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24 de septiembre de 2021

Esposo pide el divorcio cuando su esposa queda embarazada por quinta vez, él vive para lamentarlo - Historia del día

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Un hombre solicitó el divorcio cuando supo que su esposa había quedado embarazada nuevamente, tras haber tenido cuatro hijos.

Mario era un hombre de negocios que vivía pensando en sí mismo. Creía que el mundo giraba a su alrededor y no le importaba cómo trataba a otras personas, incluyendo su propia esposa, Linda.

Ella no sabía lo egoísta que podía llegar a ser su esposo hasta que empezaron a tener hijos. Él no había ocultado su deseo de tener varones, pero su mujer no le había prestado atención. Pensaba que todos los hombres siempre querían niños.

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Cuando quedó embarazada por primera vez, estaba eufórica, pero su esposo se mostró un poco más reservado con su felicidad. Ella decidió no preocuparse demasiado por eso. Pensó que probablemente él sufriría la ansiedad normal de cualquier futuro padre.

Cuando supieron que serían gemelos unos meses después, Mario se volvió aún más reservado. El comportamiento preocupó a Linda, pero se mantuvo en silencio.

Unos meses antes del día del parto, el médico le reveló a Linda que sus bebés eran mujeres. La noticia no apagó su alegría, pero no se podía decir lo mismo del padre. Estaba muy descontento con eso.

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“¡Quería un hijo varón!”, gritó cuando se enteró del sexo de sus bebés por nacer. “¡¿No es una, sino dos niñas?!”. “Un bebé es un bebé sin importar su sexo”, le dijo la mujer. Pero eso no apaciguó al hombre.

Cuando nacieron las niñas, Mario no participó en el parto. Se quedó en casa, actuando como si no le importara nada en el mundo. En verdad, era demasiado egoísta para aceptar las responsabilidades de convertirse en padre, pero nadie lo sabía.

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Cuando su esposa finalmente regresó a casa con sus bebés, el hombre se mantuvo a distancia como si todas tuvieran la peste. Incluso se negó a abrazar a sus hijas y le ordenó a Linda que las llevara a su habitación.

Su comportamiento sorprendió a su esposa, y después de intentar varias veces de convencerlo para que al menos mirara a las bebés, se rindió.

La madre cuidaba sola de las niñas y también tenía que cumplir con sus deberes como esposa. Todo el tiempo reflexionaba sobre qué podría haberle hecho a Mario para que se comportara de esa forma, pero nada le venía a la mente.

Pasaron los años, pero el hombre todavía se negaba a compartir con sus hijas como un padre. Las mantenía a distancia y no hacía nada para criarlas, excepto proporcionarles dinero para alimentarlas y vestirlas.

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Cuando Linda quedó embarazada de nuevo, dudó antes de darle la noticia a su esposo. Tras decirle, él dejó claro que no quería ser parte de eso.

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“¿Estás embarazada?”, estalló Mario lleno de rabia. “¡¿Otra vez?!”. “¿Por qué hablas como si no supieras cuál es el resultado de hacer el amor?”, respondió Linda francamente irritada.

“Bueno, no me importa”, le dijo él. “Todo lo que haces es concebir niñas cuando yo quiero tener varones”. “Pero el médico dice que son los genes masculinos los que determinan si un bebé será hombre o mujer, ¿por qué me culpas?". Él no tenía una respuesta.

Después de esa discusión, Mario comenzó a tratar a Linda aún peor. Cuando la mujer le contó que estaba embarazada de gemelas de nuevo, él se volvió aún más irracional.

Se negaba a ir a casa durante días y, cuando lo hacía, evitaba a sus hijas y frustraba a su madre. Él no podía decirle que sentía más temor por convertirse en padre que enojo por el sexo con el que nacían.

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Para él, eso significaba renunciar a muchas cosas en su vida, y simplemente no tenía interés en hacerlo. Por eso continuaba usando el hecho de que eran niñas para encubrirlo.

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Cuando Linda dio a luz, él se sintió abrumado por el miedo y la culpa. No podía darle la cara. Incluso contemplaba la posibilidad de divorciarse. Se enfurecía cada vez que veía a su esposa y a las niñas.

Finalmente, el hombre le prohibió a la madre que durmiera en la cama matrimonial y trasladó sus cosas a la habitación de las bebés.

Linda le dijo que no había una cama para dormir, pero eso a Mario no le importaba. Se había convencido de que ella era malvada por dar a luz.

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La madre lloraba por lo triste que estaba de que su esposo actuara de esa manera. Tenía que cuidar sola a sus cuatro hijas mientras que su padre disfrutaba de su vida haciendo lo que le gustaba.

El hombre se aseguró de que su esposa mantuviera a las niñas fuera de su vista. También insonorizó las paredes de la habitación de las pequeñas para evitar escuchar sus gritos.

