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Vida

12 de octubre de 2021

Papá tira al mendigo viejo al agua helada pero su hijo defiende al pobre hombre - Historia del día

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Tras una acalorada discusión, un hombre malvado arrojó a un pobre hombre al agua helada. Poco después, el karma le alcanzó cuando su hijo le enseñó una valiosa lección.

Bruno Hernández trabajaba en una pequeña finca donde pastoreaba el ganado y cultivaba para mantener a Mario. Su mujer les había abandonado hacía unos años.

Bruno era un hombre dedicado y trabajador que deseaba que el chico siguiera sus pasos. Pero, por desgracia para él, Mario tenía planes distintos a los de su padre. El niño de 10 años soñaba con convertirse en un cantante famoso.

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Sin embargo, necesitaba practicar con regularidad y un entorno adecuado para lograrlo. Solo había un lugar en donde podía conseguirlo: el coro de la iglesia. El grupo era conocido por su generosidad y amabilidad con la gente pobre del pueblo.

Un día, mientras Bruno regresaba de la finca en una tarde invernal, un pobre hombre chocó con él, y todos los granos que Bruno acababa de sacar de la granja cayeron al suelo.

El hombre pobre se asustó y empezó a disculparse enseguida. "Lo siento mucho. No te vi venir".

Pero Bruno perdió la calma. "¿Ah sí? ¿Estás ciego? ¿No puedes ver bien?".

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"Es que..." el hombre comenzó a hablar, pero Bruno lo interrumpió.

"Espera, ¿pensabas robar algo de la granja y huir, pero chocaste conmigo en el proceso?".

"No señor, nada de eso", habló el sujeto. "¡Solo pasaba por aquí y no te vi porque está oscuro!".

"¡Deja de poner excusas!", le gritó Bruno. "Sé que lo hiciste a propósito. Ese es el problema de la gente como tú. Te sientas a mendigar todo el día y no haces ningún trabajo. Tengo curiosidad por saber cómo educas a tus hijos. Me aseguraré de que mi hijo se mantenga alejado de todo lo que tenga que ver con mendigos y escorias como ustedes".

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"Pero señor..." Antes de que el hombre pudiera explicarse, Bruno lo empujó al río junto a la granja. El agua estaba helada y el sujeto gritó que no sabía nadar, pero Bruno hizo oídos sordos. Por suerte, algunas personas se dieron cuenta de la disputa y acudieron a ayudarlo.

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Mientras tanto, Mario había ido a la granja esa noche para contarle a su padre sus planes de entrar en el coro, pero se desanimó cuando escuchó a Bruno lanzando improperios al pobre hombre por nada. "Te odio por esto, papá. De verdad que sí. Me aseguraré de que te arrepientas", prometió Mario.

Al día siguiente, Bruno dejó a Mario en la escuela antes de ir a la finca. Pero Mario no se presentó en la escuela. Se saltó las clases para participar en el coro de la iglesia.

El director del colegio se preocupó cuando lo vio salir por la puerta y llamó a Bruno. "¿Va todo bien en casa? Mario estaba delante de la puerta de la escuela, pero no ha entrado".

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Bruno estaba perplejo."¿Qué? ¡Pero si lo acabo de dejar allá!".

"Quizá esté enfermo, señor Hernández", dijo el director. "Ya sabe que el tiempo es frío estos días. Asegúrese de que está bien".

"Estaba bien por la mañana. Tal vez olvidó algo y se fue a casa. Lo comprobaré y se lo haré saber", contestó Bruno y colgó la llamada.

El padre buscó por todas partes, pero no pudo encontrar a Mario. Fue a la granja, al parque infantil e incluso pidió ayuda a sus amigos, pero nadie sabía dónde estaba.

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Abatido, estuvo a punto de derrumbarse en el suelo cuando recordó algo importante. Mientras desayunaban, Mario estaba hablando del coro de la iglesia y Bruno le había gritado diciéndole que no debía ir allí.

Así que el progenitor se dirigió a la iglesia. Cuando llegó, vio a Mario conversando con un chico joven. "Está bien, puedes tenerlo. Mi padre trabaja en una granja, así que tenemos muchos cada año", dijo Mario.

