Historias Inspiradoras

22 de octubre de 2021

Desconocido le dona a mujer moribunda su hígado, y ella luego le da un hijo - Historia del día

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Un hombre se ofreció a donarle parte de su hígado a la profesora de su hijo, sin imaginar que luego ella lo convertiría en padre nuevamente.

Margarita Morris era maestra de una escuela y amaba su trabajo. Su vida era tranquila y mesurada, aunque un poco solitaria.

La profesora y su esposo José Morris habían estado discutiendo sobre la posibilidad de adoptar un hijo, ya que él no podía tener descendencia.

Mujer. | Foto: Pexels

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Lamentablemente, este sueño se derrumbó cuando Margarita fue a despertar a su amado y se dio cuenta de que no tenía signos vitales. José había sufrido un infarto mientras dormía.

Ese día fue el más doloroso de su vida, ya que su esposo era su otra mitad y se habían querido incondicionalmente.

Tras diez años de la partida física de José, Margarita seguía pensando en él. No es que no pudiera seguir adelante; lo había hecho; simplemente no podía soportar la idea de volver a enamorarse después de perder a su marido.

Así que permaneció soltera y se enfocó en su trabajo y en la relación con sus alumnos. Amaba su vida, y los niños eran los que la motivaban a continuar.

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Los chicos la adoraban por su carácter desenfadado y siempre se comportaban bien, porque la respetaban.

Margarita tenía una relación más estrecha con algunos de ellos, y a menudo recibía regalos de sus padres como forma de gratitud por su buen comportamiento.

En el colegio, los alumnos de su clase tenían fama de ser los más educados, y eso era un motivo de orgullo para ella.

Una tarde, después de que sonara el timbre que indicaba que la clase había terminado, Margarita sintió un dolor agudo en el vientre. Cuando se desvaneció, trató de ignorarlo mientras recogía sus cosas para volver a casa, pero volvió a aparecer.

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Mujer con las manos en el abdomen. | Foto: Getty Images

Gritó por segunda vez y se agarró a la mesa para equilibrarse mientras soportaba el dolor. Luego desapareció, como si nunca hubiera empezado.

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"¿Estás bien?", le preguntó un chico al que no había visto antes. Él estaba caminando por el pasillo cuando escuchó su doloroso grito y se asomó para ver qué pasaba.

"Estoy bien", dijo ella. "Gracias".

Margarita sabía que el dolor repentino debía preocuparla, pero no quería ir al médico. "Lo que tenga que ser, será", se dijo a sí misma mientras recorría la corta distancia hasta su casa.

Durante las dos semanas siguientes, Margarita empezó a sentir con más frecuencia un dolor en el abdomen. Cada día estaba más preocupada y su decisión de no ir al médico se debilitaba.

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Un día, estaba en medio de una clase de historia cuando de repente todo se volvió negro. Cuando abrió los ojos, estaba en un hospital. El olor a antiséptico y lejía fue lo que la despertó.

"Así que realmente perdí el conocimiento", dijo mientras una enfermera entraba en su habitación.

"Buenas noches, señorita Morris", saludó alegremente la enfermera.

Mujer acostada en una cama de hospital. | Foto: Pexels

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"Buenos días... Celeste", contestó Margarita después de ver la etiqueta con el nombre de la mujer. "Espero que tenga buenas noticias para mí".

La enfermera parecía un poco triste ante eso, y Margarita ya sabía que no le diría nada positivo.

"Lo siento, señorita Morris, pero me temo que los resultados no son buenos", comenzó Celeste. "Usted tiene un problema con su hígado, que necesita ser reemplazado".

"¿Cómo lo hago?", preguntó tras una pausa. "¿Cuánto tiempo tengo?".

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"Tiene dos meses antes de que las cosas se compliquen, pero la lista de espera es larga, lo que significa que podría tardar más tiempo".

En otras palabras, le quedaban dos meses de vida. Margarita sabía que solo los ricos podían permitirse el lujo de lidiar con la lista de espera. La mujer se quedó ensimismada durante varios minutos, pensando en su vida y en lo mucho que creía que le quedaba por hacer en ella. 

