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Pobre anciano nunca dejaba entrar a nadie en su casa, pero un vecino entra tras su muerte - Historia del día

Mayra Pérez
09 nov 2021
13:00
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El Sr. Carlos León tenía muy mala reputación en su vecindario, después de años de ser un solitario. Pero cuando murió, César entró en su casa y descubrió lo que nadie imaginó.

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César creció en un pequeño pueblo, y se mudó a un vecindario mejor después de recibir su certificación en bienes raíces. Era una hermosa zona suburbana con buenas personas. Solo había un inconveniente: el Sr. Carlos León y su casa.

El Sr. León era un hombre mayor que nunca hablaba con nadie y apenas dejaba su hogar para obtener comestibles. La gente no sabía qué pensar en él, y los rumores comenzaron a circular entre los niños.

Fachada de una casa vieja y descuidada. | Foto: Shutterstock

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Una vecina de César, la Sra. Duarte, se entretenía divulgando chismes sobre el Sr. León. Una tarde lo tomó por sorpresa, mientras él arreglaba su jardín.

“Sabes que los niños dicen que es un expresidiario y que no le gusta hablar con la gente. Supuestamente asesinó a alguien. Solo desearía que arreglara esa casa”, le comentó la vecina.

“Un expresidiario no habría podido comprar una casa en este vecindario, Sra. Duarte. Incluso si la casa está en tan deteriorada, la tierra sigue siendo valiosa”, argumentó César, y se concentró en sus plantas.

“Oh cariño. Ese hombre ha estado aquí más tiempo que mi familia. Creo que compró el lote durante la caída del mercado hace años. De todos modos, nunca ha invitado a nadie a entrar ni ha hablado con ninguno de nosotros desde que ha estado aquí. ¿Sabías que él asustó al cartero?”, preguntó la mujer mayor.

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“Él no molesta a nadie. Es solo un solitario. No es gran cosa. Espero que los niños no lo molesten”, dijo César, ignorando los chismes. La Sra. Duarte entendió su rechazo y volvió a su casa.

Días después, César se encontró con el Sr. León en la tienda de comestibles y quiso saludarlo, pero el anciano tenía prisa. Sin embargo, notó que solo compró algunas salchichas y pan barato.

“¡Oh!, el hombre es pobre”, pensó César. “Tal vez por eso no le gusta hablar con sus vecinos”.

Incluso César tuvo que admitir que algunos de sus vecinos eran pretenciosos. Con suerte, mantendrían a sus hijos bajo control y no molestarían al anciano. Mientras tanto, se ocupó de trabajar y se olvidó de su vecino solitario.

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Un anciano tomando víveres en un supermercado. | Foto: Pexels

Pero un día, su jefe le entregó una nueva propiedad para la venta: “Señor Salcedo, esta casa está en mi vecindario”, dijo César, mientras fruncía el ceño tras ver el número. Era la casa del Sr. León.

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“Sí, César. Algún anciano murió, y la propiedad está listada en venta”, respondió el jefe.

“¿Sus hijos la están vendiendo?”, preguntó César.

“No, una firma privada está manejando la venta. El hombre no tenía familia, pero estipuló que la casa debía ser vendida, y los ingresos irían a una caridad. La firma está pagando las reparaciones y la pintura porque está en mal estado. Así que, ¡ponte a trabajar!”, indicó el Sr. Salcedo.

César fue a inspeccionar la casa. Esperaba vender la propiedad con algunos de sus muebles y pertenencias también. Por primera vez, entró en la casa del Sr. León. Estaba sumido en sus pensamientos mientras miraba a su alrededor.

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“Todo lo que una persona posee permanece aquí cuando mueren”, reflexionó. Se sentía un poco extraño dentro de la casa de su vecino, pero ese era su trabajo.

Durante su evaluación, César descubrió un cofre en el dormitorio. Tuvo curiosidad y lo abrió. Contenía un montón de sobres de la Casa Aurora, un conocido orfanato cercano.

Algunas de las cartas eran del Director de la caridad, agradeciéndole por sus donaciones. Otros sobres tenían escritos y dibujos de niños, dando las gracias al anciano por su amabilidad. César decidió llamar al número en el sobre para hablar con el director.

Un hombre termina de colocar un anuncio de venta en una propiedad. | Foto: Pexels

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A través de esa llamada telefónica, César se enteró de que la esposa y los hijos del Sr. León habían fallecido muchos años atrás, y desde entonces, él había estado ayudando al orfanato.

“Sí, el señor León es una de las personas más amables que he conocido. Amaba jugar con los niños y nos daba casi toda su jubilación”, reveló el director.

César no podía creerlo. Todo su vecindario pensaba que el hombre era un asesino, cuando era la mejor persona del mundo. “Voy a cambiar lo que todos dicen sobre él”, concluyó. Terminó de preparar la casa y se llevó algunas cartas con él.

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Se las mostró a la Sra. Duarte, con la idea de que ella se lo comunicara a todos más adelante. La vecina lloró después de leer la carta de un niño que fue adoptado gracias al Sr. León.

“¡No puedo creerlo! ¡Pensamos tan horriblemente de él, y era un santo!”, exclamó la mujer entre lágrimas.

Tal como César imaginó, la Sra. Duarte le contó sobre las cartas a todos en la comunidad, y juntos recaudaron donaciones para el orfanato en honor al Sr. León. También llenaron de flores a su tumba. Se sentían culpables por la forma en que habían hablado de su vecino.

César se alegró de haber descubierto esta información, para que el nombre del Sr. León fuera finalmente limpiado. También se sintió terrible por haber escuchado los rumores. A finales de mes, logró vender la casa a una pareja joven con un bebé.

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Una pequeña caja azul con cerradura. | Foto: Pexels

Cuando sus compradores preguntaron sobre el dueño anterior, dijo: “Fue una de las mejores personas del mundo. Esta comunidad lo recuerda con cariño. Espero que amen esta casa como él lo hizo”.

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No fue la respuesta más honesta, pero eventualmente se convirtió en la verdad porque la comunidad nunca más dijo una mala palabra sobre el Sr. León.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Nunca juzgues a los demás antes de conocerlos. Todo el vecindario asumió lo peor del Sr. León hasta que descubrieron su infinita bondad.

Rectifica tus acciones una vez que te des cuenta de tu mal proceder. Cuando la comunidad descubrió la verdad, ayudaron a la caridad que el Sr. León apoyó, para compensar sus malas acciones.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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