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Hombre sin hogar sentado en la calle con un perro. | Foto: Shutterstock
Fuente: Hombre sin hogar sentado en la calle con un perro. | Foto: Shutterstock

Mesera alimenta a un mendigo y a su perro: "Cambiaste mi vida", le dice él cuando aparece vistiendo un traje fino - Historia del día

Durante días, la camarera de un café, Hilary, ofreció comida gratis a un indigente que mendigaba en la calle cercana. Hasta que un día, él desapareció y dejó una nota. Semanas después él regresó vestido con un traje caro.

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“Cuando recibas, tú también da”. Ese era el mantra de Hilary para el día tras leer una cita de la escritora Maya Angelou por la mañana. Siempre leía o escuchaba algo inspirador antes de comenzar su día como mesera en el café.

De camino al trabajo, vio a un indigente mendigando en la calle. Cuando ella se acercó, él extendió su mano hacia adelante, pidiendo dinero.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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Hilary revisó sus bolsillos pero no encontró dinero en efectivo. Por lo general, guardaba algo de cambio en el bolsillo. Pero se había olvidado esta vez.

Miró al hombre con expresión de disculpa y sacudió la cabeza. El hombre no reaccionó. Simplemente, acercó su mano a su cuerpo y palmeó al perro sentado a su lado.

La joven se compadeció de él y del can, pero tenía que ir rápido al trabajo. Se alejó velozmente, con la esperanza de que algún otro amable extraño ayudara al mendigo y a su amigo peludo.

Se revisó el cabello y se ajustó la etiqueta con su nombre cuando su turno estaba a punto de comenzar. Hilary disfrutaba trabajar en el café, incluso en los días en que le dolían los pies por estar de pie todo el día.

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Más que nada, ella apreciaba la libertad que le brindaba la vida en la ciudad.

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“Cuando recibas, tú también da”. Las palabras de Maya Angelou estaban en bucle en la mente de Hilary.

Mientras la mesera atendía a sus primeros clientes, notó que el indigente de esa mañana caminaba hacia el café. Se detuvo y miró el tablero del menú fuera de la puerta. Se metió la mano en el bolsillo, sacó unas cuantas monedas y empezó a contarlas.

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Se tomó mucho tiempo para contarlas, se detuvo y suspiró. Hilary se dio cuenta de que el hombre no tenía suficiente dinero. Rápidamente, la joven corrió al mostrador y empacó un sándwich y una botella de agua en una bolsa.

Se apresuró cuando notó que el hombre se había dado la vuelta para regresar a su lugar. Hilary abrió la puerta y lo llamó.

“¡Disculpe señor!”.

El hombre hizo una pausa por un segundo, preguntándose si “señor” era él. Se dio la vuelta y vio a Hilary ofreciéndole la bolsa.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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El hombre caminó en silencio hacia ella sin ninguna expresión en su rostro y tomó el empaque. Ni siquiera dijo gracias, pero a Hilary no le importó.

Ella entendía que la vida debía haber sido dura con el pobre hombre y ser amable probablemente no era lo más importante en su mente.

Hilary observó al mendigo caminar hasta su lugar y alimentar primero a su amigo canino, mientras lo acariciaba y lo calmaba. El hombre miró con satisfacción y terminó comiendo solo dos bocados del sándwich.

La joven había estado observando este momento de satisfacción y unión, y se dio cuenta de que había algo más en el indigente. No estaba totalmente perdido; y también había bondad en él.

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Durante los siguientes días, Hilary le ofrecía al hombre una bolsa de comida todos los días. Ella misma la pagaba con las propinas que recibía el día anterior. El hombre aceptaba la bolsa en silencio y la compartía con el perro.

Un día, la joven tenía listos un sándwich y una botella de agua para el hombre, pero él no apareció. Salió y buscó en la calle, pero el hombre no estaba a la vista. Hilary estaba preocupada por él, pero nuevamente, el trabajo se apoderó de su mente.

