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22 de septiembre de 2021

El hijo de un policía se burla de un niño por ser hijo de un hombre encarcelado y recibe una lección - Historia del día

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Un policía decide darle una merecida lección a su hijo, que se comportaba de manera arrogante, sobre la vida, la familia y el crimen.

David Míguez decidió sorprender a su hijo Nicolás y lo fue a buscar a la escuela. Pero el que se llevó la mayor sorpresa fue él mismo, y no una particularmente agradable.

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Mientras esperaba en el coche del otro lado de la calle, vio a su hijo salir. Su corazón se llenó de orgullo al ver al adolescente de 13 entre sus compañeros. Pero entonces el viento le trajo las palabras de su hijo, que le rompieron el corazón.

"Tu papá es un criminal inmundo", le decía a otro niño. "Y seguro que tu mamá también".

El otro adolescente se sonrojó hasta la punta de las orejas y se marchó sin responder. Nicolás pareció envalentonarse con la reacción, y alzó la voz para seguir su burla.

"¡Y seguro que corre en tus genes, tienes sangre de ladrón! ¡Ya verás cómo terminas pudriéndote en la cárcel como tu papá!", le gritó.

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Otros chicos se unieron a la burla y empezaron a gritarle "¡Ahí va el ladrón! ¡Ahí va el ladrón! ¡Denle cien años de prisión!", a lo que Nicolás se unió de buena gana.

En ese momento, David se dio cuenta de que era hora de que le abriera los ojos a su hijo frente a algunas verdades. "¡Nicolás!", lo llamó, conteniendo el enojo. Su hijo se mostró feliz de verlo y corrió al coche.

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"¡Papá, me viniste a buscar! ¡Qué bueno!", dijo, con una sonrisa de oreja a oreja.

"Sí", explicó David. "Tengo la tarde libre así que pensé que podía venir por ti. ¿Quién es ese chico?" dijo, señalando al estudiante delgado un instante antes de que se perdiera cabizbajo a la vuelta de la esquina.

"Ah, ese es Luis Peralta", refirió Nicolás. "Su padre es un ladrón, así que por las dudas lo tenemos vigilado".

"¿Por qué? ¿Les ha hecho algo? ¿Alguna vez robó en la escuela?", inquirió David.

"No, pero es cuestión de tiempo, ya ocurrirá", dijo Nicolás. "De tal palo, tal astilla".

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"Ya veo...", comentó David, con tristeza. "¿Así que ser hijo de policía te hace ser portavoz de la ley?".

"Bueno, no para tanto. Pero mira, papá, Luis es un completo perdedor".

"Mira, Nicolás, quiero que sepas que no estoy de acuerdo", dijo David. "Casualmente conozco a Luis Peralta padre, y conozco su historia. Sí, es un criminal, cometió errores en su vida y está pagando por ellos. Pero su hijo no tiene nada que ver".

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Y continuó: "Mira, Peralta se volvió ladrón por necesidad. Robó una estación de servicio porque llevaba meses sin trabajo, su hijo estaba enfermo y no tenía para pagarle los remedios".

"¡Podía haberlo resuelto de otra forma!", protestó Nicolás.

"Seguramente, pero la gente hace cosas muy estúpidas cuando está desesperada", dijo David. "Peralta confesó, y su condena es breve. Es un buen hombre, seguramente podrá levantar cabeza".

"El zorro pierde el pelo pero no las mañas, dice la abuela", dijo Nicolás. "Seguro que reincide. Y el hijo va encaminado a lo mismo".

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David calló. Pero aquel domingo llevó a su hijo a una salida inusual. Lo llevó a conocer la prisión del distrito.

"Mira, hay algo que tienes que saber", dijo David, mientras dejaban sus datos y pasaban el control de metales para entrar. "Nadie decide hacerse criminal. La mayor parte de los crímenes los comete gente normal que en algún momento toma malas decisiones".

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"¡Vamos!", protestó Nicolás. "Si hay pandillas, bandas y asesinos seriales".

"Sí, claro, hay de eso también", concedió David. "Pero muchos convictos son gente común, como tú y yo".

"¿Qué tenemos nosotros que ver con los criminales?", insistió Nicolás.

Entonces pasaron a una sala de reuniones, y el carcelero escoltó a un preso dentro. Era exactamente igual a David, solo que traía el uniforme de la prisión.

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"Nicolás, quiero que conozcas a tu tío Ricardo", le dijo.

El prisionero sonrió. "Oye, David, creí que venías la semana que viene".

"¿Cómo va, Ricky? Pensé que ya era hora de que conocieras a tu sobrino", dijo David. El rostro de Nicolás estaba desencajado. Se sonrojó y abrió la boca, pero las palabras no parecían querer salir.

"¿Tío Ricky? Pero... Pero... ¡La abuela me dijo que vivías en Australia!"

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Ricardo le dirigió una sonrisa triste, y le explicó: "No la culpo, pobre mamá. Le da vergüenza que la gente sepa que tiene un hijo delincuente".

"Pero entonces... ¿No eras policía como papá y el abuelo?"

"Solía serlo", lamentó Ricardo. "Mira, cometí un grave error y supongo que me tocará pagarlo por el resto de mi vida".

En el camino de regreso a casa, Nicolás estuvo en silencio. Estaban ya cerca cuando se atrevió a preguntar: "Papá, ¿qué es lo que hizo el tío Ricky?"

"Lo hablaremos cuando seas mayor", dijo David. Su hijo no insistió.

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Tras un silencio, el padre lo enfrentó con una reflexión y una pregunta: "Quiero que te des cuenta de que las condenas y la vergüenza por los crímenes no se extienden a la familia. ¿O acaso crees que tú tienes el crimen en la sangre porque el gemelo de tu padre está en la cárcel?"

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"¡Pero claro que no!", reaccionó Nicolás.

"En ese caso, creo que le debes una sentida disculpa a Luis Peralta hijo".

"Debe ser horrible que tu padre esté preso", reflexionó el adolescente.

"No ha de ser fácil, ciertamente", contestó David, mientras estacionaba el coche.

"Fui una basura con él, ¿no?", se angustió el hijo. "Pobre Luis".

"Mira, Nico, lo que importa es que lo sabes, y que puedes hacer algo para remediarlo".

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Al día siguiente, en el comedor de la escuela, Nicolás se acercó frente a todos a Luis, que comía su almuerzo solo en un rincón. Se disculpó sentidamente, y se sentó junto a él. Desde ese día se hicieron amigos inseparables, y Nicolás siempre estuvo para defenderlo de las burlas.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

El castigo de un criminal no se extiende a su familia. Está mal avergonzar a los familiares de quienes han cometido crímenes, como hacía Nicolás con Luis. El hijo no tenía ninguna culpa de lo que hubiera hecho el padre.

Todo el mundo merece que se lo juzgue por quien es y cómo actúa. El buen o mal comportamiento se elige, no está en los genes.

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Esta es una obra de ficción. Nombres, personajes, negocios, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o hechos reales es pura coincidencia.

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