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Papá soltero paga comestibles de anciana pobre: tras su muerte, él recibe un auto de regalo - Historia del día

Diego Rivera Diaz
28 dic 2021
11:40
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Un hombre vio a una mujer mayor en aprietos y supo que debía actuar. Lo que no se imaginaba era la grata sorpresa que recibiría tiempo después por su buena acción.

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"De acuerdo, déjeme devolver unas cosas", dijo la señora, y comenzó a escoger qué pagar. No tenía suficiente dinero para su compra. Víctor la vio devolver los huevos y la leche y decidió intervenir.

"Espere, señora", dijo, y sacó su billetera. Calculó mentalmente cuánto dinero tenía en la cuenta y consideró usar la tarjeta de crédito. Era padre soltero y no le sobraba el dinero, pero no podía dejar a la mujer pasar hambre.

Mujer mayor en caja registradora de supermercado. | Foto: Shutterstock

Mujer mayor en caja registradora de supermercado. | Foto: Shutterstock

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"Ay, no mijo. No hace falta", dijo la señora, pero Víctor insistió. "No se preocupe, señora. No me cuesta nada", mintió Víctor con una sonrisa. La compra de la señora incluía huevos, leche, pan, y un poco de queso barato.

Mientras el cajero pasaba la tarjeta, Víctor pensó en lo terrible que era que una persona mayor no pudiera pagar sus necesidades básicas. Ayudó a la mujer a empacar las compras, y luego las llevó hasta su auto.

"No puedo dejar que haga tanto por mí sin ofrecerle algo a cambio. ¿Por qué no viene a cenar a mi casa?", ofreció la señora.

Víctor miró la compra de la mujer y pensó que no podía comerse lo poco que ella tenía. "Otro día será, señora. Debo recoger a mis hijos de la escuela ”, dijo para excusarse.

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"Perfecto, ¡tráigalos! Me llamo Sofía Hernández. ¡Les encantará!", dijo la mujer. Víctor no supo cómo decirle que no sin parecer grosero, por lo que tuvo que aceptar con una débil sonrisa.

"¿Cómo puedo comer su comida sabiendo que apenas puede pagar sus compras?", pensó mientras iba en camino a la escuela de sus hijos. Víctor se había convertido en padre soltero años atrás, cuando su esposa lo dejó por otro hombre.

Ella tomó el auto de la familia y se fue de la ciudad. Él seguía ahorrando para comprar otro auto, pero era difícil. Cada mes había gastos imprevistos que le impedían alcanzar su objetivo.

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Por suerte, vivían en un pueblo pequeño, donde realmente se podía ir caminando a todas partes. Sin embargo, Víctor realmente necesitaba un auto, pues quería volver a trabajar como carpintero.

Carpintero cargando vehículo de trabajo. | Foto: Shutterstock

Carpintero cargando vehículo de trabajo. | Foto: Shutterstock

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Actualmente, trabajaba en una oficina, pero trabajar en carpintería le daría un ingreso adicional que su familia realmente necesitaba. Sin embargo, tendría que seguir ahorrando unos años antes de poder costear un vehículo de trabajo.

Despejó su mente y sonrió mientras sus hijos, Martha y Andrés, corrían hacia él. Comenzaron a caminar a casa y, cuando llegaron, Víctor había tomado una decisión.

"Niños, quiero que terminen su tarea y se preparen porque vamos a ir a cenar afuera", les dijo. "¿A dónde vamos, papá?", preguntó Martha con una sonrisa.

"¡Vamos a ir a la casa de una linda señora! Ella nos preparará un delicioso banquete", dijo Víctor con emoción. Sus hijos celebraron el anuncio y se fueron a vestir.

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Entretanto, Víctor tomó algunas cosas de la despensa para dárselas a la Sra. Hernández como agradecimiento. También llevaría una botella de vino que había comprado ese día.

A sus hijos les caerían bien tener otro adulto en sus vidas, y la Sra. Hernández tenía pinta de ser una gran cocinera. Al llegar a su casa, vieron que estaba un poco vieja y destartalada, pero estaba limpia y era muy acogedora.

A la señora le encantaba tener niños de visita. A todos les gustó tanto la experiencia que convirtieron la cena en una cita recurrente. Víctor insistía en pagar todos los alimentos después de esa primera vez.

Sabía que debía ahorrar para el auto, pero esto era más importante, pues hacía felices a sus hijos y a la señora. "Vale la pena esperar", se decía Víctor a sí mismo. Con el tiempo, sus hijos llegaron a ver a la señora Hernández como a una abuela.

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Una mujer dibuja con su nieta | Foto: Shutterstock

Una mujer dibuja con su nieta | Foto: Shutterstock

Pero una noche, la hija de la señora Hernández abrió la puerta con mala cara. Víctor se sorprendió al verla y comenzó a presentarse. "¡Mucho gusto! Usted debe ser Cinthia. La señora Hernández me ha...".

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La mujer lo interrumpió antes de que pudiera seguir. "Cállese. No me importa. Dejará a mi madre sola y nunca volverá a esta casa”, espetó, cruzando los brazos y mirándolos con desdén.

"No entiendo", dijo Víctor, abrazando a sus hijos instintivamente mientras daba un paso hacia atrás.