"¿Pero qué pasa si tu padre se entera de esto? Aquel día arremetió contra mi padre solo porque chocaron por error", dijo el chico.

"No te preocupes por eso. Mi padre no lo sabrá. Aunque lo sepa, no pasa nada. El cura me dio esto porque le gustó mucho mi forma de cantar", dijo Mario mientras le entregaba al joven una bolsa de arroz.

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El pequeño tomó la bolsa y estaba a punto de irse cuando Bruno se acercó a su hijo. "¿Para esto te estoy pagando la escuela? ¿Para que hagas una estúpida obra de caridad y te pongas del lado de los demás? Si no me equivoco, este chico es el hijo del hombre pobre con el que me peleé el otro día, ¿verdad?", le gritó a Mario.

El muchacho miró a Mario, se asustó y salió corriendo, dejando la bolsa en la escalera de la iglesia. El hijo de Bruno lo persiguió para entregárselo, pero su padre lo detuvo. "¡No te acerques a esos asquerosos, Mario! Ya es suficiente".

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En ese momento, Mario perdió la calma. "¿Hablas en serio, papá? No tienes nada de corazón, ¿verdad? Arrojaste a su padre al agua helada porque chocó contigo, ¿y ahora me gritas por ayudar a alguien que lo necesita?

"¿Acaso sabes que me costó mucho convencer a las autoridades de la iglesia para que me dejaran entrar en el coro por tu error? ¡Las personas te odian por lo que hiciste!".

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"¡Bueno, fue su culpa que chocara conmigo! ¡Y quién sabe, podría haber robado la finca!", dijo Bruno.

"¿Y si en realidad no pudo verte, papá? ¡Yo estaba allí ese día! Solo odias a los pobres y a los que no trabajan tanto como tú. Pero sabes que, ¡son mucho mejores que tú! Al menos no le faltan el respeto a los demás ni los miran por encima del hombro", gritó Mario y se sentó en el camión.

Bruno se quedó en silencio. Nunca había esperado que su hijo de 10 años le arremetiera de esa manera. Pero ese día se dio cuenta de lo equivocado que había estado. Volvió tranquilamente a la camioneta y condujo hasta una vieja casa. Resultó ser la casa del hombre con el que se había peleado el día anterior.

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Mario no pudo oír lo que Bruno le decía al pobre hombre, pero le preocupaba que su padre iniciara otra pelea. Miró por la ventana para ver qué pasaba, pero entonces Bruno se acercó de nuevo al camión.

Mario sabía que había una pistola en el coche y temía que su padre hiciera algo terrible por la ira. Pero, para su sorpresa, Bruno sacó una gran bolsa de plástico rellena de cereales y verduras y se la entregó a la familia del hombre pobre.

Mario se sorprendió. "¿Papá? De verdad... Quiero decir...".

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"Lo siento, Mario", dijo Bruno. "Estaba tan preocupado por mis pensamientos y creencias que me olvidé por completo de los sentimientos de los demás".

"Sinceramente, me esforcé porque nunca me tomé en serio mis estudios y no pude encontrar trabajo. No teníamos suficiente dinero antes de que empezara a trabajar en la finca. Como resultado, desprecié la pobreza y todo lo relacionado con ella. Pero ahora veo lo equivocado que estaba. Gracias por hacérmelo ver".

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Mario le abrazó. "Está bien, papá. Me alegro de que te hayas dado cuenta de que estabas equivocado".

Desde ese día, el hijo y el padre se acercaron más que nunca. Bruno también apoyó el sueño de Mario, y lo envió a la ciudad a terminar su educación. Después de finalizar el instituto, el chico se concentró en su carrera musical y se convirtió en un cantante de éxito.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Aprender a ser amables y a ayudar a los demás: Así como Mario ayudó al niño pobre dándole su bolsa de arroz.

Todo el mundo comete errores, pero los sabios se dan cuenta y aprenden de ellos: Por lo que había sucedido en el pasado, Bruno se burló de los pobres, pero se dio cuenta de que estaba equivocado cuando Mario le enseñó una valiosa lección.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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