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Tras 30 años de matrimonio, la dejó y le pidió su anillo de compromiso - Historia del día

Georgimar Coronil
12 jul 2021
19:40

Una mujer quedó desolada cuando su marido la dejó, luego de lo que para ella habían sido 30 años felices, e hizo una desgarradora demanda.

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Gina tenía solo 19 años cuando se casó con Andrés. Él le había propuesto matrimonio de la forma más romántica posible, en un jardín a la luz de la luna y rodeado de cientos de velas.

Cuando Andrés se arrodilló a sus pies y colocó el hermoso anillo en su dedo, Gina supo que era la mujer más afortunada del mundo. Treinta años después, su sueño se hizo añicos y su mundo se vino abajo.

Hombre arrodillado. | Foto: Unsplash

Hombre arrodillado. | Foto: Unsplash

Tras su trigésimo aniversario de boda, Andrés llamó a Gina una tarde y la invitó a cenar con él en un elegante restaurante. Gina estaba encantada. Hacía años que él no la llevaba a comer.

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Hubo una vez en que Andrés fue el más romántico de los hombres, pero últimamente estaba distante. “Está cansado”, pensó Gina, “debo encontrar la manera de ayudarlo, de hacerle la vida más fácil. Los chicos se han ido de casa, ahora, tal vez podría conseguir un trabajo”.

Gina llamó a su peluquero y arregló su peinado, y eligió su vestido favorito. Estaba muy emocionada. Una cita con su apuesto marido. Sonrió para sí misma mientras se dirigía al restaurante.

¿Cuántas de sus amigas seguían enamoradas de sus maridos luego de treinta años? Muy pocas. Gina entró en el restaurante y sintió que su corazón se aceleraba al ver a su apuesto esposo.

"¡Andrés!", Gina sonrió radiante mientras lo besaba: "Me alegro tanto de que hayas llamado".

Él le devolvió la sonrisa y retiró la silla para que ella pudiera sentarse. Siempre tan caballero. "¿Pedimos?", preguntó, y Gina asintió. Andrés llamó al camarero y pidió sus platos favoritos.

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"Y tráenos una botella de vino", añadió.

"¡Champán!", gritó Gina, "¡Estamos de celebración!". El camarero asintió y desapareció. Andrés parecía nervioso, doblando su servilleta de lino. Gina se inclinó y puso su mano tranquilizadora sobre la suya.

"¿Qué te pasa?", le preguntó con ternura.

"Gina, hay algo de lo que tenemos que hablar" contestó.

"¡Caramba! La última vez que te vi así de nervioso fue cuando te declaraste". Gina se rio.

Andrés la miró fijamente. "Sí. Es curioso, ¿no?".

"¿Y? ¿Qué es?".

Cena. | Foto: Pexels

Cena. | Foto: Pexels

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Andrés se aclaró la garganta. "Bueno, David se ha ido a la universidad".

Gina sonrió. "¡Sí! ¿Y qué tal una segunda luna de miel?".

Él se mostró contrariado. "Eso no es lo que tenía en mente, Gina. Quiero el divorcio".

Gina lo miró confundida. "Lo siento, no entiendo".

Andrés estaba irritado. "El divorcio, quiero el divorcio. Ya no te amo".

"¿No me amas? Pero hace dos semanas, en nuestra fiesta de aniversario, me diste las gracias por hacerte feliz. Dijiste que me querías".

"Bueno, por supuesto", respondió Andrés. "¡Nuestros hijos nos hicieron una fiesta! ¿Qué querías que dijera? ¿Tu madre me aburre?".

"¿Que te aburro?", susurró Gina.

"Mira", dijo él en su tono más razonable: "He conocido a otra persona, ¿sí? Hemos estado juntos durante tres años".

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"¡Tres años!", gritó Gina, "¿Y por qué ahora? ¿Por qué esperar?".

"Bueno, estaba esperando a que David fuera a la universidad, no quería traumatizarlo con un divorcio".

Gina no podía creerlo. Su encantadora vida se estaba derrumbando a su alrededor. Su amor y su matrimonio eran una mentira. Gina se levantó y salió sin decir nada. No se fue a casa. Se alojó en un hotel para pensar en su futuro.