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Como resultado, Linda quedó completamente sola en el cuidado de sus pequeñas. Fue estresante para ella, pero sus hijas hacían que valiera la pena. Todas estaban sanas y hermosas.

La madre era hija única y siempre había anhelado tener hermanos, por eso estaba agradecida de que sus retoños no tuvieran ese problema.

Ella continuó cumpliendo con su deber como esposa y madre a pesar de las consecuencias para su cuerpo. Entonces, un día descubrió que estaba embarazada otra vez.

Se mostró reacia a decírselo a Mario, y por una buena razón. Cuando finalmente lo hizo, él explotó de rabia. No le importó que ella no hubiera podido concebir al bebé sin su participación voluntaria.

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Después de gritarle, hizo una pequeña maleta y decidió que se iría de vacaciones. Según su punto de vista, necesitaba algo de tiempo para divertirse después de pagar las cuentas de sus hijas mayores.

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Mientras estaba fuera, un hombre llamado Guillermo visitó a su esposa. Era su vecino y se había ido de la ciudad dos años antes, tras perder a su esposa e hija en un accidente automovilístico.

“Escuché que ahora eres mamá, así que vine a presentar mis respetos”, dijo, cuando Linda lo invitó a almorzar. “Gracias, Guillermo”, respondió ella. “No pensé que quisieras volver aquí después de…”.

“He estado escapando durante años, pero he aprendido que no se puede huir de uno mismo”, dijo el hombre con tristeza. “Suficiente de mí, déjame conocer a tus ángeles”.

Ese día, Guillermo pasó mucho tiempo con Linda y sus hijas. Jugaba con las niñas como solía hacerlo cuando su hija estaba viva. Se sentía realmente feliz por primera vez desde que perdió a su familia.

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Al día siguiente, regresó. Todos los días de esa semana visitó a la madre y a sus pequeñas, y ellas no tardaron en encariñarse con él. Era la primera figura paterna que tenían.

Cuando Mario regresó, reanudó la pelea con su esposa. Ya había tenido suficiente del matrimonio, pero en este punto, todo lo que quería era que ella se deshiciera del bebé por nacer. La mujer se negó a hacer eso, y su disputa continuó hasta que un día, ella colapsó por el estrés.

Afortunadamente, Guillermo estaba presente y pudo llevarla a un médico que la trató. Este le indicó que debía descansar mucho para salvar al bebé.

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Linda estaba angustiada porque sabía que Mario no cuidaría a las niñas. Pero Guillermo nuevamente salió al rescate. Él se ofreció a cuidarlas mientras ella descansaba.

En las semanas que siguieron, él cuidó a las pequeñas y eso llegó al corazón de la madre. Cuando finalmente se mejoró, se acercó a Mario y manifestó su disgusto. Sin embargo, eso no le importó al hombre, como era de esperarse.

La semana siguiente, el padre de las niñas solicitó el divorcio y Linda felizmente firmó los papeles, pues igual se estaba enamorando de Guillermo.

La mujer aceptó divorciarse con la condición de que se le permitiera permanecer en su casa conyugal hasta encontrar un lugar adecuado para vivir. Ante esto, Mario demarcó la casa para evitar encontrarse con ella y las niñas.

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Guillermo seguía visitándola para ayudarla a cuidar a las pequeñas, y poco a poco fue desarrollando sentimientos por ella. Finalmente, un día, le pidió que se mudara con él y ella aceptó.

Para consternación de Mario, Linda le dio la bienvenida a un hijo varón y, un año después, se casó con Guillermo. Siguieron viviendo en la casa vecina mientras él permanecía solo y veía a sus hijas e hijo llamar papá a otro hombre.

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Fue entonces cuando se dio cuenta de lo egoísta que había sido. Lo carcomió desde adentro, y eventualmente lo empujó a quitarse la vida.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

1. El egoísmo es un rasgo negativo. Mario era demasiado egoísta y le costó a su esposa, a sus hijos y, finalmente, su vida. No quería afrontar sus responsabilidades como hombre y, lo que es peor, culpaba a Linda por ello. Cuando ella se cansó, lo dejó y él nunca se recuperó de la pérdida.

2. Los niños son una bendición. Mario quería niñas y culpó a su esposa por darle hijas cuando, en realidad, no era algo que pudieran controlar. Los niños son una bendición independientemente de su sexo, pero el padre no creía eso.

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En México el Sistema Nacional de Apoyo, Consejo Psicológico e Intervención en Crisis por Teléfono ofrece atención a través del 0155 5259-8121. En Estados Unidos, puede llamar a la Red Nacional de Prevención del Suicidio al 1-888-628-9454. En España, llame al Teléfono contra el Suicidio a través del 911 385 385. Otras líneas internacionales de ayuda al suicida pueden encontrarse en befrienders.org.

Este relato está inspirado en la historia de nuestro lector, pero escrito por un redactor profesional. Todos los nombres se han cambiado para proteger las identidades y garantizar la privacidad. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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