La vida de Joaquín Prat, la leyenda de la televisión: desde su pasado como friegaplatos hasta un primer matrimonio desastroso
El abogado valenciano sigue siendo referencia en el mundo de la comunicación en España. No obstante, su carrera como presentador se inició en la radio.
Joaquín Prat no alcanzó el éxito de la noche a la mañana. Ni laboral, ni sentimentalmente. Tras despedirse de su tierra natal, emprendió un largo viaje por Europa. Allí conoció a su primera esposa.
Corrían los primeros años de la década de los 70, cuando se topó con Anne McKiernan. En 1993 se casó con ella y tuvo a sus dos hijas mayores, Anabel y Susana. Lamentablemente, al poco tiempo Anne se convirtió en su infierno.
“Por tales compromisos. Muy religiosa, actuaba con rigidez, no sé si con fanatismo también, en aquel hogar donde Joaquín Prat se hallaba a merced de los criterios de la irlandesa", escribió el periodista Manuel Román sobre la vida de Prat, en julio de 2020.
En una entrevista que más de dos décadas atrás le hizo Román a un amigo cercano del famoso presentador, este le contó muchas cosas. Entre ellas, que la extrema devoción católica de Anne la impulsó a negarse al divorcio en varias ocasiones.
Durante el pleito de separación, Prat conoció a una hermosa azafata danesa llamada Marianne Sandberg. Seguía casado con Anne, pero eso no le impidió seguir propiciando encuentros con ella. Todo esto muy a pesar de los padres de la joven, que se oponían a su relación, pues él era 23 años mayor que la mujer.
Muchos obstáculos tuvieron que sortear Prat y Sandberg antes de que lograran hacer una vida juntos. Anne denunció al presentador por abandono, y este tuvo que hacer malabares con los funcionarios del juzgado. Recordemos que en la época franquista el adulterio era un pecado muy mal visto.
Finalmente, Joaquín y Marianne lograron casarse en 1984. No obstante, ya habían tenido a sus dos primeros hijos, Joaquín (1975) y Alejandra (1977). El primero siguió los pasos de su padre, y también es un presentador reconocido en España.
JOAQUÍN PRAT DESDE SUS INICIOS
A Ximo, como le llamaban sus amigos por el diminutivo valenciano de Joaquín, lo describían como un hombre ejemplar. Según ellos era simpático, caballeroso, cercano y profesional. Las azafatas de ‘El precio justo’ señalan que las trataba como a sus propias hijas.
Tal vez sus primeras experiencias, cuando aún no era un reconocido presentador, lo llevaron a ser de esa forma. Empezó trabajando con su padre en su empresa de cristales. Él mismo la hablaba de la compañía como una de las mejores de la provincia.
Lamentablemente, el emprendimiento familiar quedó en la quiebra. Este suceso llevó a Prat a salir de su zona de confort. Sin acobardarse, salió de su país y tuvo varios trabajos antes de despegar como presentador.
Ya que aún no había podido licenciarse como abogado, trabajó como oficinista, como vendedor de helados, recepcionista en un hotel y de friegaplatos en un restaurante. Ninguno de los salarios le rendía para llegar a fin de mes.
Aunque es reconocido por su carrera en la pantalla televisiva, Prat empezó en el campo de la comunicación en Radio Nacional de España (RNE), en 1959. Su voz se escuchó en programas históricos como 'Carrusel deportivo', 'Son ustedes formidables'.
Recibió numerosos premios por su trabajo: Premio Nacional de Radio (1966), dos Ondas (Radio y Televisión), además de la Antena de Oro, concedida en 1988, y el TP de oro, en 1992.
El 6 de abril de 1995 se desvaneció mientras grababa el concurso ‘¿Cómo lo veis?’ en TVE. Quedó en estado de coma por casi dos meses. El 3 de junio falleció a causa de un infarto de miocardio. Tenía 68 años de edad. Sus cenizas fueron arrojadas a sus queridas aguas mallorquinas.
La segunda hija de Joaquín con Marianne también siguió los pasos de su padre en el mundo televisivo. Alejandra estudió Periodismo y tuvo su primera oportunidad en el programa 'Día a Día', con María Teresa Campos.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que decidiera retirarse y concentrarse de lleno a su familia. Además, tiene una pasión más grande que estar ante las cámaras. Alejandra es fanática del hipismo, una fascinación que comparte con su hija mayor.