Hijo come postre y tras breves instantes colapsa sin vida frente a sus padres

Un joven de 11 años murió días después de haber consumido un trozo de pastel, justo antes del Día de Acción de Gracias.

En noviembre de 2016, una familia que se encontraba de vacaciones en Maine, EE.UU., jamás se imaginó que esa sería la última vez que compartirían con su hijo de 11 años, Oakley Debbs.

Debbs, un excelente estudiante, amante de los deportes y maratonista, había salido de la ciudad con la familia para pasar el Día de Acción de Gracias en Maine. Una noche, ordenaron una cesta de regalo que contenía jamón, torta y otros alimentos.

El menor, siendo asmático y alérgico a las nueces y al maní, usualmente revisaba con cautela todo lo que se metía a la boca, y en vista de que ese trozo de pastel no tenía pedazos de nueces, no dudó en comérselo, reveló Today.

Su madre, Merrill, afirmó que ellos ni siquiera vieron el pastel, porque justo acababan de abrir la cesta.

"Pensó que se trataba de un pedazo de torta cualquiera", relató su padre, Robert Debbs, a Today. "Pero cuando se lo comió, se acercó y dijo que podría haber contenido nueces".

Después de que Merrill probó la torta, notó que efectivamente tenía un sabor a frutos secos, que luego se determinó que era de nuez. Ella entonces hizo lo acostumbrado, darle un antialérgico. Luego Oakley afirmó sentirse bien, aunque tenía el labio un poco hinchado.

Esa noche, antes de que se acostaran a dormir, el joven dijo tener dolores en el pecho, pero no tenía dificultades para respirar. Luego, quince minutos más tarde, empezó a vomitar.

Lo natural fue creer que después de vomitar, el chico se sentiría mejor, pero poco después, volvió a vomitar.

Todo se volvió un caos a partir de ese momento. La familia llamó al servicio de emergencias, pero cuando la ambulancia llegó, unos 10 minutos después, Oakley estaba azul.

Una hora y media después de haber consumido el pedazo de pastel, sus vías respiratorias se habían cerrado y su corazón se había detenido.

Hasta ese momento, los médicos les habían dicho que sus alergias al maní y a las nueces eran "moderadas" y que siempre habían sido tratadas con antihistamínicos.

Tenían inyecciones de epinefrina, pero nunca habían sido educados adecuadamente sobre los signos y síntomas de cuándo usarlas.

Cuando llegaron los paramédicos, Oakley yacía sin vida en los brazos de su padre. Le dieron dos dosis sucesivas de epinefrina, pero ya era demasiado tarde. Oakley fue declarado muerto cuatro días después, en el hospital, a causa de una alergia severa a las nueces.

Ahora que saben qué mató a su pequeño, la familia Debbs fundó la Red Sneaker Foundation para darle algo positivo a esta tragedia, y ayudar a educar a los demás sobre los peligros de las alergias alimentarias, y cómo manejarlas.

Para mostrar apoyo a la familia de Oakley Debbs, las personas de su comunidad usan zapatillas rojas, tacos y cintas para el cabello.

"No creo que mi hermoso, increíble, talentoso y adorable hijo haya debido morir", dijo Debbs, agregando que espera llevar inyecciones de epinefrina (EpiPens) a todas las escuelas, y que baneen los frutos secos de los salones de clase.

Los Debbs no han sido los únicos que han atravesado una tragedia de esta magnitud. En septiembre de 2017, una madre halló a dos de sus trillizos muertos en sus cunas.

El 23 de septiembre, Sarah llamó a los servicios de emergencias y les dijo que fueran lo más pronto posible a su casa en Wildmill, Gales del Sur, porque dos de sus tres hijos no estaban reaccionando.

En el hospital, los declararon muertos, y después de una investigación que duró seis meses, la policía llegó a la conclusión de que habían fallecido por causas naturales.

 Imagen tomada de: YouTube.com / Breaking News 2018

Imagen tomada de: YouTube.com / Breaking News 2018

Uno de los bebés murió de bronconeumonía, una infección de los pulmones que causa inflamación, y el otro murió de una infección del tracto respiratorio, una enfermedad que afecta los pulmones, la garganta o las vías respiratorias; ambos casos por su prematuridad.