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Anciana no dejó entrar a nadie a su casa por años hasta que una mujer puso un pie adentro - Historia del día

Valeria Garvett
26 ago 2021
13:30
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Una anciana nunca permitió que nadie entrara a su casa durante 13 años. Pero cuando me las arreglé para entrar allí, quedé en shock por el gran secreto que ella había estado guardando.

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Mi familia se había mudado recientemente al vecindario donde vivía la anciana. Gustavo, mi esposo, es profesor de música y tengo dos hijas. Puedes llamarme Leti, porque así es como todos en el área se refieren a mí.

A excepción de uno, todos mis vecinos han sido muy amables y serviciales desde que nos mudamos. La única persona que se abstuvo de relacionarse con nosotros o con cualquier otra persona del vecindario fue la anciana que vivía en la última casa al otro lado de la calle.

Una antigua casa. | Foto: Shutterstock

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Cuando pregunté en el vecindario por qué ella actuaba de manera tan extraña, me advirtieron que no fuera tras ella. Ellos creían que la señora había enloquecido luego de perder a su esposo y su única hija en un accidente aéreo.

Parece que la anciana no estuvo con su familia en ese fatídico día debido a sus problemas de salud, y cuando se enteró de la devastadora noticia, se negó a creerlo y nunca volvió a dejar que nadie entrara a su casa.

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Yo la veía a menudo en las calles durante la noche, pero siempre estaba sola. Se veía frágil y enferma, como si necesitara ayuda y apoyo. Siempre quise ayudarla, pero después de escuchar lo que mis vecinos me contaron sobre ella, no estaba tan segura de si debía hacerlo.

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No obstante, un día, cuando me dirigía al supermercado, nuestros caminos se cruzaron. Pasé junto a ella y la escuché cantar una melodía. De inmediato me llamó la atención porque mi abuela solía cantar la misma canción.

Comencé a cantar con ella y ella me sonrió por primera vez. Pero cuando le devolví la sonrisa, rápidamente aceleró el paso y se fue a su casa.

Me parecía que algo más sucedía. Me negué a confiar en los chismes de mis vecinos y al día siguiente, llamé a su puerta.

Una anciana. | Foto: Unsplash

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"Buenos días, le traje algo", grité afuera de su puerta. "Es el disco de la melodía que cantaba ayer".

La anciana estaba en casa, pero no me dejó entrar. En cambio, solo me miró en silencio a través de la ventana.

Me di cuenta de que me miraba fijamente, pero cuando estaba a punto de caminar hacia la ventana y pedirle que me dejara entrar, cerró las cortinas. Algo me llamó la atención ese día, y poco sabía que esto revelaría algo inimaginable.

La anciana llevaba un anillo en forma de luna en su dedo. La sortija no era común, lo que despertó mi curiosidad aún más. Ya en casa, comencé a buscar en internet, y pronto descubrí que el anillo era idéntico a uno que usaba la intérprete de la canción que la anciana cantaba, la mujer del disco que le intenté regalar.

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Examiné la portada del CD con cuidado y, Dios mío... la cantante, Luna Sesto, sí se parecía a la anciana. Al día siguiente, volví a visitar su casa.

Algunos discos. | Foto: Unsplash

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"Señora Sesto, por favor abra la puerta. Sé quién es usted”, le dije. Pero su única respuesta fue el silencio.

Abatida, me volteé para regresarme a mi casa, pero de repente ella abrió la puerta y me invitó a pasar. "Entra, pero por favor no te desmayes", dijo en voz baja.

Entré por la puerta y me sorprendió y me entristeció lo que vi. El piso y todas las superficies de la casa estaban cubiertas de polvo y moho. Incluso los muebles, al igual que la ropa que ella llevaba, estaban andrajosos y olían fatal. Todo estaba en muy malas condiciones.

“Lamento el desorden, pero debido a mis artritis, no puedo limpiar o siquiera usar el baño por mi cuenta. No me he bañado bien en 13 años", dijo la Sra. Sesto, avergonzada.

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"¿Pero por qué no dejó que los servicios sociales le ayudaran?", le pregunté, preocupada.

Una casa en terrible estado. | Foto: Unsplash

“Porque me enviarían a un hogar de ancianos”, respondió la viejita. “Y esperaba que mi familia regresara, pero eso nunca ocurrió. Así que me convertí en una reclusa, temiendo que otras personas se rieran de lo que quedó de esta famosa cantante”.

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Me sentí tan triste por la Sra. Sesto; solo era una mujer incomprendida y abandonada. Más tarde ese día, mis hijas y yo tomamos todo lo que necesitábamos y limpiamos su casa. También publiqué una historia sobre ella sin su nombre real en las redes sociales, y varias personas acordaron ayudar a transformar su casa, volverla acogedora.

Pronto, mi familia también se hizo muy cercana a ella y mis niñas comenzaron a llamarla ‘abuela’. La señora Luna también nos quería y nunca rechazó nuestras solicitudes. Sin embargo, nunca nos complació con una canción: "Lo siento querida, pero no puedo cantar para ti", decía.

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Una vez, el día de mi cumpleaños, ella inesperadamente le pidió que mi esposo tocara el piano. Y después de eso, empezó a cantar y mis ojos se llenaron de lágrimas. "Muchas gracias, Luna", le dije mientras la abrazaba.

"No necesitas darme las gracias, cariño", dijo la anciana, mientras me devolvía el abrazo. "Te has convertido en mi ángel de la guarda y no solo has traído alegría y significado a mi vida… también una familia".

Un grupo de personas compartiendo. | Foto: Pexels

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La Sra. Sesto nunca volvió a quedarse sola en su casa después de ese día. Ella comenzó a interactuar con los vecinos y finalmente se mudó con nosotros.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

  1. Debemos ser amables y ayudar a los demás. Así como Leti ayudó a la Sra. Luna.
  2. No siempre tenemos que confiar en lo que otros digan sobre una persona. Si Leti hubiera escuchado a sus vecinos, nunca habría ayudado a la Sra. Sesto.
  3. Las personas mayores necesitan amor y cuidado, y no deberíamos abstenernos de dárselos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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