La trágica historia de Anna Anderson, la mujer que se hizo pasar por Anastasia Romanov

Cuando Anna Anderson falleció, en 1984, mucha gente seguía convencida de que ella era en realidad la princesa Anastasia Romanov. Años después se encontraría la prueba irrefutable de que no era cierto. Sin embargo, su historia no fue menos trágica y fantástica.

Se dice que una vieja maldición china reza: "ojalá vivas tiempos interesantes". Y la primera mitad del siglo XX fue, sin lugar a dudas, uno de esos tiempos. La historia de Anna, o Franziska, o "Anastasia", no lo fue menos.

Anastasia Romanova de niña en el yate imperial. | Foto: Wikimedia Commons

Anastasia Romanova de niña en el yate imperial. | Foto: Wikimedia Commons

LOS ROMANOV

Tras su abdicación en el marco de la Revolución Rusa de 1917, el zar y su familia, los Romanov, quedaron en una posición muy frágil. El 17 de julio de 1918, toda la familia murió, ejecutada en el sótano de la casa Ipatiev de Ekaterimburgo.

Aunque la muerte del zar fue públicamente anunciada en 1918, el destino de su esposa y sus cinco hijos, Olga (22), Tatiana (21), María (19), Anastasia (17) y Aleksei (13) fue durante años mucho más difuso. Noticias contradictorias sobre su muerte y supervivencia dieron espacio a la especulación.

La familia Romanov en 1913. | Foto: Wikimedia Commons

La familia Romanov en 1913. | Foto: Wikimedia Commons

LA MUCHACHA DEL RÍO

Dos años más tarde, una joven fue rescatada del río Spree, tras intentar quitarse la vida. Prácticamente no hablaba, y no parecía recordar ni siquiera su nombre. Nadie la reclamó como extraviada tampoco.

Anna Anderson en el sanatorio Mommsen en 1926. | Foto: Getty Images

Anna Anderson en el sanatorio Mommsen en 1926. | Foto: Getty Images

Fue enviada al asilo Dalldorf, una institución mental. Allí, una enfermera notó su parecido con las fotos de la familia real, y confrontó a la desconocida, que la hizo callar sin confirmar ni refutar la hipótesis.

El rumor de que una de las hijas del difunto zar vivía, y permanecía en un hospital psiquiátrico alemán, se esparció como la pólvora. Muchos allegados a los Romanov se acercaron a constatar si en verdad era ella.

Clínica psiquiátrica Karl-Bonhoeffer, ex asilo Dalldorf. | Foto: Getty Images

Clínica psiquiátrica Karl-Bonhoeffer, ex asilo Dalldorf. | Foto: Getty Images

LA SUPUESTA ANASTASIA

La joven no hablaba ruso, pero parecía entender la lengua a la perfección. Para algunos, era la viva imagen de Anastasia, hasta en la forma de sus pies, para otros era claro que no era ella.

Se sabía los nombres de las personas que llegaban a visitarla, y parecía recordar fechas y lugares con una precisión pasmosa. Y dos personas clave estuvieron seguras de reconocerla: la hija de Evgeni Bótkin, médico de la familia, y la que fuera la nodriza de Anastasia Romanova.

Anna Anderson en su juventud. | Foto: Getty Images

Anna Anderson en su juventud. | Foto: Getty Images

Allí, las familias reales europeas, muchas de ellas con lazos de sangre con los Romanov, empezaron a ocuparse del asunto. No era la primera ni sería la última en tratar de convencerlos de que era Anastasia y que tenía derechos sobre la fortuna Romanov que descansaba en bancos suizos.

HISTORIAS CONTRADICTORIAS

Según la versión que contaba Anna, un soldado la había rescatado de entre los cuerpos ensangrentados de sus parientes y la había ayudado a salir del país. Había mantenido con él una relación de pareja, pero él había sido asesinado en Rumania.

Anna Anderson en sus últimos años frente a un retrato de Alexandra Romanov, madre de Anastasia. | Foto: Getty Images

Anna Anderson en sus últimos años frente a un retrato de Alexandra Romanov, madre de Anastasia. | Foto: Getty Images

Tras la muerte de su salvador, de acuerdo con sus dichos, ella había huido a Berlín. Allí había intentado quitarse la vida, y en ese punto su relato empalmaba con los sucesos documentados de su hallazgo e internación. La historia era, por lo menos, más sólida que la de otras aspirantes a Anastasia.

Tras su salida del hospicio emigró. A su llegada a Estados Unidos fue recibida con honores y galas. Y allí fue donde comenzó su intento por reclamar los derechos dinásticos y el dinero que correspondían a Anastasia Nikoláievna Romanova. También fue allí donde comenzó a firmar como Anna Anderson.