Para cuando se acordó de decir "Gracias, enfermera", Celeste ya se había ido. Las lágrimas de Margarita aparecieron entonces.

Cuando volvió a casa, empezó a recibir cartas y regalos de sus alumnos que la habían visto desmayarse. Querían saber cómo estaba y le transmitieron sus buenos deseos.

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Enfermera. | Foto: Pexels

Los atentos mensajes que recibió la ayudaron a afrontar su enfermedad. Se sintió feliz de haber tocado tantas vidas.

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Una semana después, volvió a su trabajo, dispuesta como siempre a trabajar más y a crear recuerdos con sus alumnos y colegas.

Cuando le preguntaron sobre su estado de salud explicó que el desmayo se había debido a una ola de calor que estaba haciendo en el país. Margarita no estaba dispuesta a que la escuela conociera su situación.

Tuvo que pasar otra semana antes de revelarlo a sus compañeros y otra semana antes de reunir el valor suficiente para explicar su situación a sus alumnos.

Cuando Marcos Peralta, padre de uno de sus alumnos, se enteró de su situación por su hijo, se sintió desconsolado.

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El hijo de Marcos era un niño rebelde y desde que empezó a ver clases con Margarita, su actitud cambió completamente.

Peralta siempre había tenido la intención de visitar a la maestra para mostrarle su gratitud, pero siempre se le olvidaba.

Después de pensarlo muy bien, decidió que iba a ayudar a Margarita donándole parte de su hígado. El hombre fue al hospital a hacerse las pruebas y, tras certificar que estaba sano y era compatible, visitó a Margarita.

Mujer con las manos en el rostro. | Foto: Pexels

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"Hola, soy el padre de Tobías", dijo Marcos cuando la profesora abrió la puerta de su casa.

"¿Sr. Peralta? ¿Qué está haciendo aquí?", preguntó alarmada.

"Me he enterado de sus problemas médicos", dijo. Luego le presentó los resultados de las pruebas que revelaban que su hígado estaba sano y era compatible con el de ella.

La mano de Margarita voló a su boca al leerlo.

"No puedo aceptar esto", tartamudeó. "Su hijo lo necesita".

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"No estoy renunciando a mi vida por la suya, señorita Morris, solo intento ayudar. También estaré aquí para mi hijo", le aseguró.

Sin embargo, Margarita no quiso escuchar y rechazó el gesto tan educadamente como pudo. Marcos tardó un mes en pasar tiempo con ella para convencerla de que lo aceptara.

Las semanas que pasaron juntos fueron memorables para ambos, así que cuando llegó el momento en que Margarita necesitaba urgentemente un hígado, finalmente accedió a aceptar el de Marcos. 

Pareja tomada de las manos. | Foto: Pexels

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En parte lo hizo porque se había encariñado con Marcos y se veía disfrutando aún más de la vida a su lado. Él también compartía los mismos sentimientos; cuanto más tiempo pasaba con ella, más le apasionaba asegurarse de que sobreviviera.

Margarita y Marcos se sometieron a la operación, que transcurrió sin complicaciones. Después de la intervención, ambos intentaron volver a su vida anterior, pero ya era demasiado tarde; ya no podían vivir el uno sin el otro.

Se enamoraron y se casaron, y un año después, Margarita dio a luz al segundo hijo de Marcos, y todos vivieron una vida muy feliz.

¿Qué hemos aprendido de esta historia?

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Los médicos son tus amigos: A Margarita no le gustaban los médicos; los consideraba inútiles desde que no pudieron evitar la muerte de su primer marido. Por suerte, la maestra logró superar su enfermedad y también encontró el amor nuevamente.

Todo tiene un lado positivo: Cuando Margarita sintió por primera vez el dolor en el abdomen, nunca habría imaginado a dónde y a quién le llevaría. El dolor fue abrumador para ella, pero finalmente la llevó a encontrar una segunda oportunidad de amar.

Comparte esta historia con tus amigos y familiares. Puede que les alegre el día y les inspire.

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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