Historias Inspiradoras

24 de noviembre de 2021

Niño va a casa de su abuela por el Día de Acción de Gracias y desaparece al día siguiente - Historia del día

Compartir
FacebookTwitterLinkedInEmail

Publicidad

El niño llega a la granja de su abuela para celebrar el Día de Acción de Gracias, pero de repente desaparece. Toda la familia está conmocionada.

Javier tenía ocho años y había vivido en la ciudad toda su vida. Sus abuelos, tíos y primos siempre viajaban a Miami para celebrar Acción de Gracias, pero este año iba a ser diferente.

Como su abuela cumplía 75 años dos días después de Acción de Gracias, la familia decidió reunirse en su granja. Así celebrarían ese día tan especial y luego la fiesta de cumpleaños.

Niño. | Foto: Unsplash

Publicidad

Javier nunca había estado en una granja, así que sus padres viajaron con él unos días antes y le encantó. El primer día volvió loco a su abuelo haciéndole preguntas y visitando todos los rincones del lugar.

Lo que más le encantó a Javier fueron los animales. Le dio de comer a las gallinas y a los patos y ayudó a su abuela a recoger los huevos, luego alimentaron al cerdo y fue entonces cuando Javier vio el pavo.

"¡WOW!" Javier jadeó. "¡Es el pavo más grande que he visto! ¿Cómo se llama?".

"Bueno, en realidad", dijo la abuela Sandra. "¡No creo que tenga nombre!".

Publicidad

"Tiene que tener un nombre, abuela", dijo con seriedad. 

"Javier, no suelo poner nombres a los animales, cariño, pero ¡adelante!".

El niño miró al pavo y el animal le devolvió la mirada. "¡Bob!", gritó Javier. "¡Parece un Bob!".

"¡Bob es!", manifestó Sandra. "¿Quieres darle a Bob su maíz?".

Huevos. | Foto: Unsplash

Publicidad

Javier tomó un poco de maíz en la mano y se acercó a Bob. A la abuela le preocupaba que el pavo pudiera picotear a Javier y asustarlo, pero Bob se comportó como un perfecto caballero.

"¡Abuela!", gritó Javier. "¡A Bob le gustó! Quizá pueda enseñarle algunos trucos!". La abuela sonrió y negó con la cabeza porque sabía algo que Javier no sabía: Bob estaba destinado a la cena de Acción de Gracias.

Esa noche, alrededor de la mesa, lo único de lo que hablaba Javier era de Bob y de lo listo que era y de lo suavemente que había comido de su mano. "Mamá, papá", gritó Javier. "¡Tienen que conocer a Bob!".

El abuelo de Javier, José, se rio y dijo: "¡No te preocupes, Javier, tu madre y tu padre conocerán a Bob pasado mañana!".

Publicidad

"¿De verdad, abuelo?", preguntó Javier.

"Oh, sí, Bob va a ser el invitado de honor para la cena de Acción de Gracias... ¡Por decirlo de alguna manera!", y José se rio aún más fuerte, dando palmadas en las rodillas.

Javier tenía dudas. "No creo que a la abuela le gusten los animales en la casa", dijo.

El abuelo le guiñó un ojo. "¡Hará una excepción con Bob, te lo prometo, chico!". 

Pavo. | Foto: Unsplash

Publicidad

"¡Cállate, José!", dijo Sandra. "Deja al niño en paz. Ve a jugar con Javier", le ordenó. Pero cuando el chico salía de la cocina, escuchó a sus abuelos conversar.

"¡José, puedes ser desagradable a veces! Has visto que al niño le gusta el pavo, ¡no tienes que ir a decirle que lo vamos a cocinar para Acción de Gracias!".

Un escalofrío de horror recorrió la columna vertebral de Javier. “¿Cocinar a Bob? ¿Para la cena de Acción de Gracias?”, pensó. De repente Javier recordó todos esos grandes pavos asados de color marrón con su delicioso relleno que había comido desde que tenía uso de razón. “¿Van a hacerle eso a Bob?”, se preguntó.

Publicidad

Javier se puso de pie y apretó sus pequeños puños. ¡Nadie va a desplumar, rellenar y cocinar a Bob! ¡Él iba a salvarlo! Así que en cuanto sus padres se durmieron y la casa quedó en silencio, el niño bajó las escaleras.

Atravesó sigilosamente el patio hasta el granero donde dormían las gallinas con la cabeza bajo las alas, y se dirigió directamente al pequeño recinto donde tenían prisionero a Bob.

Cuando Bob vio a Javier, empezó a hacer ruido, pero el chico le hizo callar. "Cállate", le susurró. "¡Esto es una fuga!".

Publicidad

A la mañana siguiente, la abuela Sandra fue la primera en levantarse, puso unas tortitas en la plancha y llamó a Javier para que bajara a desayunar. Para su sorpresa, no hubo respuesta.

Se asomó a su habitación y vio que su cama estaba limpia y ordenada. “¿Dónde podría estar Javier?” "¡Debe estar jugando con esos animales!", se dijo la abuela Sandra. Pero cuando llegó al granero, su nieto no estaba allí... ¡Y Bob había desaparecido!

Niño con la mano en el rostro. | Foto: Pixabay

Publicidad

La abuela despertó inmediatamente a los padres de Javier y a su esposo José. "¡Ese chico tonto se ha escapado con el pavo!", gritó. "¡Ya podría estar a kilómetros de distancia!".

Todos estaban muy preocupados hasta que uno de los amigos del abuelo pasó por allí. "Acabo de ver la cosa más extraña", dijo. "¡Un niño caminando hasta el pueblo con el pavo más grande que jamás hayas visto con una correa!".

"¡Al pueblo!", gritó la madre de Javier. "¡Vamos!".

Cuando llegaron al pueblo encontraron a Javier sentado en la parada del autobús con Bob. Cuando los vio se puso a llorar y abrazó a Bob. "Por favor, abuela", suplicó. "¡Por favor, no cocines a Bob! Es mi amigo. La gente no se come a los amigos".

Publicidad

El pobre chico estaba tan disgustado que la abuela Sandra le prometió que no cocinaría a Bob ni a ningún otro pavo para la cena de Acción de Gracias. "¡Gracias, abuela Sandra!", gritó Javier. "¡De todos modos, el relleno es la mejor parte!".

"¡Me acabas de dar una idea brillante, Javier!", dijo Sandra.

En Acción de Gracias, la abuela sirvió una gigantesca tarta crujiente con forma de pavo, llena de su delicioso relleno y acompañada de salsa de arándanos. 

Publicidad

Algunos miembros de la familia refunfuñaron un poco por esta ruptura de la tradición, pero Javier estaba encantado, y estamos seguros de que Bob, que acabó viviendo muchos años, estaba especialmente agradecido.

Anciana. | Foto: Unsplash

Publicidad

¿Qué podemos aprender de esta historia?

Los niños tienen un corazón bondadoso y siempre están dispuestos a hacer nuevos amigos, ya sean animales o humanos: Javier se hizo amigo de Bob inmediatamente, sin darse cuenta de que estaba destinado a ser la cena.

Donde hay voluntad hay un camino: La abuela Sandra encontró la manera de servir "pavo" para la cena de Acción de Gracias sin sacrificar la vida de Bob.

Comparte esta historia con tus amigos. Puede que les alegre el día y les inspire. 

Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

Publicidad