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Anciano pasa junto a mendiga con bebé a diario: nota que el niño siempre duerme y no se mueve - Historia del día

Georgimar Coronil
05 dic 2021
00:40
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Un anciano se empieza a preocupar cuando ve a una mendiga con un niño que no llora ni se mueve y decide seguirla.

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Supongo que todo empezó porque Bernardo Pereira echaba de menos a sus nietos. Su hijo se había trasladado desde su Miami natal hasta Nueva York. Bernardo le echaba de menos a él, a su encantadora esposa y a sus cuatro nietos.

La esposa de Bernardo había fallecido cuatro años antes, y con su hijo y su familia fuera, se sentía muy solo. Por eso, todas las tardes se acercaba a una cafetería para merendar. Allí fue donde vio a la mendiga por primera vez.

Anciano. | Foto: Unsplash

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La mujer estaba sentada en la acera frente de la cafetería y a su lado, envuelto en una manta, había un bebé de aproximadamente un año.

"Por favor, señor", dijo. "Necesito dinero para comprar comida para mi bebé, señor..."

A Bernardo no le gustaba darle limosna a los mendigos, pero algo en la diminuta forma del bebé que dormitaba junto a la dama le conmovió. Metió la mano en el bolsillo y sacó la cartera. Dudó, y luego puso un billete de 20 dólares en el vaso de lata de la mujer.

"¡Bendito sea, señor, bendito sea!", expresó. Luego tomó rápidamente los 20 dólares y los guardó. Mientras caminaba por la calle, Bernardo podía oír su voz. "¡Por favor, señorita, es para mi bebé! No tengo dinero para comer...".

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Al día siguiente, la mujer estaba de nuevo allí, sentada contra la pared, pronunciando las mismas súplicas de ayuda para alimentar a su hijo. Lo mismo ocurrió los días siguientes, solo que su ropa era diferente.

Lo que nunca cambiaba era el bebé. Siempre yacía a su lado, con los ojos cerrados, la brisa agitando sus suaves rizos rubios, acariciando las mejillas sonrosadas. El bebé estaba tan quieto que Bernardo empezó a pensar que podría ser uno de esos horribles muñecos renacidos de los que había oído hablar.

Así que un día se acercó a la mendiga, le dio otros 20 dólares y se agachó a acariciar la mejilla del bebé dormido. Era un niño de verdad. Se agitó ligeramente al tocarlo y abrió los ojos de color azul.

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A la mujer no le gustó el gesto de Bernardo. "¿Qué haces tocando a mi bebé? ¿Eres un pervertido?". Levantó la voz y empezó a llamar a la gente que pasaba por allí.

Billete de dólar. | Foto: Pexels

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"¡Este viejo está tocando a mi bebé!", gritó. "¡Soy una mujer pobre, pero nadie toca a mi bebé!".

La gente se detenía y miraba a Bernardo con hostilidad y uno de los transeúntes le dio un empujón. "¡Fuera!", expresó enfadada. "¡Aléjate de ese bebé!".

Bernardo se alejó rápidamente y vio que la mujer metió la mano en su bolso y sacó un teléfono iPhone. “¿Una mendiga con un iPhone?”, se preguntó. Bernardo se agachó detrás de una columna y esperó.

Poco después, un elegante vehículo azul oscuro se detuvo y un hombre se bajó de él. Guardó los bolsos de la mujer en la parte trasera mientras ella abrochaba el cinturón del bebé en su asiento. El comportamiento de la mujer era completamente diferente.

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Había algo mal aquí, pensó Bernardo, pero ¿qué podía hacer? Hace veinte años, podría haber enfrentado al hombre y a la mujer, pero ahora... Bernardo sabía que ya no tenía la fuerza ni la resistencia.

Tras una larga noche de insomnio, Bernardo decidió que iba a acudir a la policía. Entró en una de las comisarías y habló con el sargento de guardia sobre sus sospechas.

"Definitivamente, hay algo que no está bien. Ese bebé nunca se mueve y la mujer nunca lo toca". Explicó Bernardo. "Y el bebé no se parece en nada a ella. Tengo la sensación de que algo va mal".

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El sargento llamó al detective, Juan Ríos, que escuchó atentamente la historia de Bernardo. Para su sorpresa, el agente se lo tomó muy en serio. "Estas personas son mendigos profesionales. Un mendigo adulto gana unos 30 dólares al día, con un niño, llegan a los 300 dólares…”

Policía. | Foto: Unsplash

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"Haz las cuentas: eso puede suponer entre 6.000 y 9.000 dólares al mes, sobre todo en ciudades como la nuestra, con gran afluencia de turistas. Un niño, especialmente un bebé, vale mucho dinero en las calles".

"Pero... ¿Explotan a sus propios hijos?", preguntó Bernardo.

"A veces, pero a menudo el bebé es 'alquilado' por sus padres o incluso robado", explicó el detective Ríos. "Así que vamos a echar un vistazo a esta mujer y a su bebé mañana por la mañana, ¿de acuerdo?".

A la mañana siguiente, Bernardo pasó junto a la mujer de camino a su cafetería favorita y observó cómo el detective Ríos y dos policías se acercaban a ella.

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"Señora", dijo el agente. "¿Puedo ver su identificación, por favor?". Mientras la mujer se ponía en pie con dificultad, uno de los agentes de uniforme levantó al bebé.

Lo acunó y dijo: "¡Señor, este bebé no se despierta, creo que le pasa algo!".

El detective Ríos tomó al bebé en brazos con delicadeza y dijo: "Espose a esta mujer y llame a una ambulancia".

Bernardo se adelantó. "Detective", preguntó con ansiedad. "¿Está bien ese bebé?".

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Bebé. | Foto: Unsplash

El detective negó con la cabeza. "No lo sé, a veces estos asquerosos drogan a los niños para que no lloren". En ese momento llegó la ambulancia y Bernardo pidió permiso para acompañar al bebé.

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En el hospital, los médicos se hicieron cargo del bebé, que resultó ser un niño, mientras Bernardo esperaba ansiosamente noticias. El detective llegó y le dijo a Bernardo que el bebé coincidía con la descripción de un niño que había desaparecido y que sus padres estaban de camino.

El médico salió y les dijo a Bernardo y al detective que el bebé estaba bien. Al parecer, los secuestradores habían puesto pastillas para dormir en su fórmula para que estuviera tranquilo. El bebé estaba descansando y pronto volvería a la normalidad.

Cuando llegaron los padres del pequeño, que se llamaba Alejandro, se sintieron abrumados al encontrar a su hijo perdido. Lloraron, dieron las gracias a Bernardo y le invitaron a ser el padrino del bebé.

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Gracias a Bernardo, el niño fue rescatado y devuelto a su familia, mientras que los dos secuestradores estaban destinados a pasar la siguiente década entre rejas.

Familia. | Foto: Unsplash

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Hazle a caso a tu intuición: Bernardo sintió que algo no estaba bien con el bebé y terminó salvando la vida del niño.

Involúcrate: Un minuto de tu tiempo puede salvar una vida. Bernardo se tomó el tiempo de ir a la policía y salvó a un niño.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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