Había terminado el almuerzo y Hilary estaba a punto de regresar al café cuando vio un pequeño sobre en la puerta. Se sorprendió al ver su nombre en él. Ella lo recogió y lo abrió. Tenía una nota adentro.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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“Estimada Hilary,

Sabía que estarías preocupada. Pensé que esta nota podría ayudar. La verdad es que he pasado por muchas cosas en los últimos dos años. Nunca hablé contigo a pesar de que me ayudaste todos los días. Eso es porque yo tenía miedo de la gente, en general.

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He visto demasiadas traiciones. Perdí una cosa significativa tras otra en mi vida, hasta que nada tuvo sentido. He visto los lados más feos de los seres humanos. Y así, había renunciado a la humanidad.

Estaba solo hasta que vi a un perro indefenso en la calle. Confiar en él era más fácil que confiar en un ser humano, ¿sabes a lo que me refiero? Así que lo acogí, lo llamé Huffy y hemos sido compañeros en la falta de vivienda desde entonces.

Pero me desafiaste con tu amabilidad. Al principio, pensé que solo estabas tratando de sentirte bien contigo misma. Pero nos has alimentado a mí y a Huffy todos los días desde el día en que nos conocimos. Y aunque nunca te agradecí, sabía que todavía había bondad en el mundo.

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Me devolviste la fe en la humanidad. Y es por eso que me estoy dando otra oportunidad de aprovechar al máximo la vida. Me mudaré a un refugio y tal vez obtenga ayuda para avanzar en la vida. Y finalmente, quiero agradecerte por tu amabilidad, pues ha transformado mi vida”.

Gracias,

Michael y Huffy”.

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

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Hilary lloró al leer la nota. No solo por conocer su nombre, sino también por ser la primera vez que el hombre le agradecía después de todos estos días.

Se alegró de que su acto de bondad hiciera una diferencia en la vida de Michael, lo suficientemente grande como para que él le escribiera una nota conmovedora.

“Maya Angelou estaría orgullosa de mí”, pensó y se rio entre dientes.

Pasaron las semanas y Hilary continuó con su rutina como mesera. Le gustaba escuchar cosas motivacionales por la mañana y trataba de aplicar cada lección donde podía. Le gustaba servir el café de la mañana a sus clientes, dándoles su dosis diaria de cafeína.

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A estas alturas, conocía a todos sus clientes habituales de la mañana. Pero un día, notó un nuevo cliente que vestía traje. Parecía costoso. El encantador joven le resultaba familiar, pero Hilary no estaba segura.

El cliente sonrió y dijo: “¿Tienes mi bolsa lista, Hilary?”.

Ella tenía razón. Era él.

“¡Michael! ¡Dios mío! ¿Eres realmente tú?”, Hilary no esperaba ver a Michael, el mismo indigente al que ayudaba, con un traje caro en el café.

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Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

Imagen con fines ilustrativos. | Foto: Getty Images

El hombre explicó que mudarse al refugio había sido la mejor decisión que había tomado. Lo ayudó a conseguir un trabajo adecuado y capacitación para volver a ingresar al mundo corporativo.

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Había tenido mucha experiencia antes de perder todo en su negocio y terminar sin hogar. Pero ahora, Michael tenía una mentalidad positiva y una visión optimista de su futuro.

“Y nada hubiera sido posible de no haber sido por tu amabilidad hacia un mendigo extraño, grosero y perdido. Gracias por ser un faro de esperanza para mí. Cambiaste mi vida y te lo debo todo”, dijo Michael con gratitud y los ojos llorosos.

“Ah”, Michael recordó algo y señaló al perro que movía la cola justo afuera de la ventana, “¡y Huffy también dice gracias!”.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

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  • Ayuda a los necesitados siempre que puedas: Nunca se sabe por lo que puede estar pasando una persona. Hilary no conocía la historia de Michael, pero decidió ayudarlo. Su amabilidad cambió su vida para siempre.

  • No juzgues a las personas por lo que aparentan: Estar sin hogar no es un pecado. Hilary vio la amabilidad del vagabundo grosero cuando lo vio compartir su comida con un perro callejero. La amabilidad de la joven reavivó la voluntad de Michael de ascender en el mundo empresarial.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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