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21 de agosto de 2021

"Estuve embarazada y tuve un bebé hace 6 meses, pero decidí esconderlo" - Historia del día

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Un día, una madre se estaba preparando para su trabajo en línea. Ella había cronometrado todo perfectamente. Mientras su hijo de 4 años veía dibujos animados en el sofá, ella terminaba de dormir a su bebé.

A Marissa le quedaban unos minutos antes de dar inicio a un seminario web y necesitaba que su pequeño se durmiera rápido.

No podía arriesgarse a que llorara mientras impartía sus clases. No quería tener que explicar su llanto. En su trabajo sabían que era madre. Sin embargo, no tenían idea de que había tenido otro niño.

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“Estuve embarazada y tuve un bebé hace seis meses, pero decidí esconderlo. Ya estoy demasiado metida en la mentira para arriesgarme a que me atrapen ahora”, pensó la mujer.

Ella ha trabajado para una agencia de la ciudad de forma remota como contratista. Comenzó como un trabajo temporal de verano, pero después de aquel otoño la mantuvieron activa.

Continuaron extendiendo esta posición hasta que comenzó a parecerse a un trabajo permanente. La diferencia era que no tenía beneficios y tampoco vacaciones pagadas.

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En los cuatro años que ha estado trabajando para ellos, se esforzó mucho para demostrar que era invaluable. Sin embargo, nunca le ofrecieron un puesto permanente y le daba miedo pedir uno.

Desde el punto de vista de una madre, sintió que había ganado la lotería con este empleo, pues laboraba de forma remota y tenía un horario flexible. Temía presionar su suerte.

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Luego se embarazó de su segundo hijo. El agotamiento durante el primer trimestre había sido abrumador. Después de que pasó a la siguiente fase, ni siquiera había considerado en decirles a sus empleadores que estaba esperando un bebé. No sabía cómo.

Antes de que se le presentara la oportunidad de averiguar cómo incluiría su embarazo en la conversación, le ofrecieron la oportunidad de liderar un proyecto que iniciaría en la semana de su parto.

Esa era una gran oportunidad. Si se negaba podía suceder que nunca le dieran un aumento. Entonces, sin pensarlo, aceptó el proyecto. Sin embargo, la emoción comenzó a desaparecer cuando empezó a asimilar la realidad.

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Decidió no decir nada sobre el próximo nacimiento de su hijo. Temía que no confiaran en que pudiera cuidar a un recién nacido y realizar su carga laboral al mismo tiempo.

Si les decía que su parto podía ocurrir durante los primeros días del proyecto, probablemente se lo ofrecerían a otra persona.

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Sabía que no podían despedirla por estar embarazada, pero eso no les impedía aligerar pasivamente su carga. Ya había visto un caso similar antes.

A otras mujeres no se las consideraba para trabajos por estar a punto de irse de licencia por maternidad, o por haber recién regresado de una.

Por otra parte, eso significaba que no habría tiempo libre remunerado por ser trabajadora por horas sin beneficios. Pero ella y su familia necesitaban el dinero. Por eso decidió ocultar su embarazo.

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Y para ella resultó fácil hacerlo gracias a su trabajo remoto. Mientras su pancita crecía, ella colocaba la cámara de forma que no pudiera notarse. Pero mientras se acercaba su fecha de parto, se hacía más difícil de disimular.

Incluso pensó en confesarlo en varias ocasiones. Pero ya había cumplido casi nueve meses y el proyecto que lideraría estaba por ser lanzado.

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En una ocasión notó que había puesto en peligro todo. Aunque se había cuidado mucho de no mencionarlo durante alguna llamada de trabajo, lo había estado difundiendo a través de sus redes sociales.

Entonces buscó desesperadamente en internet para saber si se podía encontrar alguna evidencia de su embarazo en línea. Incluso borró su apellido de sus perfiles y revisó a sus contactos para saber si estaban o no conectados con sus empleadores.

Cuando ya iba por la semana 38 de gestación, su cuerpo desarrolló hipertensión gestacional. Mientras iba camino al hospital para que le indujeran el parto, avisó en el trabajo que se le había presentado una emergencia familiar. Quince horas después había nacido su bebé.

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Luego pasó días entre reuniones, cuidar y amamantar a su recién nacido y a su hijo de 4 años. Día a día las cosas se fueron complicando. Ella y su supervisora hablaban de cosas personales, a pesar de que nunca se habían conocido en persona.

Y las cosas se iban haciendo aún más personales a medida que hablaban de sus luchas diarias. Aunque Marissa no mencionaba a su recién nacido, y eso la hacía sentir terrible, pues su supervisora era muy abierta con ella.

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Tiempo después, cuando finalizó su proyecto la despidieron. En aquel momento sintió que se había salvado de admitir que había escondido a su bebé.

No obstante, tras haberse distanciado, se dio cuenta de lo triste que había sido mentir. Esto lo le hacía sentir nada bien.

Pero a pesar de que existen leyes que protegen a las embarazadas de ser despedidas o discriminadas, la discriminación continúa y es generalizada. Este miedo a ser despedida la empujó a ocultar su embarazo.

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Mentir te hará sentir mal. A pesar de que Marissa mantuvo su trabajo por un tiempo, al final fue despedida y haber mentido le dejó un sentimiento de tristeza.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría inspirar a otros a compartir sus propias historias o ayudar a más personas.

Esta es una obra de ficción. Nombres, personajes, negocios, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o hechos reales es pura coincidencia.

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