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Niño que pone anuncios para ayudar a vecina mayor halla sobre lleno de dinero en la puerta de su casa – Historia del día

Mayra Pérez
28 jun 2022
13:00
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Víctor supo que su vecina necesitaba una silla de ruedas para movilizarse, pero no podía comprarla, así que decidió buscar trabajo en su vecindario. Sus vecinos ayudaron, pero no era suficiente y, de repente, sucedió algo notable.

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“¿Por qué estamos trayendo comestibles para la señora Andrade?”, le preguntó Víctor a su madre, Anna, mientras regresaban del supermercado.

Al niño le gustaba ayudar a su madre con estas tareas, pero nunca habían comprado nada para ningún vecino, por lo que decidió preguntar cuando se acercaron a su casa.

Fachada de una casa blanca. | Foto: Pexels

Fachada de una casa blanca. | Foto: Pexels

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Vio que el jardín delantero de la casa de la señora Andrade estaba cubierto de hierba y que el buzón estaba lleno. Se dio cuenta de que la anciana necesitaba ayuda.

“Cariño, la vecina tiene problemas para caminar, así que me ofrecí a llevarle algunas cosas del mercado”, explicó Anna mientras subían los escalones de madera de la casa de la señora Andrade y tocaban el timbre.

“Oh, pero podría conseguir una silla de ruedas y moverse”, comentó el niño como si fuera la solución más sencilla del mundo. Algunos niños en su escuela usaban sillas de ruedas y parecían vivir normalmente.

“No es tan fácil adaptarse a una silla de ruedas a una edad avanzada, cariño. Además, la señora Andrade no tiene dinero para comprar una en este momento. Pueden ser caras”, explicó Anna, y Víctor frunció el ceño mientras pensaba.

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La señora Andrade abrió la puerta, sonrió y los invitó a tomar café y galletas. Víctor notó lo lento que se movía y una idea se formó en su mente. Le contó todo a la anciana y a su madre, y ellas le sonrieron con indulgencia. Ninguna creyó que Víctor lo haría.

Por eso Anna se sorprendió al día siguiente cuando vio que Víctor había hecho varios anuncios. “Mamá, ¿puedo agregar tu número de teléfono aquí, para que la gente pueda llamarme con el trabajo?”.

Niño cubriéndose el rostro. | Foto: Pexels

Niño cubriéndose el rostro. | Foto: Pexels

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“Oh, cariño. Eso es muy dulce. Pero no sé si será suficiente para recaudar el dinero que necesita”, explicó Anna. Le encantaba que su hijo tuviera un corazón tan grande, pero no quería que se le rompiera si nadie llamaba o si no podía recaudar el dinero.

“Bueno, al menos quiero intentarlo”, razonó Víctor con su brillante sonrisa y ojos ansiosos. Anna asintió y agregó su número de teléfono a los anuncios. También revisó su ortografía para asegurarse de que todos entendieran lo que estaba ofreciendo.

En su anuncio, Víctor ofrecía sus “servicios”, que incluían ayudar con las compras, cortar el césped, hacer compañía y pasear perros. También dejó el precio de sus servicios a discreción del vecino, lo que hizo sonreír a Anna. Honestamente solo quería ayudar.

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“¡Vamos a colgarlos!”, exclamó. Agarró la mano de su madre y salieron.

Anna lo ayudó a pegar los anuncios en el vecindario. Las personas ahí eran muy amables, pero ella no sabía si alguien aceptaría la oferta de Víctor.

Cuando terminaron y regresaron a casa, Anna comenzó a recibir llamadas de sus amigos, preguntando por los anuncios. Les explicó todo, incluso que la vecina necesitaba una nueva silla de ruedas y que por eso Víctor quería hacer estos trabajos.

Afortunadamente, mucha gente empezó a contratar al niño, que estaba encantado. Sacó a pasear al perro del señor Colmenares todas las tardes después de la escuela, cortó el césped de la señora Gómez y la ayudó a plantar nuevas flores, y el señor Flores lo contrató para llevar sus compras.

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Niño pasea un perro. | Foto: Pexels

Niño pasea un perro. | Foto: Pexels

También ayudó a la señora Andrade con las tareas que necesitaba, pero gratis. Víctor estaba muy animado, pero después de dos semanas de trabajo, ni siquiera estaba cerca de la meta. Anna lo había ayudado a buscar una silla de ruedas, y costaba casi $500.