Anna Anderson en sus años de madurez. | Foto: Getty Images

Anna Anderson en sus años de madurez. | Foto: Getty Images

FRANZISKA SCHANZKOWSKA

Un tío materno de la verdadera Anastasia, el Gran Duque de Hesse, decidió tomar cartas en el asunto. No creía que Anderson fuese su sobrina, y contrató a un investigador privado para que indagara en el asunto.

Este detective concluyó que Anna Anderson era en realidad Franziska Schanzkowska, de nacionalidad polaca. Era una trabajadora con problemas mentales que había sobrevivido a una explosión, origen de las cicatrices que presentaba como prueba de su relato.

Ingrid Bergman como Anna Anderson en 1956. | Foto: Getty Images

Ingrid Bergman como Anna Anderson en 1956. | Foto: Getty Images

Pero era la palabra del investigador y los allegados a los Romanov contra la de los partidarios de Anna, entre quienes estaban Gleb Bótkin, hijo del médico de la familia Romanov, y el pianista Sergei Rachmaninoff.

SU VIDA POSTERIOR

Mientras tanto, la salud mental de Anna Anderson se deterioraba. Durante sus episodios llegó a andar desnuda por el tejado o recluirse por días. Intentó regresar a Alemania, pero allí no le fue mejor: padeció del síndrome de Noé, que consiste en hacinar animales, lo que terminó en una denuncia.

Anna Anderson en su vejez. | Foto: Getty Images

Anna Anderson en su vejez. | Foto: Getty Images

Regresó a Estados Unidos y se casó con Jack Manahan, un excéntrico y adinerado amigo de Bótkin y más de veinte años más joven. Vivieron entre montones de gatos y montañas de basura, y Anna desarrolló la obsesión de que la KGB quería asesinarla.

Tras denuncias de los vecinos, el matrimonio terminó en internación, Jack en un hospital y ella en otra institución mental. Él la buscó, y durante días el matrimonio vivió en una furgoneta repleta de basura, en la que vivieron unos días, hasta que la policía los encontró. No volvería a salir con vida de aquella institución mental. El 12 de febrero de 1984, Anna Anderson murió. Seguía afirmando ser Anastasia.

Anastasia Romanov en su adolescencia. | Foto: Wikimedia Commons

Anastasia Romanov en su adolescencia. | Foto: Wikimedia Commons

LA VERDAD SOBRE ANASTASIA

Durante su vida, muchos peritos fallaron en su favor. Pero un número semejante la desmintió. En 1970 el litigio con los herederos de los Romanov se cerró con el fallo de que no podía confirmarse que ella fuera o no Anastasia.

Años después de su muerte, en 1991, los cuerpos del zar, su esposa y tres de sus hijas fueron exhumados de una fosa común. Los cuerpos de Anastasia y de Aleksei aparecieron en 2007, en otra fosa. 

Anastasia Romanov, cautiva en la Villa de los Zares, c. 1917. | Foto: Wikimedia Commons

Anastasia Romanov, cautiva en la Villa de los Zares, c. 1917. | Foto: Wikimedia Commons

Las identidades de todos ellos se constataron con pruebas de ADN. Se compararon muestras con los genes del duque de Edimburgo, marido de la reina Elizabeth II del Reino Unido, quien está emparentado con los Romanov.

LA VERDAD SOBRE ANNA

En cuanto a la identidad de Anna, el tiempo le dio la razón a aquel oscuro investigador contratado por el Gran Duque de Hesse. Otra prueba de ADN comparó los restos de Anna Anderson con un sobrino nieto de Franziska Schanzkowska y confirmó el parentesco.

Anna Anderson y John Manahan en Charlottesville, 1968. | Foto: Getty Images

Anna Anderson y John Manahan en Charlottesville, 1968. | Foto: Getty Images

Su historia, sin embargo, permanece en el imaginario popular. Numerosas películas, entre ellas una protagonizada por Ingrid Bergman y otra de animación fantástica del estudio de Don Bluth, especularon sobre la leyenda de la supervivencia de Anastasia. La realidad, sin embargo, fue más trágica que la ficción.

En México el Sistema Nacional de Apoyo, Consejo Psicológico e Intervención en Crisis por Teléfono ofrece atención a través del 0155 5259-8121. En Estados Unidos, puede llamar a la Red Nacional de Prevención del Suicidio al 1-888-628-9454. En España, llame al Teléfono contra el Suicidio a través del 911 385 385. Otras líneas internacionales de ayuda al suicida pueden encontrarse en befrienders.org.

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