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Entretenimiento

11 de julio de 2021

Azafata humilla a un pasajero de clase económica y de inmediato se arrepiente - Historia del día

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Esta azafata aprendió una lección importante tras ser grosera con un pasajero de apariencia sencilla en la clase económica que resultó ser alguien inesperado.

La azafata Gloria Rodríguez no estaba de buen humor. Tenía programado trabajar en una de sus rutas favoritas en primera clase, pero su colega se enfermó y ella se vio obligada a reemplazarlo.

Gloria se quejó por lo que consideraba una situación injusta, pero sus superiores le dijeron que dada la situación actual, era necesario colaborar para mantener todo funcionando sin problemas.

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Así que ahí estaba ella, una azafata de alto nivel haciendo un vuelo nacional y atendiendo la clase económica. ¿Acaso podría ser peor?

Gloria no estaba de buen humor y buscaba desquitarse con alguien, con cualquiera. Desafortunadamente, eligió el objetivo equivocado...

Gloria estaba de pie en la puerta del avión con una gran sonrisa en su rostro dando la bienvenida a los pasajeros, cuando un hombre bajo, calvo y de rostro amable se dirigió hacia ella: "¿Disculpe, señorita?".

La azafata se volvió hacia él y su sonrisa cambió. "Bienvenido a bordo, señor", dijo automáticamente. "¿En qué puedo ayudarlo?".

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El hombre le mostró su pase de abordaje, luciendo avergonzado. "Nunca he volado antes. ¿Dónde está mi asiento?".

Gloria miró el pase de abordaje del hombre. "Camine hacia el final del pasillo, será el asiento 24D, la fila del medio, a su izquierda".

El hombre asintió con la cabeza, pero aún parecía confundido. Gloria suspiró algo irritada. "Solo camina y mira los números de los asientos, ¿quieres?".

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El hombre se sonrojó, agarró su equipaje y arrancó a caminar. Gloria sabía que sería un pasajero difícil.

Diez minutos después, caminó por el pasillo para ver cómo estaban los pasajeros y encontró al hombre todavía de pie. "¿Y bien?", preguntó bruscamente. "¿No lograste encontrar tu asiento?".

"Sí, lo encontré", dijo el hombre, avergonzado, "pero... no puedo llegar al compartimento de equipaje".

Gloria le quitó la bolsa de las manos al hombre y la metió bruscamente en el compartimento superior. "¡Listo!”, espetó, "¿crees poder encargarte del cinturón de seguridad por ti mismo?".

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El hombre se sonrojó y se sentó rápidamente. Le costó un poco, pero se las arregló para abrocharse el cinturón de seguridad correctamente. Gloria se alejó rápidamente. Era casi la hora del despegue.

Una vez en el aire, llegó el momento de repartir las bebidas. Cómo echaba de menos la primera clase... 

Gloria avanzó lentamente por el pasillo con el carrito sirviendo bebidas a los pasajeros. Luego llegó al asiento del pasajero 24D.

"Señor", dijo, "¿Qué le gustaría beber?". El hombre le sonrió tímidamente y respondió: "¿Tienes jugo de granadilla o guayaba?".

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Gloria respondió con evidente fastidio: "Tenemos jugo de manzana, uva, tomate y naranja. Si quieres otra cosa, ¡vuela en primera clase!".

El hombre entonces pidió jugo de tomate y Gloria le arrojó el vaso y la lata de la bebida. El hombre le dio las gracias en voz baja y la azafata siguió adelante.

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A la hora de la cena, cuando el pasajero pidió pollo en lugar de pescado, Gloria le dijo que no había, a pesar de que tenía una pila de envases de pollo en su carrito.

Cuando regresó para recoger las bandejas, notó con satisfacción que él había dejado el pescado intacto y solo había comido las galletas saladas, la ensalada, el queso y el postre. “No le hace daño perder algo de peso”, pensó Gloria. “Le hice un favor”.

Dos horas más tarde, cuando la luz sobre el asiento 24D se encendió, Gloria la ignoró durante 20 minutos antes de acercarse. "¿Sí?", espetó, "¿Qué pasa ahora?".

El hombre dijo: "Por favor, ¿tiene algo para el dolor de cabeza? No me siento bien..."

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Gloria le dio la espalda y se alejó sin responder. Regresó a los minutos con paracetamol y un vaso de agua. "¡Aquí tienes!", le dijo al tiempo que le arrojaba el vaso y el analgésico al hombre. "¡Y si quieres vomitar, aquí tienes una bolsa!".

El pasajero le dio las gracias, pero Gloria ya se había ido. ¡No podía esperar a que terminara el vuelo! ¡Odiaba volar en rutas nacionales! 

Finalmente el avión aterrizó, y Gloria se quedó junto a la puerta mirando a los pasajeros que se iban.

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Cuando salió la última persona, miró hacia la cabina y vio que el pasajero del 24D todavía estaba allí. Ella caminó hacia él: "Hemos aterrizado, señor. Todos los demás se han bajado. ¡Aquí es donde te bajas!".

El hombre le lanzó una mirada penetrante. Ya no tenía el mismo aspecto amable e ingenuo. "Señorita Rodríguez, tengo un consejo para usted..."

"¿Ah, de verdad?", se burló ella. "¿Y quién eres tú para darme un consejo?".

El hombre sonrió. "Soy el nuevo CEO de la compañía. Empiezo el lunes, pero primero, quería saber cómo es ser un pasajero en nuestra aerolínea".

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Gloria sintió que la cabina se balanceaba a su alrededor: "¡Señor, no lo sabía!".

"Exactamente. Cada pasajero debe ser VIP. A partir de ahora, habrá otros observadores volando de incógnito en cada ruta, y si hay la más mínima queja sobre ti, serás despedida".

"Señor, yo...", dijo Gloria titubeando. "Le estoy dando una segunda oportunidad, señorita Rodríguez, no la desperdicie", respondió tajante el hombre.

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A partir de entonces, Gloria Rodríguez se convirtió en una de las azafatas más atentas y cariñosas de la empresa. Ella era un ejemplo para los demás empleados, y se la empezó a conocer como la azafata que trataba a cada pasajero como un VIP.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

1. No se puede juzgar a una persona por su apariencia. Gloria fue grosera y desagradable con un hombre de apariencia común y resultó ser su jefe.

2. Debemos tratar a todos por igual. Gloria trataba a los pasajeros de primera clase como a la realeza y era grosera y desagradable con los pasajeros de clase económica, pero aprendió que todas las personas son iguales y merecen respeto.

Esta es una obra de ficción. Nombres, personajes, negocios, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o hechos reales es pura coincidencia.

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