Dos horas más tarde sonó su teléfono. Era Andrés. Tal vez se había dado cuenta de que todavía la amaba. Gina contestó el teléfono. "Escucha, Gina", dijo él, "sé que estás sorprendida, pero te prometo un buen acuerdo. No tendrás que trabajar".

Mujer triste. | Foto: Pixabay

Mujer triste. | Foto: Pixabay

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Gina escuchó en silencio y Andrés continuó: "Hay una cosa que quiero de ti: el anillo de compromiso".

"¿Mi anillo de compromiso?", exclamó Gina, "¡NO!".

"Es mío", dijo él, "mi madre me lo dio cuando le dije que quería casarme contigo. Era de mi bisabuela".

"Pero quería dárselo a David cuando encontrara a la chica con la que quiera casarse..."

La ira de Andrés chisporroteó por el teléfono. "¡He encontrado a la mujer con la que quiero casarme y quiero que me devuelvas el anillo! No te resistas, Gina".

Cuando Gina colgó, le temblaban las manos. Andrés la estaba despojando de todos los dulces recuerdos de su amor. Miró el anillo en su dedo y las lágrimas inundaron sus ojos.

Volvió a coger el teléfono y llamó a su suegra. "Hola, ¿Janet? Es Gina".

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"Hola, Gina, ¿cómo estás? ¿Cómo está Andrés?", preguntó la mujer.

"Bien, está muy bien, pero... mira Janet estoy segura de que ya lo sabes... Andrés se está divorciando de mí".

"¿Qué?", respondió Janet, "¡No lo sabía! Los dos parecían tan felices en la fiesta de aniversario".

Gina ahogó un sollozo. "Bueno, aparentemente, ha estado teniendo una aventura durante los últimos tres años. Pero la razón por la que te llamo Janet, es que quiere recuperar el anillo de compromiso de la familia".

"¿Qué? ¿Para qué? Pensé que quería entregárselo a David algún día."

"Andrés quiere casarse de nuevo, darle el anillo a su nueva mujer. No soporto la idea de dárselo a él, Janet, así que esperaba poder dártelo a ti. No quiero verlo, no ahora."

Janet estuvo de acuerdo, y Gina metió su precioso anillo en un sobre y lo mandó por correo a casa de su suegra. Le envió un mensaje a Andrés diciéndole que recogiera el anillo en casa de su madre.

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A la mañana siguiente, el hombre entró en la casa de Janet. "Mamá", sonrió, "¡hola!".

Hombre solo. | Foto: Unsplash

Hombre solo. | Foto: Unsplash

Janet parecía menos que complacida. "Andrés", dijo fríamente, "hablé con Gina anoche". Colocó su mano sobre un sobre. "No podía creer lo que oía".

"Estas cosas pasan, mamá. Gina y yo nos distanciamos."

"¡Oh, ahórrate el discurso! Sé lo que está pasando. Sabes Andrés, el divorcio lo puedo aceptar, pero esto del anillo. Es cruel, feo."

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"No estoy de acuerdo", dijo él bruscamente, "¡sinceramente, mamá, no seas tan sentimental!".

Janet lo miró fijamente. "¿Sentimental? Sí, creo que tienes mucha razón. Se acabaron los sentimientos. Toma". Janet le entregó el sobre con el anillo y él sonrió triunfante.

"Por cierto, Andrés", le dijo Janet, "voy a reunirme con mi abogado esta tarde. Voy a cambiar mi testamento. Tú te quedas con el anillo, pero los niños se quedan con todo lo demás".

Andrés se quedó atónito. "Mamá..."

"Excepto una pequeña suma para Gina. Estaba pensando en dos millones de dólares, pero eso puede parecer insignificante comparado con el tamaño de la herencia".

Andrés salió de la casa de su madre con el anillo en el bolsillo y sus planes para el futuro hechos añicos. Cuando le contó a su amante lo que había sucedido, su pasión por él se enfrió.

Luego él intentó reconciliarse con Gina, pero a ella no le interesaron sus excusas. Sus tres hijos estaban del lado de su madre, y Andrés terminó solo y sin dinero.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

1. Tomarlo todo puede dejarte con un puñado de nada. Andrés lo quería todo: su herencia, un nuevo amor y el anillo de compromiso, y acabó sin nada.

2. La lealtad y el amor son las cualidades más importantes. Andrés fue en busca de una nueva vida, pero cuando su novia se dio cuenta de que ya no iba a ser rico, lo dejó.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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