Cinthia se rió sarcásticamente. "¿No entiende? Por favor. ¡Está intentando aprovecharse de una anciana! ¡Ud. está enfermo! ¡Salga de aquí y no vuelva más nunca!", gritó. Los hijos de Víctor estaban aterrados.

La mujer les cerró la puerta en las narices. Víctor intentó visitar a la señora Hernández varias veces esa semana, pero su hija siempre estaba ahí, y amenazó con llamar a la policía. Tuvo que detenerse para evitar problemas.

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Martha y Andrés estaban tristes porque se habían encariñado con Sofía. Víctor hizo todo lo posible por consolarlos, pero la situación lo preocupaba. No entendía el tono de las palabras de Cynthia.

¿A qué se refería con aprovecharse de la señora Hernández? Solo estaban compartiendo cenas, y Víctor pagaba por todo. Estaba muy confundido por eso, pero decidió esperar a que Cynthia desapareciera para indagar.

Por desgracia, Cynthia nunca se fue y Víctor dejó de intentar acercarse. Un mes después, Martha y Andrés recordaron que habían dejado libros en casa de la señora Hernández. Víctor se vio obligado a rogarle a Cynthia que lo dejara entrar a buscar.

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Mujer molesta parada ante puerta abierta. | Foto: Shutterstock

Mujer molesta parada ante puerta abierta. | Foto: Shutterstock

"¡Mi madre está muerta, idiota! Dejó estas cosas en una bolsa. ¡Eso es todo lo que obtendrás de ella! ¡NO VUELVAS A PASAR POR AQUÍ!", exclamó la mujer, furiosa. Arrojó una bolsa negra a Víctor y cerró la puerta.

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No podía creer que la señora Hernández hubiese muerto. Sus ojos se colmaron de lágrimas. Nunca tuvo la oportunidad de despedirse.

"¿Estaba enferma? ¿Pude haber hecho algo? ¿Por qué no noté nada?", se preguntó a sí mismo, intentando buscarle sentido. Fue inútil. Tomó la bolsa y se fue a casa. Lloró en silencio en el camino.

Mientras caminaba, abrió la bolsa y le dio un vistazo. Junto a las cosas de sus hijos había un sobre que no reconoció. En su interior había una carta y una llave.

"Querido Víctor,

Si estás leyendo esto, es probable que yo ya me haya ido. Lo siento mucho. Mi hija apareció de la nada un día. Le hablé de ti y de nuestras cenas y se enfureció.

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Dijo un montón de cosas sobre gente que se aprovechan de las personas mayores. No le creí ni una palabra, pero no pude detenerla. Estaba ahí cuando te gritó a ti y a los niños. Lo siento mucho.

Espero que esto sirva para compensarlos. Les dejo mi viejo auto. No es nuevo ni nada, pero casi nunca lo conduje. Tenía planeado dárselo en Navidad, y ya lo transferí a su nombre".

Sobre con llave de auto. | Foto: Shutterstock

Sobre con llave de auto. | Foto: Shutterstock

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"Todos los papeles están en el auto, que está en el garaje de mi vecina, la Sra. Franco. Ella es muy amable. Le dije que irías por el auto pronto. No sé si funcionará para su negocio, pero puede venderlo o cambiarlo por otro carro.

Tuve que ocultárselo a Cynthia. Ella nunca ha sido buena con el dinero. Sé que regresó para asegurarse de que no le diera a nadie las pocas cosas de valor que tengo. Por si acaso, le dije que vendí el auto hace tiempo.

Sé que usted y su familia pasaron tiempo conmigo por la bondad de su corazón. No sabes lo preciosos que fueron esos momentos para mí. Mil gracias.

Viva una gran vida y dé mi amor a los niños. Debería sentir mucho orgulloso de sí mismo. ¡Está haciendo un trabajo increíble con ellos! Atentamente, Sofía Hernández".

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Víctor estaba llorando al terminar la carta. Nunca hablaron de sus inseguridades como padre soltero, pero ella lo había percibido. Que le dijeran que estaba haciendo un gran trabajo significó mucho para él.

Esa noche le dijo a los niños que Sofía se había ido al cielo. Lloraron a la única abuela que habían conocido. Al día siguiente, Martha dibujó a la familia con la Sra. Hernández, y Víctor decidió enmarcarlo. Nunca se tomaron una foto real.

Días después, recogió el auto en casa de la Sra. Franco. Era perfecto para sus trabajos de carpintería. Le permitió montar un negocio que creció rápidamente.

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Pudo comprar una camioneta nueva, y dejó el auto de la Sra. Hernández a su hijo. Cuando el chico tuvo edad para comenzar a trabajar, se compró su propio auto y dejó el viejo a su hermana. Nadie olvidó jamás aquellas cenas con la Sra. Hernández.

Chevrolet El Camino. | Foto: Shutterstock

Chevrolet El Camino. | Foto: Shutterstock

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¿Qué podemos aprender de esta historia?

Los gestos amables vienen con recompensas inesperadas. La Sra. Hernández recompensó la amabilidad de Víctor con su viejo auto, y además le dio a su familia gratos recuerdos que durarán toda la vida.

Algunas palabras pueden significar mucho. La Sra. Hernández le dijo a Víctor en la carta que estaba haciendo un excelente trabajo como padre soltero, y eso significó más para él que cualquier otra cosa.

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Este relato está inspirado en la historia de un lector y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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