el rostro de la mujer estaba libre de cualquier juicio. Ella levantó la vista y respondió: “Un hombre acaba de robar mi bolso y fue bastante aterrador”.

“Lo siento mucho. Hay una estación de policía cerca si quiere denunciarlo”, dijo José, con empatía. Él sabía lo que era que te robaran tus pocas pertenencias.

La joven negó con la cabeza, “Quiero hacerlo, pero hace mucho frío. Solo quiero volver a mi habitación y dormir. Pero no tengo dinero ni teléfono y no conozco a casi nadie en esta ciudad”.

“Acabo de mudarme a la universidad, y no tengo idea de qué hacer. Ser adulta es horrible”, concluyó desolada.

Los labios de José se fruncieron una vez más, y metió la mano en sus bolsillos. Tres dólares serían más que suficientes para llevarla a casa, pero entonces él tendría que caminar.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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La nieve caía de nuevo; solo podía pensar en la acera helada, y en los 30 minutos de caminata que tendría que hacer para llegar al refugio.

La joven no le estaba pidiendo dinero, pero no podía dejarla así. Sabía lo que era estar atrapado, solo, indefenso, asustado y llorando. Además, él podría ayudarla, así que lo haría.

“Toma”, dijo, sacando sus últimos tres billetes de 1 dólar de su bolsillo. “Esto es más que suficiente para un boleto de autobús a tu residencia, creo”.

La joven intentó rechazar su oferta, pero él insistió. Finalmente, la chica tomó el dinero y le agradeció efusivamente el gesto. Llegó el autobús y ella subió. José se despidió con la mano y, justo cuando el vehículo arrancaba, ella abrió una ventana y gritó:

“¡Soy Karina, por cierto! ¡Gracias!”.

“¡Soy José! ¡De nada!”, gritó y sonrió feliz. Luego emprendió su camino hacia el refugio. Llegó mojado, con frío y muy cansado, pero había hecho algo bueno ese día, así que se fue a dormir sintiéndose satisfecho.

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Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

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Varias semanas después, Karina lo encontró en la misma parada de autobús y comenzaron a hablar. Ella le dio las gracias de nuevo y le dio un sobre. Al principio, él le dijo que no era necesario que le devolvieran los tres dólares.

Pero no estaba preparado para lo que vio: ¡el sobre contenía un cheque por $30.000! Karina había recaudado el dinero después de contar su historia en internet y le tenía reservada otra sorpresa.

“Hablé con algunas personas y encontré un apartamento para ti. Esto es más que suficiente para el depósito y el valor de un año de alquiler. ¡Vamos a verlo!”, dijo con entusiasmo y comenzó a guiarlo.

José comenzó a seguirla, aunque estaba convencido de que todo era una broma. Pero no fue así. Vieron el apartamento y firmó un contrato de arrendamiento unos días después de depositar el dinero en una nueva cuenta bancaria que Karina lo ayudó a abrir.

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Se mudó, encontró algunos muebles de segunda mano, y pronto consiguió un trabajo de tiempo completo. Y todo gracias a su acto de generosidad al darle sus últimos tres dólares a una jovencita desamparada.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • Siempre que puedas, ayuda a tu prójimo: José regaló sus últimos dólares a una jovencita en problemas, y esa buena acción reconfortó su corazón.
  • A veces, todo lo que se necesita es una oportunidad en la vida: José estaba en las calles, y apenas ganaba lo suficiente para comer. Pero su vida cambió cuando una jovencita agradecida le consiguió algo de dinero y un lugar donde vivir, que le dieron el empuje para conseguir trabajo y salir de las calles.
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