Abuela pobre no duerme durante una semana por hacerle un vestido de graduación a su nieta huérfana - Historia del día

Mayra
27 nov 2021
00:00
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Una abuela amorosa aunque muy pobre jura que le hará a su nieta huérfana un vestido de graduación tan hermoso como el de cualquiera de las niñas ricas.

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Daniela Mijares tenía 17 años cuando se fue a vivir con su abuela poco después de que sus padres murieran en un accidente. La abuela Ruth vivía en condiciones bastante malas, por lo que la niña tuvo que acostumbrarse rápidamente a una nueva vida.

A pesar de estar luchando por aceptar la muerte de sus padres, la adolescente no sentía que mudarse a un pequeño pueblo en las afueras de una gran ciudad con una extraña fuera lo mejor, pero no tenía otra opción.

Un carro fúnebre traslada un ataud con flores en su superficie. | Foto: Unsplash

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Sus padres habían sido jóvenes y exitosos y se habían dado todo tipo de gustos. Ahorrar para un futuro no era algo que habían tomado en consideración y no habían adquirido un seguro de vida. 

Por si fuera poco, Daniela descubrió que su abuela era relativamente pobre y no podía darle el tipo de vida al que estaba acostumbrada, aunque su casa era bonita y estaba en un buen vecindario.

Cuando la joven llegó a su nueva escuela secundaria, descubrió que todos sus compañeros estaban viviendo la vida que alguna vez fue suya. La abuela Ruth hizo todo lo posible para que Daniela se sintiera como en casa, pero no fue fácil.

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Extrañaba a sus antiguas amigas, y las chicas de la nueva escuela no eran tan amigables. Solo había una persona a la que parecía gustarle Daniela, y ese era Tomás Reyes.

Tom no era un nerd; era alto y guapo, y era la estrella del equipo de fútbol. Empezó a frecuentarla y a veces le invitaba un helado. Sin embargo, Daniela desconfiaba.

¿Qué quería Tom con la chica nueva que a nadie más le gustaba? Aun así, resultó que el joven era una de esas raras criaturas que era guapo, inteligente, popular y ¡AGRADABLE!

Adolescente sentado en las gradas de un estadio con un bate. | Foto: Unsplash

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A Daniela le gustaba mucho, y rápidamente él le hizo saber al resto de los estudiantes de la escuela secundaria que no se debían molestarla. Ella era su amiga y estaba bajo su protección.

Por supuesto, eso hizo que las chicas populares de la escuela, especialmente Kelly Balza, que tenía el ojo puesto en Tom, la odiaran aún más. La gota que derramó el vaso fue cuando invitó a Dani al baile de graduación.

Tan pronto como lo supo, Kelly decidió que Daniela Mijares iba a caer. “¡Oh, Daniela!”, dijo Kelly con su voz más dulce. “¡Escuché que te invitaron al baile de graduación! Entonces, ¿qué vas a ponerte?”

Daniela sonrió nerviosamente. “No he pensado en eso todavía…”

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Kelly les guiñó un ojo a sus amigos. “¿Sabes que hay un premio para el vestido más original y el más horrible?”

“¿En serio?”, preguntó Daniela. “No, no lo sabía…”

Kelly sonrió con maldad. “Sabes, Tom tiene una gran oportunidad de ser el rey del baile de graduación, ¡así que no lo arruines con un vestido aburrido!”

Daniela realmente no había tenido en consideración el tema del vestido, pero ahora era todo en lo que podía pensar. Llegó a casa y abrió su armario. Había escuchado a Kelly y las otras chicas hablar sobre eso y mencionar nombres de diseñadores. No había forma de que ella pudiera competir.

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Chicas conversan en en baño del colegio. | Foto: Pexels

Se sentó en su cama y comenzó a llorar, luego Ruth llamó a la puerta. “¿Dani?”, preguntó. “¿Está bien si entro?”. Dani se limpió la nariz con el dorso de la manga.

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“Sí… pasa, abuela”, respondió. Ruth entró y observó los ojos hinchados de Dani y sus labios temblorosos. “Cariño, ¿quieres hablar de lo que está pasando?”.

“¡No!”, gritó Dani. “¡Sí! No lo sé… No creo que hablar de eso vaya a ayudar. Solo estaré compartiendo la miseria”.