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“Mamá, ¿qué más puedo hacer?”.

“Hijo, ganar dinero es difícil. Es por eso que tu papá siempre está fuera. Pero estoy muy orgullosa de ti. Voy a llamar a algunas personas y veré si necesitan más trabajo”. Anna trató de consolarlo y tomó su teléfono. “Oh, lo olvidaba. Tienes que sacar a pasear al perro del señor Colmenares”.

“¡Cierto!”. Víctor se levantó rápidamente, se puso la chaqueta y abrió la puerta principal. Pero Anna se volvió hacia él cuando la puerta no se cerró. Víctor estaba allí de pie, mirando al suelo y, de repente, se inclinó.

“Víctor, ¿qué pasa? ¿Recibimos un paquete?”, preguntó Anna, mientras se acercaba a él preocupada.

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“¡Mamá! ¡Es un sobre con dinero! ¡Oh Dios mío! ¡Creo que esto podría ser suficiente para la silla de ruedas!”, dijo el niño con los ojos brillantes de alegría.

Niño con una sonrisa en el rostro. | Foto: Pexels

Niño con una sonrisa en el rostro. | Foto: Pexels

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Anna corrió hacia Víctor y miró el sobre. “Bueno, es más que suficiente, pero... no creo que podamos quedarnos con este dinero. No sabemos quién lo puso ahí”, vaciló, dando la vuelta al sobre para buscar una dirección o alguna pista. No había nada.

“¡Tiene que ser un vecino! ¡Alguien que quería ayudar!”, insistió el pequeño. Pero Anna negó con la cabeza y, de repente, Víctor tuvo una gran idea: “¡Vamos a revisar la cámara!”.

Anna le sonrió a su hijo porque era muy inteligente. Era la solución más fácil, así que agarró su teléfono y abrió la aplicación con las imágenes de su cámara. Comprobó si había algún movimiento desde que habían llegado a casa en las últimas horas.

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Había sido el señor Fuentes. Un nuevo vecino al otro lado de la calle que la gente aún no había conocido oficialmente. Dejó caer el sobre al suelo y regresó a su casa.

Anna tenía que saber si lo había hecho intencionalmente, así que tomó la mano de Víctor y se fueron juntos. Como mínimo, tenían que agradecerle por un regalo tan generoso.

Una mujer revisa su teléfono. | Foto: Pexels

Una mujer revisa su teléfono. | Foto: Pexels

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El señor Fuentes estaba molesto porque lo habían captado en cámara, ya que no quería recibir ningún elogio o reconocimiento por tratar de ayudar. Pero Anna igual quería darle las gracias y entenderlo.

“Hiciste algo muy especial por una completa extraña. ¿Por qué?”, preguntó Anna, sonriendo. Víctor estaba a su lado con la felicidad pintada en su rostro.

“Bueno, tu hijo está trabajando para recaudar dinero a pesar de ser tan pequeño. ¿Por qué lo hace él? Es por bondad. Supongo que es un deseo de ver un mundo mejor y ayudar al prójimo”, explicó el vecino, encogiéndose de hombros.

“Y viéndolo a él, pensé que yo también quería ayudar a la vecina. Mi esposa y yo no somos las personas más sociables, y sentí que era una buena idea hacerlo así, en secreto”.

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Anna le sonrió y lo invitó a él junto a su esposa a cenar esa noche. También invitó a la señora Andrade para que todos pudieran conocerse. Unos días después, le llevaron a la anciana vecina una silla de ruedas, y no pudo evitar llorar al verla.

A partir de entonces, Víctor entendió el valor del trabajo duro y lo difícil que era ganar dinero, por lo que nunca dio por sentado nada de lo que tenía. Pero también supo lo bien que se sentía ayudar a otros y dar sin esperar nada a cambio.

Una mujer en silla de ruedas. | Foto: Pexels

Una mujer en silla de ruedas. | Foto: Pexels

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

La amabilidad es contagiosa y alimenta el alma. La amabilidad de Víctor inspiró a su nuevo vecino a hacer algo generoso también; y eso le ayudó a hacer nuevos amigos.

Es vital enseñar a los niños el valor del trabajo duro y el dinero. El niño aprendió lo difícil que era ganar suficiente dinero y cómo todos tienen que trabajar por todo lo que quieren.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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