“¿Por qué no me dejas intentarlo?”, preguntó Ruth. “Solía ​​ser bastante buena resolviendo problemas cuando tu papá tenía tu edad”.

“Mira, está este chico, Tomás, y es muy agradable, abuela”, dijo Dani. “¡Me invitó al baile de graduación, y no puedo ir!”

“¿Por qué no puedes ir?”, preguntó Ruth amablemente. “¿Si te gusta y te lo pidió, cuál es el problema?”.

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“¡No tengo nada que ponerme!”, gritó Dani. “¡No como las otras chicas! ¡Todas están comprando vestidos de miles de dólares de los diseñadores de MET Gala, y nada de lo que tengo será suficiente!”.

Ruth escuchó atentamente a su nieta y decidió tomar el asunto en sus propias manos. “Te entiendo”, susurró. “Pero escucha, estoy segura de que a Tom no le importará lo que te pongas. Le gustas como eres, ¿cierto?”

Una abuela besa con amor la frente de su nieta. | Foto: Unsplash

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“Probablemente, será el rey del baile de graduación, y hay un premio al mejor vestido, y…”, sollozó Daniela.

“¿MET Gala?”, dijo Ruth pensativa. “¿Por qué no echamos un vistazo y vemos lo que te gusta?”. Ruth y Daniela pasaron dos agradables horas repasando revistas y comentando sobre diferentes diseños espectaculares.

“¡Te voy a hacer un vestido que dejará boquiabiertas a esas chicas, Daniela!”, afirmó Ruth. “¡Y eso es una promesa!”

“¡Pero abuela, el baile de graduación es en una semana!”, refutó Daniela.

“¡No te preocupes, cariño! ¡Estará listo a tiempo!”, le prometió. Al día siguiente, Ruth fue a la ciudad y compró varios carretes de hilo de crochet del color exacto de los ojos de Daniela.

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Cuando Daniela llegó a casa, Ruth estaba ocupada tejiendo el hilo de crochet en una intrincada red que se superpondría a un forro de satén.

“¡Guau!”, exclamó sorprendida la adolescente. “¡Se ve increíble abuela! ¿De verdad crees que estará listo a tiempo?”

“¡Sí!”, afirmó Ruth. “Ven aquí, creo que se vería espectacular si hiciéramos en las mangas una delicada telaraña con perlas cayendo sobre tus manos”.

“¡Me encanta!”, dijo Daniela. “¡Realmente me gusta!”

Diestras manos de una mujer mayor tejen un vestido. | Foto: Pexels

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Esa noche, Ruth no durmió. Se pasó la noche sentada haciendo el vestido, trabajando en las mangas y en la cola. Luego se sentó en la máquina de coser para armar el forro. Durante la semana siguiente, trabajó día y noche.

El día antes del baile de graduación, Kelly decidió molestar a Daniela. “Hola, ¿ya tienes un vestido?”, preguntó en tono de burla.

Daniela sonrió con orgullo. “¡Sí! ¡Mi abuela me está haciendo uno!”

Kelly y sus amigos se echaron a reír. “¡Dios mío! ¡No puedo esperar a verte esta noche, pequeña huérfana!”

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Cuando Daniela llegó a casa, el vestido estaba listo y era aún más hermoso e inusual de lo que había imaginado. Rodeó a su abuela con los brazos y se echó a llorar. “Gracias, abuela, gracias”, dijo.

Cuando entró al baile de graduación esa noche del brazo de Tom, estaba claro que Daniela era la belleza del baile, y estuvo encantada cuando le otorgaron el premio al vestido más original.

Llegó a casa, radiante y sonriente, y abrazó a su abuela. “¡Oh abuela, todo fue gracias a ti!”, susurró. Ruth se limitó a sonreír. “Haría cualquier cosa por ti, querida mía, y recuerda, ¡a veces la magia del amor es mayor que el poder del dinero!”

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Grupo de adolescentes en un baile. | Foto: Unsplash

¿Qué podemos aprender de esta historia?

La magia del amor es mayor que el poder del dinero. El amor de Ruth por su nieta la inspiró a crear un vestido que eclipsaba a cualquiera de los trajes costosos de las otras chicas.

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No juzgues a las personas por su apariencia, su situación financiera o su ropa. Kelly y sus amigas se burlaron de Daniela porque era pobre, pero ella terminó brillando sobre ellas con luz propia.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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